La genética conecta a las cabras neolíticas de Granada con razas actuales como la Bermeya
Las primeras comunidades neolíticas de la península ibérica ya criaban cabras domésticas hace siete milenios. Así lo confirma un estudio internacional publicado en la revista Plos One, que analizó el ADN conservado en una pieza de piel curtida encontrada en la Cueva de los Murciélagos, en Albuñol (Granada). Las condiciones excepcionales de conservación del yacimiento permitieron recuperar material genético de un resto orgánico de esta antigüedad.
El equipo, liderado por la investigadora Jolijn A. M. Erven, del University College de Dublín, consiguió secuenciar ADN mitocondrial y nuclear pese a la fragmentación provocada por el paso del tiempo, según publica la agencia Sinc. Los análisis confirmaron que la piel pertenecía a una cabra doméstica (Capra hircus), y no a un ejemplar silvestre de íbice ibérico (Capra pyrenaica).
Uno de los resultados más relevantes fue la estrecha relación genética entre aquel animal y la raza Bermeya, una variedad autóctona que se conserva actualmente en el norte de España. Los investigadores identificaron así una continuidad biológica de miles de años entre las poblaciones caprinas neolíticas y algunas razas actuales.
El estudio también detectó la ausencia de huellas genéticas de origen africano en la muestra. Este resultado apunta a que los intercambios ganaderos a través del estrecho de Gibraltar pudieron producirse después del Neolítico temprano, aunque los autores advirtieron de que será necesario analizar nuevos restos para confirmar esta hipótesis.




