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“Cuando hablo de crisis con empresas que se lanzaron al exterior hace tiempo, me preguntan: ¿Qué crisis? ¿En qué país?”

Entrevista a Víctor Alves, director de las asociaciones Amec Afespan, Amec Aefemac y Amec Alimentec

Javier García16/03/2012

16 de marzo de 2012

Víctor Alves lleva tres años como director de Amec Afespan, Amec Aefemac y Amec Alimentec, asociaciones nacionales que apoyan desde hace más de cuatro décadas a los fabricantes de maquinaria de los sectores de la panadería y la pastelería, y los del sector cárnico, así como a los fabricantes de equipos, tecnología, ingredientes y servicios para la industria alimentaria, respectivamente. En total, se trata de más de 100 empresas, que Alves intenta visitar todos los años; una vida ajetreada que le permite conocer de primera mano las virtudes y defectos, las inquietudes y necesidades de estas industrias en nuestro país.
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Usted es director de Amec Afespan, Amec Aefemac y Amec Alimentec, ¿cómo han cerrado el año estos sectores?

2011 ha sido un año de transición, de expectativas y de dudas, sobre todo por la situación financiera, por la restricción de crédito, por los problemas en el cobro de facturas pendientes y por la bajada en los pedidos principalmente en el ámbito nacional.

Malas sensaciones…

La información que recibo de las empresas es bastante dispar. Es muy temprano y no he podido hablar con todas todavía, pero yo diría que, en general, han cerrado el año en positivo. Para muchas de ellas, 2011 ha sido mejor año que 2010 y que 2009.

Buenos resultados, entonces.

Hay que ir con cautela. La mejoría de resultados no es muy significativa. Quiero recordar que en 2006 y 2007 se presentaron unos picos de facturación extraordinarios. Muchas de las empresas con 40 ó 50 años de historia presentaron esos años récords de facturación.

“Hace seis años vivíamos en un boom de optimismo que descansaba sobre una burbuja”

¿Qué ocurrió esos años?

Bueno, la coyuntura era favorable, no había restricción de crédito, y se cerraban muchos pedidos tanto nacionales como internacionales. Vivíamos en un boom de optimismo que descansaba sobre una burbuja.

Y todo lo que sube, baja.

Claro, cuando ya estás en la cúspide del Everest no tienes nada por subir, sólo te queda bajar.

Si no tenemos en cuenta este boom, ¿están estos sectores en cifras razonables?

No, yo creo que todavía no. No me atrevo a dar cifras ni porcentajes, pero no estamos en el punto de equilibrio ideal.

¿Y qué subsectores capean mejor la situación?

El sector de Amec Afespan, que agrupa la maquinaria para panadería, pastelería y empresas afines, cuenta con empresas maduras con un nivel tecnológico también maduro y un grado de innovación bajo. Eso trae como consecuencia que sus aumentos de ventas sean pequeños. Por su parte, el sector cárnico, que suministra productos para fabricantes nacionales e internacionales, es una industria potente que tiene una estabilidad mayor que el sector de Amec Afespan.

¿Y los fabricantes de maquinaria para la industria alimentaria en general?

Esta industria, sin duda, es la más estable y competitiva. Se dirige a varios subsectores como los del aceite, el chocolate, el vino, los quesos, la leche, las frutas, las verduras, los ingredientes y los aditivos, entre otros. Todos ellos, en mayor o menor grado, son sectores innovadores, con empresas, en muchos casos, jóvenes que no tienen esa resistencia a la innovación de otro tipo de compañías y se arriesgan al desarrollo de nuevos productos con mejor entrada en mercados internacionales.

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“Si una empresa no encuentra financiación, trata de cobrar a sus clientes para que la rueda siga girando. Si no puede cobrar porque la realidad de éstos es similar a la suya, pues entra en una situación muy delicada”

Explica que intenta visitar a lo largo del año a todas las empresas asociadas. ¿Qué tipo de problemas las asfixian? ¿Cuál es la queja más recurrente entre sus asociados?

La falta de financiación es un problema muy grave. Incluso a empresas con avales, con activos fijos, con récord crediticios más que solventes les resulta muy difícil lograr financiaciones básicas. Pondré un ejemplo real: una empresa con pedidos cerrados superiores a los 100 millones de euros tuvo que cerrar porque no encontraba quién le financiara la compra de los materiales necesarios para la fabricación de los productos de los pedidos.

