Ciberseguridad e inteligencia artificial: el valor de la decisión humana ante la automatización
Fabio Assolini, director del Equipo Global de Investigación y Análisis (GReAT) para América Latina, Kaspersky
02/09/2026
La Inteligencia Artificial generativa hace tiempo que dejó de ser un experimento, dejando atrás la fase experimental para consolidarse como motor de las empresas. En España, donde el 98% de las organizaciones ya utiliza o planea incorporar esta tecnología, el debate ya no es su adopción, sino cómo gestionarla de forma segura. En este nuevo tablero, la ciberseguridad afronta un escenario inédito marcado por la automatización tanto del ataque como de la defensa.
Esta aceleración ha abierto una doble vía de agua en la seguridad corporativa. Por un lado, a nivel interno, asistimos al auge del Shadow AI: empleados que introducen herramientas públicas sin supervisión de TI para agilizar su trabajo, provocando fugas involuntarias de información confidencial.
Por otro, los ciberdelincuentes ya utilizan modelos de IA para automatizar la creación de código y diseñar malware adaptable, mientras que las campañas masivas se valen de identidades sintéticas y deepfakes. Entre enero y abril, Kaspersky detectó más de 33.300 ataques a pymes que suplantaban servicios populares de IA para infectar redes. Además, el 13% de las empresas españolas ya reporta incidentes vinculados a vulnerabilidades de la IA, y un 11% ha sufrido ataques basa dos en deepfakes.
Para responder a este volumen de incidentes sin colapsar los departamentos de seguridad, las estrategias de defensa están evolucionando hacia la IA agéntica. A diferencia de los modelos generativos que solo responden a peticiones, los sistemas agénticos planifican tareas, coordinan herramientas y ejecutan acciones de contención de forma autónoma. En ciberseguridad, esto permite contar con agentes capaces de analizar miles de variables en milisegundos y neutralizar incidentes antes de que se propaguen.
Sin embargo, delegar la ejecución no implica ceder el control. Cuantas más tareas rutinarias asumen estos agentes, más crítico se vuelve el rol del experto. La tecnología no des plaza al profesional, sino que lo libera de la tarea repetitiva de filtrar alertas manuales para transformarlo en un estratega de riesgos. La IA agéntica aporta escala de procesamiento, pero el experto aporta lo que ningún algo ritmo puede simular: la comprensión del impacto en el negocio, el análisis ético y normativo, la intuición y la responsabilidad de tomar decisiones complejas bajo presión.
Para liderar esta transición, las organizaciones deben aplicar tres pautas:
- Seguridad desde el diseño: No desplegar herramientas o agentes de IA sin límites claros de privacidad y trazabilidad de los datos.
- Definición de roles: Utilizar la autonomía tecnológica para acelerar los tiempos de respuesta, pero manteniendo el juicio estratégico en manos de profesionales cualificados.
- Educación frente al riesgo: Combatir el Shadow AI concienciando a las plantillas; el dato corporativo es un activo que no puede quedar expuesto en plataformas públicas sin control.
La IA agéntica es el acelerador de la capacidad defensiva, pero el juicio crítico y la dirección estratégica siguen siendo exclusivos del ser humano. Solo potenciando el talento experto con tecnología se logrará una resiliencia empresarial real.

















