La IA puede incrementar la productividad anual entre un 0,2% y un 1,3%, frente al crecimiento del 0,3% registrado en Europa en los últimos años
La geopolítica y la inteligencia artificial obligan a las empresas a replantear sus estrategias de crecimiento
El aumento de las tensiones geopolíticas, el envejecimiento demográfico, la desaceleración de la productividad y la irrupción de la inteligencia artificial están transformando el entorno empresarial a escala global. Durante el IESE Food & Beverage Meeting 2026, expertos de Deloitte y del IESE analizaron las principales fuerzas que marcarán la competitividad de las empresas en los próximos años y coincidieron en una idea: en un mundo impredecible, la resiliencia y la capacidad de anticipación serán determinantes.
La incertidumbre se ha convertido en una constante para las empresas. Tensiones geopolíticas, cambios en los flujos comerciales, envejecimiento de la población, costes energéticos, conflictos internacionales o el avance de la inteligencia artificial forman parte de un contexto cada vez más complejo para la toma de decisiones empresariales.
Precisamente sobre estas cuestiones giró una de las sesiones más estratégicas del Food & Beverage Meeting organizado por el IESE Business School, en la que Ana Aguilar, de Deloitte, y el profesor Mike Rosenberg ofrecieron una visión complementaria de las grandes tendencias que están redefiniendo el entorno económico mundial.
Aunque desde perspectivas diferentes, ambos coincidieron en una idea fundamental: las empresas deben abandonar las previsiones lineales y prepararse para gestionar múltiples futuros posibles.
El crecimiento económico ya no está garantizado
Ana Aguilar comenzó su intervención describiendo un entorno caracterizado por un elevado nivel de ruido e incertidumbre. Según explicó, existen cinco tendencias estructurales que están transformando la economía mundial y que exigen respuestas estratégicas por parte de los líderes empresariales.
Entre ellas destacó la creciente dificultad para generar crecimiento económico sostenido. La ralentización de la productividad y el envejecimiento demográfico, especialmente acusado en Europa, están limitando la capacidad de crecimiento de las economías desarrolladas.
La directiva señaló que Europa lleva años enfrentándose a esta realidad sin haber acometido transformaciones comparables a las realizadas por Estados Unidos, donde las inversiones en innovación y tecnología han contribuido a mantener mayores niveles de dinamismo económico.
En este contexto, Aguilar identificó la inteligencia artificial como la principal oportunidad para revertir la situación. Según expuso, diversos estudios sitúan su potencial para incrementar la productividad anual entre un 0,2% y un 1,3%, una cifra especialmente relevante si se compara con el crecimiento de productividad registrado en Europa durante los últimos años, situado en torno al 0,3%.
La IA exige transformar las organizaciones
Sin embargo, la directiva de Deloitte advirtió de que la tecnología, por sí sola, no resolverá el problema.
Aunque a escala microeconómica ya empiezan a observarse mejoras derivadas del uso de herramientas de inteligencia artificial, sus efectos todavía no son visibles a nivel macroeconómico debido a que los niveles de adopción siguen siendo limitados.
Para Aguilar, el verdadero reto consiste en reconfigurar las organizaciones para aprovechar todo el potencial de estas tecnologías.
La clave, explicó, no pasa por sustituir personas, sino por combinar las capacidades humanas con las tecnológicas. En este sentido, defendió la necesidad de aprovechar mejor el capital humano disponible y crear estructuras empresariales capaces de integrar ambas dimensiones de forma eficiente.
También insistió en la importancia de facilitar el crecimiento empresarial para ganar escala y mejorar la competitividad internacional, especialmente frente a las grandes corporaciones estadounidenses.
La geoeconomía cambia las reglas del comercio mundial
Otro de los fenómenos destacados por Aguilar fue el avance de la geoeconomía, entendida como el uso del poder económico para alcanzar objetivos geopolíticos.
A su juicio, el alineamiento geopolítico global se está debilitando y los flujos de inversión y comercio comienzan a responder cada vez más a consideraciones estratégicas.
La inversión extranjera directa sigue creciendo, pero cambia de destino. Mientras Estados Unidos continúa atrayendo capital internacional, otras regiones pierden peso relativo y emergen nuevas oportunidades en los países del denominado sur global, que están acelerando su integración en la economía mundial.
Para las empresas europeas, este escenario obliga a revisar sus estrategias de internacionalización y a identificar nuevas oportunidades de crecimiento en mercados que hace apenas unos años ocupaban un papel secundario.
La vuelta a la normalidad geopolítica
Si Aguilar centró su análisis en la economía, Mike Rosenberg llevó el debate al terreno geopolítico.
Su punto de partida resultó provocador: la situación excepcional no es el aumento de los conflictos internacionales, sino las décadas de relativa estabilidad que el mundo ha vivido desde el final de la Guerra Fría.
Según explicó, los historiadores consideran que el escenario actual representa una especie de vuelta a la normalidad, donde los intereses nacionales vuelven a imponerse y los conflictos históricos resurgen porque nunca llegaron a resolverse completamente.
Durante su intervención repasó algunos de los principales focos de tensión internacional con capacidad para afectar a la economía europea y española. Entre ellos destacó la guerra entre Rusia y Ucrania, para la que prevé una evolución hacia un escenario similar al de Corea del Norte y Corea del Sur: un alto el fuego prolongado sin una solución definitiva.
También señaló como puntos críticos Gaza, Líbano, Irán, Sudán y la relación entre China y Taiwán, al que describió como “el riesgo económico más relevante”. Aunque algunos de los conflictos actuales tienen una repercusión limitada sobre la economía española, Rosenberg identificó el eje China-Taiwán como uno de los principales riesgos globales.
El motivo es el papel estratégico que desempeñan ambas economías en las cadenas de suministro internacionales y, especialmente, en industrias clave vinculadas a los semiconductores, la electrónica avanzada y las tecnologías energéticas.
A su juicio, el verdadero riesgo no reside únicamente en un posible conflicto entre ambos territorios, sino en la eventual implicación de Estados Unidos. Una interrupción de las rutas comerciales asiáticas tendría consecuencias de enorme alcance para la economía mundial y para numerosos sectores industriales dependientes de estos suministros.
La resiliencia sustituye a la eficiencia como prioridad
La conclusión compartida por ambos expertos fue que el mundo atraviesa una etapa marcada por la imprevisibilidad.
Durante décadas, muchas empresas construyeron su competitividad sobre dos grandes objetivos: reducir costes y aumentar el valor percibido de sus productos. Sin embargo, en el nuevo contexto, esa receta ya no resulta suficiente.
Para Rosenberg, la palabra clave es resiliencia. La capacidad para adaptarse rápidamente a escenarios cambiantes, gestionar interrupciones inesperadas y mantener la actividad en entornos inciertos se está convirtiendo en una ventaja competitiva tan importante como la eficiencia.
Por ello, tanto él como Ana Aguilar animaron a los directivos a ampliar el horizonte temporal de sus decisiones estratégicas y trabajar con distintos escenarios de futuro.
La recomendación fue unánime: pensar a diez o quince años vista y prepararse para escenarios incluso contradictorios entre sí. En un entorno donde las certezas son cada vez más escasas, la anticipación puede convertirse en el principal activo de las organizaciones.




