TECNOLOGÍA
Crecimiento acelerado de los centros de datos en la era de la IA

Cuando la electricidad se convierte en el verdadero cuello de botella

Socomec

07/01/2026
Durante décadas, el diseño de centros de datos ha evolucionado de forma progresiva, siguiendo un patrón relativamente predecible: más servidores, algo más de potencia, una mejora gradual de la eficiencia. Un crecimiento equilibrado que se ha roto de forma abrupta con la irrupción de la inteligencia artificial a gran escala y la consolidación del edge computing como pieza clave de la arquitectura digital moderna.
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La explosión de modelos de IA generativa, el entrenamiento masivo de redes neuronales y la necesidad de procesar datos en tiempo casi real han disparado la demanda de capacidad computacional. Fenómeno que no se traduce únicamente en más racks o más metros cuadrados, sino en una transformación profunda del perfil eléctrico de los centros de datos. Y es que la IA introduce una variable crítica: una densidad energética sin precedentes.

Donde antes un rack típico consumía entre 4 y 8 kW, hoy los despliegues orientados a IA superan con facilidad los 30 kW y, en muchos casos, alcanzan los 50 kW por rack. El motivo es conocido por cualquier ingeniero del sector: GPUs de alto rendimiento trabajando de forma continua, cargas altamente dinámicas y una disipación térmica que exige infraestructuras eléctricas y de refrigeración completamente rediseñadas. Más potencia concentrada implica más calor, mayores picos de consumo y una sensibilidad extrema a cualquier perturbación de la red.

En paralelo, el edge computing añade otra capa de complejidad. Frente a los grandes hyperscale, emergen cientos o miles de nodos distribuidos, ubicados cerca del dato, donde la latencia es crítica y la tolerancia a interrupciones prácticamente nula. Estos entornos, a menudo con espacio y recursos limitados, deben ofrecer niveles de disponibilidad comparables a los de un data center centralizado.

El resultado es una presión sin precedentes sobre la infraestructura eléctrica donde la capacidad de suministro, la calidad de la energía y la continuidad del servicio dejan de ser elementos de soporte para convertirse en factores estratégicos. En este nuevo escenario, el diseño eléctrico ya no acompaña al crecimiento del centro de datos: lo condiciona.

Más densidad exige más continuidad, más redundancia y una escalabilidad real

El incremento de potencia por rack y la criticidad de las cargas asociadas a IA obligan a replantear los principios clásicos de diseño eléctrico. La continuidad del suministro se vuelve esencial, no bastando ya con esquemas redundantes tradicionales: las cargas son más sensibles, más variables y mucho menos tolerantes a microcortes, caídas de tensión o transitorios.

De esta manera, un centro de datos orientado a IA no puede permitirse interrupciones, ni siquiera de milisegundos. Un fallo eléctrico puede traducirse en la pérdida de horas o días de entrenamiento de modelos, con un impacto económico y operativo considerable. En el edge, el problema se agrava: nodos que soportan aplicaciones críticas, procesamiento industrial o servicios de baja latencia deben mantenerse operativos incluso en entornos eléctricos inestables.

A esta exigencia de continuidad se suma la necesidad de escalar rápidamente. Los proveedores cloud y los operadores de centros de datos están desplegando capacidad a un ritmo que desafía los ciclos tradicionales de planificación. Es habitual ver instalaciones que duplican o triplican su potencia instalada en cuestión de meses, impulsadas por nuevos contratos de IA o por la expansión acelerada de servicios digitales.

Un escenario que exige soluciones eléctricas capaces de crecer de forma modular, sin penalizar la eficiencia ni introducir puntos únicos de fallo. La infraestructura debe adaptarse al crecimiento real de la carga, manteniendo márgenes de seguridad y niveles de disponibilidad elevados desde el primer día.

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De 5 a 50 kW por rack: ejemplos que ilustran el cambio de paradigma

Para entender la magnitud del cambio, basta con observar algunos escenarios ya habituales en el sector. Centros de datos diseñados hace pocos años para cargas de 5 a 10 kW por rack se enfrentan ahora a la integración de clusters de IA que demandan cinco veces más potencia en el mismo espacio físico. Esta transición tensiona no solo la distribución eléctrica, sino también los sistemas de protección, respaldo y monitorización.

En estos entornos de alta densidad, las arquitecturas basadas en UPS modulares, como las plataformas MODULYS XM o XL, de Socomec, encajan de forma natural. Su capacidad para añadir potencia de manera incremental permite acompañar el crecimiento del centro de datos sin sobredimensionar desde el inicio. Al mismo tiempo, la modularidad aporta una redundancia intrínseca que mejora la disponibilidad y simplifica las tareas de mantenimiento, un aspecto crítico cuando cada kilovatio alimenta cargas de alto valor.

En el extremo opuesto, los nodos principales o core data centers que concentran grandes volúmenes de procesamiento siguen requiriendo soluciones monolíticas de alta robustez. En estos casos, sistemas como el DELPHYS XM ofrecen una arquitectura pensada para cargas críticas continuas, con una elevada eficiencia y una respuesta dinámica capaz de absorber las fluctuaciones típicas de los entornos de IA sin comprometer la estabilidad.

Por su parte, los edge nodes representan un desafío distinto. Suelen operar en ubicaciones remotas, con redes eléctricas menos fiables y sin personal técnico permanente. Aquí, la calidad de la energía y la capacidad de detectar problemas antes de que provoquen una interrupción marcan la diferencia. Una visibilidad detallada del comportamiento eléctrico se convierte en una herramienta indispensable.

La visibilidad eléctrica como pilar de la eficiencia y la resiliencia

En un contexto de alta densidad energética, gestionar la electricidad a ciegas ya no es una opción. La optimización del consumo, la detección temprana de anomalías y la mejora continua de la eficiencia pasan por disponer de datos precisos y en tiempo real, tanto en corriente alterna como en corriente continua.

Soluciones de monitorización avanzada como DIRIS Digiware permiten obtener esa visibilidad granular que demandan los centros de datos modernos. Medir con precisión dónde, cómo y cuándo se consume la energía facilita decisiones informadas: desde la redistribución de cargas hasta la identificación de pérdidas o ineficiencias que, en entornos de IA, pueden escalar rápidamente en coste y riesgo operativo.

Esta capacidad de análisis resulta especialmente relevante cuando se combinan cargas tradicionales con infraestructuras específicas de IA, donde los perfiles de consumo son más dinámicos y menos predecibles. La monitorización deja de ser un elemento pasivo y se convierte en una herramienta activa de gestión y resiliencia.

La IA transforma la electricidad que sostiene los datos

En definitiva, en la actualidad es evidente cómo la inteligencia artificial está redefiniendo el valor del dato y la forma en que se procesa, pero también está transformando la infraestructura que lo hace posible. El crecimiento acelerado de los centros de datos, la densidad energética extrema y la criticidad de las nuevas cargas sitúan a la electricidad en el centro del debate tecnológico.

Garantizar continuidad, escalar con agilidad y mantener la eficiencia en este entorno exige un enfoque experto de la electrificación. En este escenario, Socomec se posiciona como un aliado clave, aportando soluciones capaces de estabilizar, proteger y acompañar el crecimiento de infraestructuras diseñadas para la era de la IA. Porque, en última instancia, el futuro digital se construye sobre una base eléctrica sólida, inteligente y preparada para lo que viene.

EMPRESAS O ENTIDADES RELACIONADAS
Socomec Ibérica, S.A.U.
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