La movilidad eléctrica: industria estratégica alejada del debate político
El 2025 cerró con un balance claramente positivo. A pesar del retraso inicial en la aprobación del Plan MOVES III —que no entró en vigor hasta el 1 de abril, con carácter retroactivo a 1 de enero—, el mercado respondió con fuerza. El interés ciudadano por el vehículo eléctrico se consolidó, impulsado por una oferta sin precedentes: nuevos modelos de múltiples marcas, para diferentes bolsillos, con mayores autonomías, mejores prestaciones y precios cada vez más competitivos.
Los datos hablan por sí solos. El pasado ejercicio se cerró con 254.783 matriculaciones de vehículos electrificados (100% eléctricos e híbridos enchufables), un 91% más que en 2024. En la práctica, uno de cada cinco turismos matriculados en España en 2025 ya contaba con algún tipo de electrificación. Un crecimiento más intenso del previsto, aunque todavía lejos del objetivo marcado por el PNIEC: 5,5 millones de vehículos eléctricos en circulación.
En paralelo, la infraestructura de recarga pública siguió expandiéndose. España alcanzó los 50.000 puntos de recarga operativos, un 10,18% más que el año anterior. Pero el dato más relevante está en la calidad de esa red: los puntos de alta potencia, esenciales para los viajes de media y larga distancia, se duplicaron, con un crecimiento del 106%. Un salto cualitativo que empieza a cambiar la percepción del vehículo eléctrico como opción viable para todo tipo de desplazamientos.
En síntesis, la combinación del MOVES III, la deducción del 15% en el IRPF por la compra de un vehículo eléctrico y la instalación de puntos de recarga, junto con la madurez de la oferta industrial, actuó como catalizador de un mercado en clara aceleración.
2026: el año del punto de inflexión
Tras este impulso, 2026 arranca con expectativas altas y, por primera vez, con una hoja de ruta más coherente. El Gobierno ha puesto sobre la mesa una batería de medidas que, bien ejecutadas, pueden marcar un antes y un después.
La primera es el Plan Auto+, integrado en el Plan Auto 2030, dotado con 400 millones de euros para la adquisición de vehículos eléctricos. Su principal novedad es operativa: será gestionado directamente por la Administración General del Estado, lo que permitirá mayor agilidad y pagos más rápidos a los usuarios. Queda por saber la letra pequeña y es importante que se den señales de transparencia en breve, para no paralizar el mercado.
Otra novedad es su visión como un plan industrial y económico, más allá del ámbito de la agenda verde y la descarbonización. Se presenta como un proyecto país ligado a la competitividad y el empleo, algo incontestable.
La segunda es el Plan MOVES Corredores, con 300 millones de euros destinados a reforzar la infraestructura de recarga en las denominadas “zonas de sombra” de los corredores TEN-T. Un paso imprescindible para garantizar la conectividad eléctrica en los grandes ejes europeos.
A ello se suma la Ley de Movilidad Sostenible, aprobada el 3 de diciembre, que reconoce la recarga eléctrica como infraestructura estratégica, elimina barreras administrativas y apuesta por la simplificación normativa para acelerar el despliegue.
Finalmente, la ampliación del PERTE VEC, con 580 millones de euros adicionales, refuerza el enfoque industrial: fabricación, ensamblaje, innovación y reciclaje de baterías como pilares de competitividad.
Con este contexto, desde AEDIVE estimamos que España podría superar las 300.000 matriculaciones de vehículos electrificados en 2026, especialmente si se activan palancas fiscales y regulatorias coherentes para las flotas de empresa.
España tiene ante sí una oportunidad histórica para desarrollar toda la cadena de valor industrial y tecnológica en la automoción ligada al vehículo eléctrico: desde la fabricación de vehículos y componentes, hasta cargadores, electrónica de potencia, equipamiento eléctrico, gigafactorías y proyectos de segunda vida de baterías. Esto no va de ideologías; va de industria, soberanía tecnológica y empleo.
Los retos que no podemos ignorar
El escenario es prometedor, pero no exento de desafíos. El apagón del pasado 28 de abril puso de manifiesto una realidad incómoda: la red eléctrica debe reforzarse para acompañar la electrificación del transporte y la integración de renovables.
Es imprescindible un marco retributivo estable que incentive la inversión de las distribuidoras y una mayor transparencia sobre la capacidad disponible en los puntos de conexión, para evitar cuellos de botella en la instalación de recarga.
Asimismo, el coste final de la electricidad en España no puede incorporar una serie de recargos e impuestos que encarecen el precio final para los consumidores. Esto sitúa a la electricidad en desventaja frente a otras energías más contaminantes, como el gas natural, convirtiéndose, por tanto, en una barrera para la electrificación y las ganancias de competitividad que ésta conlleva.
Otro reto clave es el vehículo pesado e industrial. La tecnología ya existe, pero faltan estímulos regulatorios, fiscales y, sobre todo, pedagogía. La descarbonización del transporte de mercancías y personas no puede seguir siendo la asignatura pendiente.
Para democratizar la movilidad eléctrica, hay que apostar decididamente por la recarga en corriente alterna en entornos urbanos y periurbanos.
El segmento de vehículos eléctricos de dos ruedas también precisa de palancas que consoliden el mercado. En Europa, este segmento registró una caída del -7,1% en matriculaciones en 2025, con apenas 89.000 unidades registradas en Europa Occidental.
El mercado de las dos ruedas eléctricas está en una fase de transición compleja y los datos de 2025 subrayan que la electrificación, por sí sola, no garantiza crecimiento sin políticas coherentes, inversión en capacidad productiva y estrategia industrial integrada. España aún puede competir, pero la ventana para construir una industria robusta se está reduciendo rápidamente.
Y, por último, si queremos democratizar la movilidad eléctrica, debemos apostar decididamente por la recarga en corriente alterna (AC) en entornos urbanos y periurbanos. Es una solución habitual en muchas ciudades europeas, técnicamente sencilla, más económica para el usuario y rápida de desplegar. Además, es la única alternativa real para quienes no disponen de garaje o plaza de aparcamiento.
La movilidad eléctrica ya no es una opción futura. Es una realidad presente y una apuesta estratégica para España. Ahora la pregunta no es si debemos impulsarla, sino si estamos dispuestos a hacerlo con visión de país y altura de miras.
"La movilidad eléctrica ya no es una opción futura. Es una realidad presente y una apuesta estratégica para España"




























