Casos clínicos: tras las huellas del agente culpable
Cristina Baselga Julián
Servicio Técnico Veterinario de Rumiantes de Exopol
22/10/2026
Cuando aparece una enfermedad en una granja, lo primero que debemos hacer es investigar. Muchas veces existe la tentación de buscar soluciones rápidas o aplicar tratamientos inmediatos, pero sin conocer realmente qué está ocurriendo corremos el riesgo de equivocarnos.
Por eso siempre insisto en que el ganadero debe apoyarse en su veterinario de explotación. Ambos forman el primer equipo de investigación y son quienes deben comenzar a recopilar todas las pruebas y pistas necesarias para entender el problema.
La primera herramienta es una buena anamnesis. Necesitamos conocer la morbilidad y mortalidad del proceso, los síntomas observados, las lesiones presentes y cualquier factor predisponente que pueda haber favorecido la aparición de la enfermedad. También resulta imprescindible revisar el historial sanitario de la explotación: programas vacunales, diagnósticos previos, tratamientos realizados y resultados obtenidos anteriormente.
Una vez recopilada toda esta información llega el momento de tomar muestras. Para que los resultados sean realmente representativos debemos analizar varios animales afectados, seleccionar preferentemente animales en fases iniciales de la enfermedad y evitar, siempre que sea posible, aquellos que ya hayan recibido tratamientos antibióticos. Además, cuando trabajamos con órganos o tejidos, es fundamental que procedan de animales recién muertos o sacrificados específicamente para el diagnóstico.
El laboratorio permite identificar a los verdaderos culpables
Las herramientas diagnósticas disponibles actualmente nos permiten avanzar mucho más allá de la simple observación clínica.
La PCR en tiempo real constituye una de las técnicas moleculares más utilizadas porque permite detectar material genético específico de los patógenos y, además, ofrece información semicuantitativa sobre su presencia mediante los valores Cq. Esto resulta especialmente útil cuando participan varios agentes en un mismo proceso patológico.
La microbiología continúa siendo igualmente fundamental. El cultivo bacteriano permite aislar los microorganismos implicados y realizar posteriormente pruebas complementarias como los antibiogramas o las determinaciones de concentración mínima inhibitoria (CMI), imprescindibles para seleccionar los tratamientos más adecuados en procesos de origen bacteriano.
También disponemos de técnicas como la histopatología, que aporta información sobre las lesiones microscópicas presentes en los tejidos, o la serología, que nos permite evaluar la exposición previa frente a determinados agentes infecciosos.
Sin embargo, ninguna técnica por sí sola ofrece todas las respuestas. El verdadero diagnóstico se completa cuando somos capaces de integrar la información obtenida en la explotación con los resultados laboratoriales. Solo entonces podemos establecer un diagnóstico etiológico fiable y diseñar una estrategia eficaz de control.
Caso clínico 1: cuando una mamitis tiene varios protagonistas
Uno de los casos que analizamos correspondía a una explotación de ovino lechero positiva a agalaxia contagiosa. El problema surgió con la aparición de un brote de mamitis clínicas agudas en el último lote de parición, acompañado además de recuentos elevados de células somáticas y una bacteriología persistentemente alta en tanque.
A pesar de que el programa sanitario incluía la vacunación frente a Mycoplasmopsis agalactiae y Staphylococcus aureus, los problemas persistían. Por ello realizamos un estudio completo mediante PCR y microbiología sobre muestras individuales de leche y sobre leche de tanque.
Los resultados mostraron circulación activa de Mycoplasmopsis agalactiae, positividad frente a Maedi-Visna y, sobre todo, una presencia predominante de Staphylococcus haemolyticus en las mamitis clínicas analizadas. El antibiograma reveló además una elevada sensibilidad del microorganismo frente a los antibióticos testados.
Con toda esta información concluimos que el brote estaba siendo provocado principalmente por Staphylococcus haemolyticus, mientras que la circulación simultánea de otros agentes contribuía a mantener una situación sanitaria compleja. Las recomendaciones incluyeron reforzar la higiene durante el ordeño, revisar el protocolo vacunal frente a agalaxia contagiosa e incorporar una autovacuna específica frente a Staphylococcus haemolyticus.