¿Qué más?

Problemas de cobro. En realidad, es una cadena: si una empresa no encuentra financiación, trata de cobrar a sus clientes lo antes posible para que la rueda siga girando. Si no puede cobrar porque la realidad de éstos es similar a la suya, pues entra en una situación muy delicada.

Suficiente para preocuparse.

Sí, y hay que añadir un tercer problema. Un gran número de empresas se ha visto beneficiado a lo largo de los años por un mercado nacional saludable, envidiable y apetecible para cualquiera. En la actualidad, este mercado nacional está muy estancado, y todas estas compañías se han visto obligadas a abrirse al exterior para sobrevivir. Muchas de ellas ni tan siquiera tenían un departamento de exportación o alguien que hablara otro idioma que no fuera el castellano. Éstas han tenido que apresurarse estos dos últimos años para vender en el extranjero, y esto no se hace de buenas a primeras: hay que sembrar para después recoger.

Quizá no se supo ver las orejas al lobo a tiempo…

Cuando llevas quince años ininterrumpidos creciendo sin parar es difícil preverlo. Sin embargo, muchas otras compañías se lanzaron al exterior hace mucho tiempo y cuando les hablo de la crisis me preguntan: ¿Qué crisis? ¿En qué país?

Habla de tres grandes problemas. ¿Cómo apoyan las asociaciones que dirige a sus asociados en este sentido?

En su tiempo, formamos parte de la Plataforma contra la Morosidad, junto a varios partidos políticos, intentando que la Administración Pública por ley no “excediera” de un plazo determinado para el pago de sus proveedores, que en el fondo son pequeñas pymes. La intención es buena, pero es un círculo vicioso: una empresa puede tener problemas de pago porque a su vez tiene clientes que no le pagan. Además, tampoco puede pedir un crédito porque ya no se conceden.

Y nos encontramos de nuevo con el segundo problema

Sí, la financiación… y en un contexto en que los bancos sufren todavía el batacazo del ladrillo. Hemos llegado a acuerdos con el Cesce (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación), líneas de ICO y con la banca privada, para intentar sensibilizarlos y procurar así abrir líneas de financiación de alguna u otra manera. También trabajamos con el gobierno de alguna comunidad autónoma para que presten dinero a las empresas del sector que puedan necesitarlo.dan necesitarlo.

“España ofrece productos robustos, con valor añadido y a un precio interesante. Nuestras compañías exportan en torno al 60% de su producción”

¿En qué medida apoyan a sus asociados a abrirse al exterior, a exportar su producto?

Contamos con un servicio de iniciación a la exportación (Siex) para apoyar a aquellas empresas a las que hacía mención antes, las que no disponen de un departamento específico para estos menesteres. Informamos, canalizamos y acompañamos en todo este proceso de internacionalización.

¿Y en cuanto a aspectos como la innovación?

Para generar competitividad —ya no sólo nacional, porque el mundo es muy global y nuestros competidores no son nacionales— tenemos que contar con herramientas claras que permitan a las empresas crear nuevos productos que tengan las prestaciones y la robustez necesarios, con un precio aceptable para los clientes internacionales. Muchas empresas españolas compiten con verdaderos monstruos de la innovación como Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia o Japón.

¿De qué manera ayudan en este aspecto las asociaciones?

Contamos con un departamento específico que ayuda a las empresas a encontrar las vías de financiación para desarrollar nuevos productos. Además, estamos creando grupos de innovación a través de la Asociación de Empresas Innovadoras, con la que creamos proyectos para dar soluciones a problemas comunes.

¿Entonces cree que nuestras empresas son verdaderamente competitivas en el exterior?

Sin duda. Ofrecemos productos robustos, con valor añadido y a un precio interesante. Nuestras compañías exportan en torno al 60% de su producción.

Significativo.

Sí, sin embargo, aun siendo muy competitivos, nos falta como país poner sobre la palestra nuestro nivel de innovación.

“Muchos empresarios españoles venden por debajo de su umbral de rentabilidad, es decir, pierden dinero, sólo por ganar un proyecto a un competidor. Y éste no es el camino”

¿No nos lo creemos?

