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Entrevista a Cristina Baselga, técnica veterinaria de Exopol

“El diagnóstico preciso es esencial para tomar decisiones, optimizar los tratamientos y prevenir resistencias”

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El diagnóstico preciso se consolida como una herramienta clave en la modernización del ovino, permitiendo tratamientos más eficaces, reducción de costes y control de resistencias antimicrobianas. Cristina Baselga, de Exopol, analizará el avance de las técnicas laboratoriales y los retos para su implantación en campo.

Cristina Baselga
Cristina Baselga.

¿Qué importancia tiene hoy el diagnóstico preciso en ovino?

Actualmente el diagnóstico en el sector ganadero es esencial ya que permite identificar con exactitud los agentes etiológicos responsables de las enfermedades y, a partir de ahí, aplicar medidas terapéuticas y preventivas específicas y eficaces. El diagnóstico laboratorial complementa al diagnóstico clínico, confirmando las causas de los procesos observados en campo. Esto es fundamental para evitar tratamientos inespecíficos y mejorar la eficacia de las intervenciones sanitarias. Además, ante un cuadro clínico provocado por bacterias, es posible mediante cultivo microbiológico aislar la cepa bacteriana y realizar pruebas de sensibilidad antibiótica, lo que permite seleccionar el antibiótico más adecuado. En el caso de muchas patologías que están presentes de manera habitual en los rebaños, como la mamitis o los problemas digestivos, un buen diagnóstico permite conocer los microorganismos más prevalentes en el rebaño. En conjunto, el diagnóstico preciso es esencial para tomar decisiones informadas, optimizar los tratamientos, prevenir la aparición de resistencias antimicrobianas y mejorar el control de las enfermedades en las ganaderías ovinas.

¿Qué herramientas diagnósticas están marcando la diferencia en la sanidad de pequeños rumiantes?

En las últimas décadas ha habido un gran avance en cuanto a las técnicas diagnósticas laboratoriales. El diagnóstico molecular, como la PCR en tiempo real, cobra cada día más importancia gracias a su alta sensibilidad y rapidez ya que se basa en la detección del material genético de los patógenos. Conocer lo antes posible qué patógenos están implicados en el cuadro clínico observado permite tomar decisiones rápidamente para disminuir los efectos de la patología en el rebaño. No debemos olvidar la microbiología y las pruebas de sensibilidad antibiótica que, aunque nos acompañan desde hace mucho tiempo en el estudio de las bacterias, han mejorado en los últimos años; por ejemplo, el sistema Maldi-Tof (espectrometría de masas) permite identificar de manera rápida y objetiva los aislamientos bacterianos obtenidos. Además, dentro de la profesionalización de las granjas ovinas se incluyen planes de control y monitorización de ciertas enfermedades donde se realizan análisis periódicos para el seguimiento de los patógenos implicados y su evolución en el tiempo.

En la práctica de campo, ¿cuáles son los errores más frecuentes a la hora de identificar el origen de un problema sanitario?

Cada vez estamos mejorando el diagnóstico de las patologías en campo, sin embargo, continúa siendo común el establecer un plan de control de una enfermedad basado en la sospecha de que un único patógeno está implicado en la patología observada. Pero en la mayoría de las ocasiones, la etiología es múltiple.

El uso de laboratorio es cada vez más relevante. ¿Qué barreras siguen existiendo para su utilización rutinaria por parte de veterinarios y ganaderos?

El diagnóstico laboratorial ha crecido de forma notable en los últimos años, principalmente por la profesionalización del sector y la preocupación al aumento de resistencias antimicrobianas pero su incorporación en el plan de control de enfermedades de las explotaciones todavía encuentra barreras. La primera barrera es la económica, ya que en muchas ocasiones los ganaderos perciben el análisis como un gasto adicional más que como una inversión. Sin embargo, la mayoría de las pruebas diagnósticas tienen un coste razonable dentro del impacto productivo de las enfermedades. Además, debemos sumarle que, en algunos casos, tanto ganaderos como veterinarios continúan basándose únicamente en el diagnóstico clínico que, en muchas ocasiones debe complementarse con el laboratorial ya que hay procesos subclínicos o enfermedades emergentes que no son posibles diagnosticar sin la confirmación laboratorial. Otro aspecto relevante es la toma de muestras y su envío al laboratorio. El obtener unos resultados diagnósticos concluyentes depende directamente de una correcta selección de los animales, toma de muestras, posterior conservación de las mismas y las condiciones en las que se transportan hasta el laboratorio. Por último, hay que mencionar la ausencia de planes sanitarios estructurados en algunas explotaciones. Superar estas barreras pasa por seguir demostrando, con datos y casos prácticos, que el diagnóstico laboratorial no es un lujo, sino una herramienta clave para mejorar la rentabilidad, la sanidad y la sostenibilidad del sector ovino.

En muchos casos, los signos clínicos pueden ser similares entre distintas patologías. ¿Qué riesgos implica no afinar en el diagnóstico y cómo impacta esto en la eficacia de los tratamientos?

Si no realizamos un diagnóstico etiológico de la patología observada es posible que se instauren tratamientos terapéuticos inadecuados, por ejemplo, el uso de antibióticos en procesos que pueden ser víricos o parasitarios no solo resulta ineficaz, sino que retrasa la aplicación de medidas correctas, aumentando las pérdidas productivas y comprometiendo el bienestar animal. Además, un diagnóstico impreciso favorece la cronificación de la enfermedad en la explotación. Otro riesgo clave es el uso ineficiente de medicamentos, con el consiguiente incremento de costes y, en el caso de los antibióticos, la contribución al desarrollo de resistencias antimicrobianas. Este aspecto no solo tiene implicaciones a nivel de la explotación, sino también a nivel de salud pública y de sostenibilidad del sector. Por último, la falta de precisión diagnóstica limita la capacidad de anticipación. El laboratorio no solo confirma enfermedades, sino que permite detectar procesos subclínicos o emergentes.

La sanidad de precisión está ganando peso en el sector. ¿Cómo puede el diagnóstico avanzado ayudar a optimizar el uso de antimicrobianos y mejorar la sostenibilidad?

En primer lugar, mejora la toma de decisiones terapéuticas. Herramientas diagnósticas como los paneles diferenciales de qPCR que permiten en poco tiempo conocer cuáles y en qué medida están implicados los agentes patógenos en el cuadro clínico observado; el cultivo microbiológico seguido de la identificación mediante la técnica MALDI-TOF, que permite determinar con mayor objetividad y precisión las bacterias aisladas; y las pruebas de sensibilidad antibiótica con una amplia batería de antibióticos para conocer las resistencias antimicrobianas de las bacterias presentes en la explotación, permiten identificar con rapidez y fiabilidad la naturaleza de la patología observada y elegir mejor los tratamientos y planes de prevención. Además, el uso del diagnóstico laboratorial para realizar monitorización de enfermedades o ciertos parámetros en los animales que permitan detectar procesos subclínicos ayuda a instaurar programas sanitarios de manera más temprana y continuar evaluando que estas medidas continúan siendo eficaces a lo largo del tiempo. El sector ovino avanza hacia un modelo cada vez más profesionalizado, apoyado en programas de gestión que permiten registrar y explotar de forma sistemática los datos productivos.
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