El vacuno de carne gallego afronta precios históricos con escasez de ganado y falta de relevo generacional
La Fundación Juana de Vega acaba de publicar el informe ‘El sector del vacuno de carne en Galicia: situación actual y evolución reciente’, en el que analiza en profundidad la evolución productiva, económica y estructural del sector en los últimos años.
El estudio dibuja un escenario marcado por una fuerte tensión entre oferta y demanda, una dinámica que no es exclusiva de Galicia, sino que también se observa a nivel europeo y estatal, donde la producción y los censos muestran una tendencia descendente en los últimos años. En el conjunto de la UE-27, la producción de carne de vacuno registró una caída acumulada del -4,39% entre 2016 y 2024, una evolución que se explica en gran medida por la contracción de los principales países productores, como Francia (-11,31%), Alemania (-12,07%) o Italia (-18,59%). Por el contrario, España presenta una evolución diferencial, con un ligero incremento del +3,35% en el mismo período, mientras que en Galicia la producción sigue una evolución más irregular y con una tendencia reciente descendente, situándose en la actualidad por debajo de la registrada en 2016.
Esta situación es especialmente relevante en Galicia, que continúa siendo la principal comunidad en número de explotaciones de vacuno de carne en España, concentrando el 23,12% del total estatal, y ocupando también la primera posición tanto en explotaciones de producción y reproducción como en cebaderos.
Sin embargo, este liderazgo se sustenta en un modelo productivo muy fragmentado y con un tamaño medio reducido, con alrededor de 12 vacas nodrizas por explotación, muy por debajo de otras comunidades como Castilla y León (50) o Cataluña (45). En los últimos años se ha observado una caída significativa del número de explotaciones en Galicia, especialmente a partir de 2021, con una reducción del -24% en las explotaciones de producción y reproducción (una cuarta parte del total) y de cerca del -47% en los cebaderos hasta 2024 (casi la mitad), lo que evidencia un proceso de ajuste estructural más intenso que en el conjunto del Estado. Esta realidad, señala el informe, limita la capacidad de generación de rentabilidad y acentúa la vulnerabilidad del sector frente a este nuevo contexto de mercado.
El precio de la carne sube un 32% en un año
En este contexto, y como consecuencia de esta reducción de la base productiva, los precios de la carne en canal alcanzan niveles históricos tras su recuperación desde 2021, con un incremento reciente del +32% entre enero de 2025 y enero de 2026, al pasar de alrededor de 6,10 €/kg a 8,05 €/kg. Uno de los elementos más destacados del informe es la evolución de los precios percibidos por los productores: en apenas cuatro años, el valor de un ternero tipo de 230 kg ha pasado de alrededor de 830€ en los mínimos de 2021 a unos 1.850€ en la actualidad, lo que supone duplicar los ingresos por animal y evidencia la intensidad de las tensiones en el mercado.
En este sentido, el informe identifica como uno de los principales riesgos estructurales la falta de relevo generacional, agravada por las importantes barreras de entrada al sector. El elevado coste del ganado, el incremento de las inversiones iniciales necesarias, el encarecimiento de los materiales y la complejidad burocrática dificultan la incorporación de nuevos productores.
Incluso en un escenario de precios elevados, el sector presenta una capacidad muy limitada para aumentar la producción en el corto plazo. Esta restricción viene determinada, en gran medida, por el propio ciclo productivo del vacuno de carne, ya que la incorporación de nuevas vacas nodrizas y su entrada en producción requiere alrededor de tres años, lo que impide una respuesta rápida de la oferta ante el actual contexto de precios elevados.
Factores externos, presión de costes e incertidumbre de futuro
La evolución reciente del sector no puede entenderse sin tener en cuenta la acumulación de factores externos que han condicionado su funcionamiento. La pandemia de la COVID-19 provocó una caída abrupta de la demanda y un hundimiento de los precios, mientras que la guerra en Ucrania disparó los costes de producción (piensos, energía e insumos), acelerando el cierre de explotaciones. A este contexto se sumaron en los últimos años importantes problemas sanitarios, como la lengua azul, la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica o la dermatosis nodular contagiosa, que limitaron la movilidad del ganado y dificultaron la recuperación productiva.
En la actualidad, la tensión geopolítica en Oriente Medio introduce un nuevo factor de riesgo, señalan desde la Fundación Juana de Vega, al incrementar la inestabilidad en los mercados internacionales de la energía y ejercer presión al alza sobre los precios del petróleo. Este escenario se está trasladando nuevamente a los costes de producción del sector ganadero, especialmente en carburantes, transporte y alimentación animal, limitando la mejora reciente de los márgenes.
Además, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur, actualmente en proceso de ratificación, introduce una nueva incertidumbre estructural. La entrada de carne procedente de países con menores costes de producción y exigencias normativas más laxas podría intensificar la competencia en el mercado europeo, ejerciendo presión a la baja sobre los precios en origen y comprometiendo la viabilidad de las explotaciones. En este sentido, el informe advierte de la existencia de una asimetría regulatoria que podría generar una situación de competencia desigual para los productores europeos.
Escenario complejo
En conjunto, el sector del vacuno de carne en Galicia se enfrenta a un escenario complejo, en el que la caída de la oferta coincide con una demanda firme y con una capacidad limitada de respuesta productiva. La continuidad del sector dependerá, en gran medida, de su capacidad para incorporar nuevos productores, superar las barreras de entrada y adaptarse a un contexto económico, sanitario y geopolítico cada vez más exigente.
En este marco, el informe de la Fundación Juana de Vega subraya la necesidad de reforzar el relevo generacional y avanzar hacia explotaciones de mayor dimensión, que permitan mejorar su viabilidad económica. Asimismo, pone el foco en la importancia estratégica de mantener la capacidad productiva del sector en Galicia, no solo desde una perspectiva económica, sino también territorial, por el papel clave que estas explotaciones desempeñan en la gestión del territorio, en la conservación de los paisajes en mosaico y en la prevención de incendios, al gestionar más de 200.000 hectáreas de superficie agraria útil (SAU).