Con las medidas implantadas en el plan sanitario se logró controlar el brote clínico y eliminar la circulación de micoplasma ya que los siguientes análisis del tanque fueron negativos. Sin embargo, persistían elevados recuentos celulares y bacteriológicos debido a la presencia de animales portadores subclínicos. La solución definitiva pasó por identificar y eliminar estas ovejas que se habían recuperado de la enfermedad y actuaban como reservorio permanente de infección en el rebaño.
Caso clínico 2: una salmonelosis oculta tras un brote de diarreas
El segundo caso se produjo en una gran explotación de ovino de leche donde aparecieron diarreas muy graves en corderos durante las primeras semanas de vida. La enfermedad se transmitía con rapidez y provocaba una mortalidad elevada.
La investigación inicial permitió detectar un importante problema de manejo: la ausencia de una limpieza adecuada y de vacío sanitario entre lotes en las salas de nodrizas. Esta situación generaba unas condiciones muy favorables para la persistencia y transmisión de agentes infecciosos.
Los análisis laboratoriales revelaron la presencia de Clostridium perfringens tipo A, cepas patógenas de Escherichia coli y crecimiento microbiológico de Salmonella. Aunque varios microorganismos participaban en el cuadro clínico, la sintomatología observada apuntaba a que la salmonelosis constituía el problema principal.
La situación se complicaba por la elevada resistencia antimicrobiana observada tanto en E. coli como en Salmonella, lo que reducía considerablemente las opciones terapéuticas disponibles.
La investigación epidemiológica permitió localizar el origen del problema en el agua de bebida, que estaba contaminada con Salmonella enterica serotipo typhimurium. Una vez identificada la fuente de infección se procedió a corregirla y se diseñó una autovacuna específica frente al microorganismo aislado.
Los resultados no fueron inmediatos, pero sí progresivos. Durante los años siguientes se mantuvo la vacunación y se reforzaron las medidas de bioseguridad. La morbilidad y la mortalidad disminuyeron progresivamente hasta conseguir finalmente la negativización de los diagnósticos de salmonela y la estabilización sanitaria del rebaño.
Este caso demuestra claramente que la vacunación no actúa como una solución instantánea. Forma parte de una estrategia de control que requiere continuidad, seguimiento y constancia para alcanzar resultados duraderos.
Caso clínico 3: dos enfermedades ocultas detrás de unos abscesos
El tercer caso correspondía a una explotación de ovino Lacaune que había incorporado recientemente un lote de corderas de reposición. Poco después comenzaron a aparecer abscesos subcutáneos tanto en las nuevas incorporaciones como en animales del propio rebaño.
Además, durante la investigación se observó que algunas ovejas adultas presentaban ocasionalmente abscesos en la región inguinal. Aunque inicialmente se consideraba un problema menor, decidimos incluir estos animales dentro del estudio.
Los cultivos microbiológicos mostraron la presencia simultánea de dos enfermedades distintas. En las corderas se aisló Staphylococcus aureus anaerobius, responsable de la denominada enfermedad de los abscesos. Por su parte, la oveja adulta resultó positiva a Corynebacterium pseudotuberculosis, agente causal de la linfadenitis caseosa.
La conclusión fue clara: ambas enfermedades coexistían en la explotación. Ante la ausencia de herramientas preventivas comerciales adecuadas, se optó por desarrollar una autovacuna combinada que permitiera inmunizar a todo el rebaño frente a ambos patógenos.
La solución siempre empieza por un buen diagnóstico
Si algo he aprendido a través de estos casos clínicos es que el éxito no depende de una única prueba ni de una única decisión.
Todo comienza con una buena anamnesis y un diagnóstico clínico riguroso con los que podemos tener un diagnóstico presuntivo. Esa primera sospecha debe trasladarse al laboratorio para orientar correctamente las pruebas diagnósticas. Cuando conseguimos integrar toda la información disponible, identificamos a los verdaderos responsables del problema y podemos diseñar medidas terapéuticas y preventivas realmente eficaces.
La combinación de investigación en campo, diagnóstico laboratorial y aplicación de medidas preventivas sigue siendo la mejor herramienta para resolver los problemas sanitarios de nuestras explotaciones. Solo así podemos transformar una enfermedad en una oportunidad para mejorar la salud, el bienestar y la rentabilidad de nuestros rebaños.


































