El consumo responsable en Cataluña apenas alcanza el 5% pese a la creciente sensibilidad social
El consumo responsable sigue siendo minoritario en Cataluña y no supera el 5%, según el Estudio Marcas con Valores 2026, que detecta una creciente desafección hacia las marcas y una pérdida de coherencia entre valores declarados y decisiones reales de compra.
El consumo responsable en Cataluña continúa siendo residual. Así lo constata el Estudio ‘Marcas con Valores 2026: Sentido de futuro’, elaborado por la consultora 21gramos, que sitúa en apenas el 5% el porcentaje de ciudadanos cuyo comportamiento de compra es coherente de forma habitual con criterios sociales y medioambientales.
El informe, presentado en Madrid y basado en la participación de cerca de 1.400 ciudadanos y más de 300 expertos, analiza desde 2015 la evolución del consumo en España y su relación con el contexto social, económico y generacional. Sus conclusiones apuntan a un aumento de la desconfianza hacia las marcas, hasta niveles similares a los registrados durante la pandemia, un fenómeno que el estudio denomina ‘Efecto 20-26’.
En el ámbito de la alimentación, este contexto se traduce en una creciente tensión entre intención y comportamiento. Aunque una parte significativa de los consumidores afirma buscar productos más sostenibles y éticos, la presión del precio y la pérdida de poder adquisitivo condicionan de forma decisiva la compra final. En Cataluña, el 40% de los ciudadanos declara intentar adquirir productos más responsables, pero solo una minoría consolida este compromiso de forma constante.
El estudio identifica tres perfiles de consumidores según su coherencia en el consumo: consecuentes, conscientes y reticentes. Estos últimos, que no consideran el impacto social o ambiental en sus decisiones de compra, alcanzan en 2026 su máximo histórico, con un 25% tanto a nivel nacional como en Cataluña. Esta evolución refleja un cansancio creciente ante los mensajes de sostenibilidad y una percepción de falta de incentivos claros para consumir de forma responsable.
En un contexto inflacionista, el binomio calidad-precio se impone como principal criterio de elección, también en alimentación. El 62% de los catalanes se siente especialmente decepcionado cuando paga más por un producto que no cumple las expectativas de calidad, frente a un menor rechazo cuando descubre que un alimento supuestamente ético o sostenible no lo es. Aun así, la mayoría de los consumidores asume que los productos muy baratos suelen estar asociados a condiciones socioambientales menos responsables.
La relación emocional con las marcas sigue pesando en la decisión de compra. Más de la mitad de los catalanes reconoce que puede perdonar a una marca un impacto negativo si existe una fuerte afinidad, lo que relativiza criterios éticos o ambientales incluso en productos de consumo cotidiano. Además, solo el 6% afirma comprar marcas que demuestran con hechos verificables sus iniciativas sociales o medioambientales.
Pese a este escenario, el informe detecta señales de oportunidad para el sector alimentario. Casi ocho de cada diez catalanes siguen valorando positivamente a quienes tienen en cuenta el impacto de sus decisiones de compra y avanzan hacia hábitos más coherentes. Asimismo, el 74% estaría dispuesto a escuchar a las marcas si estas comunican de forma clara y transparente, una demanda clave para recuperar la confianza.




























