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Un estudio practicado en animales revela que los tumores se desarrollan antes en aquellos que toman aceite de maíz

"El aceite de oliva frena el desarrollo del cáncer"

Redacción Interempresas02/12/2008

2 de diciembre de 2008

Las investigaciones revelan que los tumores salen antes y son más grandes y además hay más animales afectados en los que toman grandes cantidades de aceite de maíz, a diferencia de los animales que han tomado aceite de oliva cuyos tumores son más benignos. Las conclusiones de este trabajo, desarrollado por un grupo de investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) que coordina el profesor Eduard Escrich, fueron expuestas en el II Congreso Internacional sobre Aceite de Oliva y Salud, celebrado en Córdoba y Jaén el pasado mes de noviembre.

Las evidencias científicas que han mostrado los estudios en vivo que desarrolla el Grupo Multidisciplinario para el Estudio del Cáncer de Mama de la UAB indican que el aceite de maíz es una grasa perjudicial si se consume en exceso, mientras que el de oliva es beneficioso si se toma con moderación, según afirma el coordinador del Grupo, Eduard Escrich. Este equipo de la UAB realiza su labor investigadora con un modelo de cáncer de mama experimental estudiando los efectos que producen en los animales el consumo de dos tipos de grasas: el aceite de maíz y el de oliva. Los estudios abarcan tres enfoques: el clínico, el morfológico, y por último, el estudio de los mecanismos moleculares. Unas investigaciones que han puesto de manifiesto el efecto protector del aceite de oliva frente al cáncer.

“Llevamos 16 series experimentales realizadas y con los aceite de semillas siempre ocurre lo mismo. A los animales que están tomando grandes cantidades de aceite de maíz los tumores les salen antes; hay más animales con cáncer de mama; hay más número de tumores por animal; y los tumores son más grandes. Es decir, la carcinogénesis es muy importante en los animales que toman aceite de maíz en exceso”, explica el profesor de Biología Celular, Fisiología e Inmunología. No obstante, Escrich subraya que el aceite de maíz no provoca el cáncer sino que actúa más en la promoción de ese cáncer, acelerando el curso clínico de la enfermedad.

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El estudio elaborado por la UAB revela que la grasa del aceite de oliva es menos perjudicial que las grasas de aceites de semilla. Foto:Stephanie Berghaeuser.

¿Y qué ocurre con el aceite de oliva?

“Clínicamente queda muy claro su efecto saludable: algo tiene el aceite de oliva que a pesar de suministrarse en gran cantidad contrarresta el efecto negativo que pueda tener, como grasa que es”, apunta el investigador. “La grasa aporta la energía que es el combustible que necesita la célula tumoral o cancerosa, de ahí que, en principio, cualquier grasa puede ser perjudicial. Pero algo tiene el aceite de oliva que contrarresta ese posible efecto perjudicial: los mecanismos específicos que nosotros analizamos con los estudios morfológicos y moleculares”.

De hecho, los estudios experimentales morfológicos, esto es, los que analizan en el microscopio el aspecto del tumor, han desvelado que los tumores originados en los animales que han tomado aceite de oliva son más benignos, que los tumores de los animales que han tomado aceite de maíz. Un nuevo punto a favor del aceite de oliva. Además, el profesor indica que existen datos moleculares que apoyan los efectos saludables del aceite de oliva en relación al cáncer.

Estudios desvelan que los tumores originados en los animales que han tomado aceite de oliva son más benignos, que los tumores de los animales que han tomado aceite de maíz

Hasta la fecha, los experimentos desarrollados nunca han demostrado que el aceite de oliva tenga capacidad para revertir un tumor que ya existe. “Pero sí podemos contribuir a la lucha contra el tumor porque nuestros resultados indican que frena el crecimiento de ese tumor y la evolución de la enfermedad, aunque no podemos clasificar al aceite de oliva como un fármaco”.

Aceite de oliva y cocina

Respecto a los hábitos alimentarios, el investigador ha señalado que actualmente la grasa que más consumen los humanos es de origen animal. Pero por otra parte, “la grasa de aceite de semillas, como es más barata, se está utilizando mucho en la cocina, desplazando a otros tipos de aceite como el de oliva”. Sin embargo, el aceite de oliva es el que se mantiene más estable, aguanta más la temperatura y se altera menos (las alteraciones son problemáticas para la salud) al ser utilizado en la cocina. Por eso a Eduard Escrich le resulta incomprensible la situación actual en las cocinas de los establecimientos públicos: “Es un tema de salud pública y alguien debería hacer entender a los restaurantes que no se deberían utilizar tipos de aceites como el de girasol que pueden ser perjudiciales para la salud”.

Pero el efecto protector del aceite de oliva frente al cáncer también está presente en el aceite en crudo por dos motivos: por el ácido oleico que contiene, un ácido graso que se comporta de manera saludable en su interacción con las células; y por los componentes minoritarios exclusivos del aceite de oliva virgen extra, como los antioxidantes o el escualeno, muy beneficiosos para muchos más aspectos de la salud. Por eso, el hecho de administrarlo de manera regular podría tener efectos beneficiosos.

“Mi recomendación dietética sería moderar el consumo en general de grasas disminuyendo las grasas animales y las grasas poliinsaturadas omega 6 (éstas últimas presentes en los aceites de semillas), e incrementando, sin sobrepasar la cantidad adecuada, las del aceite de oliva y las de omega 3 presentes en el pescado azul y sus aceites. El consumidor debe tomar aceite de oliva desde edades tempranas y adquirirlo como un hábito dietético saludable, pero con moderación”, recomienda este científico.

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La recomendación de los científicos es utilizar siempre aceite de oliva, frente a otros aceites de origen vegetal. Foto: Ramón Gonzalez.

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