No. El año pasado estuve en 13 países, y en todos ellos hice la misma pregunta: ¿Qué opinan de la maquinaria alemana? La respuesta fue la previsible: buena maquinaria, fiabilidad, robustez y demás.

¿Y no es así?

Sí, en algunos casos, pero conozco también muchos fabricantes alemanes con equipos muy deficientes. Alemania lleva 50 años haciendo una importante campaña de marketing de su Made in Germany, de su sello de calidad.

Eso es lo que nos falta a nosotros…

Sí. Se trabaja mucho en ello desde la Administración Pública y desde el Icex, pero es un proceso lento, una gota malaya. Otra forma, sin duda, es el boca oreja, es decir, que un cliente internacional recomiende un equipo español porque no le ha dado ningún problema en años y porque ha contado con un buen servicio postventa desde el principio. Cada vez somos más y mejor reconocidos.

¿Podemos extenderlo a todo tipo de compañías?

Muchas de nuestras empresas salen con la cabeza alta porque tienen un producto con un gran valor tecnológico. Gran parte de ellas gozan del reconocimiento internacional e incluso cuentan con patentes mundiales. Pero también tenemos un perfil de compañías que ofrecen un producto robusto, de buena calidad, pero fácil de replicar, de copiar por otros países.

Afirma que el 60% de lo que producen nuestras empresas viaja al exterior. ¿A qué países?

Hasta el tercer trimestre de 2011, y por este orden, los principales mercados fueron Portugal, Estados Unidos, República Checa, Filipinas, México, Francia, Rusia, Venezuela, Brasil y Reino Unido.

“Al español, en general, le cuesta asociarse, unirse para sobrevivir, pero creo que la necesidad obligará a ello”

Muchos sectores industriales en nuestro país ven en la asociación, en la cooperación entre empresas para proyectos determinados, una forma de subsistir en el mercado. ¿Cree que puede ser ésta una oportunidad para los fabricantes de maquinaria para la industria alimentaria?

Al español, en general, le cuesta llevar a cabo este tipo de acciones, pero creo que la necesidad obligará a ello. En esta guerra, muchos empresarios españoles llegan a límites insospechados: vender por debajo de su umbral de rentabilidad, es decir, perder dinero, sólo por ganar un proyecto a un competidor. Y éste no es el camino. Algo que suelo advertir con frecuencia a las empresas asociadas es que su competencia no es la empresa vecina.

¿Cuál es entonces?

El italiano, el alemán o el polaco. Por eso les digo que deben unirse o el competidor extranjero acabará ganándoles la batalla.

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Asegura que la innovación en estos sectores es una prioridad. ¿Cree que se invierte lo suficiente en I+D?

No, no se invierte lo suficiente; se invierte lo que se puede. Las administraciones se han volcado en ayudar en este sentido, quizá en detrimento de la internacionalización. Si innovamos, aseguramos empresas a futuro. Si nos internacionalizamos sin innovación, las empresas tienen una durabilidad a medio plazo.

¿Qué le pide un productor a su proveedor de maquinaria?

Nuevas prestaciones, y por tanto, innovación, a un precio adecuado, con unos materiales certificados y un diseño higiénico que evite que el equipo precise de mucha limpieza, un servicio postventa inmediato y, sobre todo, que la máquina sea segura.

Dada la actual situación de crisis, ¿se ha visto favorecido el mercado de segunda mano? ¿En qué medida?

El cliente intenta alargar la inversión en ese activo físico, en ese equipo todo lo que puede. ¿Por qué? Por la crisis, obviamente, y por la incertidumbre, por el temor al qué va a pasar. Así que muchos empresarios prefieren arreglar lo que tienen antes de incorporar un nuevo equipo.

¿Y a la hora de incorporar una nueva máquina se piensa en una de segunda mano?

No es lo común. El escaso mercado de segunda mano se reduce a la exportación. Vendemos nuestros equipos viejos a países con un nivel tecnológico inferior.

¿Cómo evolucionará el sector en este 2012 que se inicia?

Hay mucha incertidumbre. Todos coinciden en pensar que lo peor está por llegar. En 2008 y 2009, muchos creían que iba a ser una crisis de un mes. Ahora se asume que nos encontramos ante una crisis estructural que nos obliga a ser más creativos en la generación de nuevos productos, en la reducción de la estructura de costes y en ser más competitivos en un mercado global.

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