Francia recomienda limitar el consumo de carne y reducir la importada para “avanzar hacia un sistema alimentario más sostenible”
El Gobierno francés publicó el miércoles 11 de febrero la Estrategia Nacional para la Alimentación, la Nutrición y el Clima, que recomienda limitar el consumo de carne y charcutería, así como reducir la ingesta de productos cárnicos importados, con el objetivo de alcanzar un sistema alimentario más saludable y sostenible de aquí a 2030.
El informe, elaborado por los ministerios de Agricultura, Transición Ecológica y Salud, aconseja moderar especialmente el consumo de carne roja y charcutería, al tiempo que aboga por disminuir la presencia en la dieta de productos cárnicos procedentes de fuera de la Unión Europea.
“Comer mejor significa actuar por el planeta y por nuestra salud”, afirmó la ministra de Transición Ecológica, Monique Barbut, quien defendió que elegir productos locales y sostenibles contribuye a reducir la huella de carbono y a proteger la biodiversidad.
La estrategia integra por primera vez las políticas de nutrición, alimentación y clima, y sitúa la alimentación como un pilar clave para mejorar la salud de la población, reforzar la resiliencia de los sistemas agrícolas y la soberanía alimentaria, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y preservar la biodiversidad.
Según el documento, el 30% de las muertes por enfermedades cardiovasculares están relacionadas con una mala alimentación, mientras que el sistema alimentario representa el 24% de la huella de carbono del consumo total del país. Además, el 16% de la población se ve afectada por inseguridad alimentaria.
El texto amplía recomendaciones nutricionales tradicionales, como el consumo diario de cinco frutas y verduras, y las adapta a los actuales retos sanitarios y medioambientales.
La estrategia fija como meta que todos los ciudadanos puedan acceder a alimentos más saludables, sostenibles y de origen local, al tiempo que se refuerza la soberanía agrícola nacional.
Entre las medidas anunciadas, el Ejecutivo reitera el compromiso de priorizar cadenas de suministro cortas en la restauración pública del Estado y sus instituciones, como las escuelas, así como excluir la compra de alimentos no europeos en estos servicios.
La prevención constituye uno de los ejes centrales del plan, al considerar la alimentación, la actividad física y la lucha contra el sedentarismo como herramientas clave para reducir enfermedades crónicas y mejorar de forma duradera la salud de la población.






























