Dos jóvenes ganaderos toman el relevo para asegurar el futuro de la Cabra Payoya
La continuidad de las ganaderías familiares resulta fundamental para conservar razas autóctonas como la Cabra Payoya. Rita Millán Luna y Raúl Alfonsín Núñez Mendoza representan dos ejemplos de incorporación de nuevas generaciones a esta actividad en la Sierra de Cádiz, donde la vocación convive con dificultades económicas, burocráticas y laborales.
Asumir una explotación caprina familiar implica mucho más que mantener un negocio: supone continuar con rebaños seleccionados durante décadas, adquirir conocimientos sobre el manejo y conservar una forma de vida vinculada al territorio. Así lo explican Rita Millán Luna y Raúl Alfonsín Núñez Mendoza al compartir sus experiencias de relevo generacional en la Cabra Payoya.
Rita toma el relevo de su padre y destacó el valor del rebaño recibido, fruto del esfuerzo de sus progenitores. A la experiencia práctica acumulada desde pequeña suma formación oficial mediante cursos organizados por el Ifapa, cooperativas y asociaciones. Considera que la adaptación de esta raza al medio constituye una de sus principales cualidades.
Raúl, natural de Ubrique, se incorporó hace cuatro años a la ganadería de su suegro, situada en la finca El Saltillo, en Villaluenga del Rosario, dentro del Parque Natural de la Sierra de Grazalema. Su principal reto es conseguir un rebaño más dócil y manejable para facilitar el trabajo en extensivo.
Ambos coincicen en señalar que la vocación resulta imprescindible, pero no suficiente. La burocracia, la falta de mano de obra, los bajos precios y el escaso reconocimiento social y económico amenazan la continuidad de las explotaciones. La Asociación de Criadores de Raza Caprina Payoya trabaja para acompañar a los ganaderos y favorecer la conservación de esta raza, cuyo futuro depende también de garantizar condiciones viables para las nuevas generaciones.




