La identidad ya no se verifica: se gestiona
Marcelino Pérez Zamarrón, business partner para sector financiero de GMV
04/09/2026Durante más de dos décadas, la verificación de identidad ha sido uno de los pilares de la transformación digital. En sectores como el financiero, el alta remota, la autenticación reforzada o la firma electrónica han permitido digitalizar procesos con elevados niveles de seguridad y cumplimiento normativo. Sin embargo, ese modelo ya no basta.
La irrupción de los deepfakes, las identidades sintéticas y la inteligencia artificial generativa han cambiado las reglas del juego. Hoy es posible reproducir con enorme precisión una voz, un rostro o determinados patrones de comportamiento. En este escenario, verificar correctamente la identidad en un momento concreto deja de ser garantía suficiente para confiar en todas las operaciones posteriores.
Marcelino Pérez Zamarrón, business partner para sector financiero de GMV.
La pregunta ya no es únicamente quién accede a un servicio, sino ¿sigue siendo legítimo el sujeto, dispositivo o agente que utiliza la identidad, y está autorizado para ejecutar esa acción concreta?
Este cambio coincide con otro hito de enorme relevancia para Europa: La aplicación progresiva de eIDAS 2.0 y el despliegue de la EUDI Wallet. Este pro ceso permitirá a ciudadanos y empresas utilizar credenciales verificables interoperables en toda la Unión Europea. Más allá de una nueva obligación regulatoria, supone un cambio profundo en la forma de entender la identidad digital: el usuario pasa a controlar credenciales reutilizables con las que podrá demostrar únicamente los atributos necesarios para cada operación, preservando su privacidad. Pero disponer de credencia les verificables no elimina el riesgo. Una identidad puede verse comprometida tras su emisión, una cuenta privilegiada puede ser secuestrada o un agente de inteligencia artificial puede actuar en nombre de un usuario sin autorización efectiva. Por ello, la confianza ya no puede construirse exclusivamente durante el onboarding; debe mantenerse de forma dinámica durante todo el ciclo de vida de la identidad.
Esta evolución está acercando disciplinas que tradicionalmente habían evolucionado de forma independiente. La gestión de identidades y accesos (IAM), la prevención del fraude, la biometría, la analítica del comportamiento, la inteligencia de amenazas y la protección de la privacidad forman hoy parte de un mismo ecosistema de confianza digital. Desde esta perspectiva, la identidad se convierte en uno de los principales elementos vertebradores de la ciber seguridad. Ya no se trata únicamente de gestionar usuarios, sino de controlar de forma continua personas, cuentas privilegiadas, aplicaciones, dispositivos conectados y, cada vez con mayor frecuencia, agentes autónomos basados en inteligencia artificial. Esta es precisamente la dirección en la que trabaja GMV, integrando capacidades de identidad digital soberana, credenciales verificables, gestión de identidades y accesos, prevención del fraude, tecnologías de preservación de la privacidad y operación continua de la ciberseguridad. El objetivo ya no es verificar una identidad, sino mantener la confianza durante toda su vida útil, independientemente del canal, el dispositivo o el servicio utilizado.
Por otro lado, la continuidad de la con fianza no depende solo de detectar fraude en tiempo real; también exige de identidad sigan siendo verificables y seguras a largo plazo, lo que añade un nuevo reto estratégico: la transición hacia la criptografía poscuántica. Las organizaciones deberán identificar qué activos necesitan proteger a largo plazo e incorporar la denominada criptoagilidad, es decir, la capacidad para adaptar y sustituir mecanismos criptográficos en protocolos, aplicaciones, software, hardware e infraestructuras, procurando mantener la resiliencia operativa.
Todo ello se desarrolla además en un contexto en el que Europa apuesta decididamente por la soberanía tecnológica. Igual que ocurre con la nube, el espacio o los semiconductores, la identidad digital pasa a considerarse una capacidad estratégica para garantizar la autonomía tecnológica y la confianza en la economía digital europea.
El reto para los próximos meses no consistirá únicamente en cumplir con eIDAS 2.0. La verdadera oportunidad será construir una nueva arquitectura de confianza capaz de combinar identidad digital, privacidad, ciberseguridad, prevención del fraude e inteligencia artificial en un único modelo operativo.
Las organizaciones que entiendan esta transformación convertirán una exigencia regulatoria en una ventaja competitiva. Porque, en la economía digital que ya está emergiendo, la identidad dejará de ser un trámite para convertirse en la infraestructura sobre la que se construye la confianza.

















