TECNOLOGÍA
Ingeniería aplicada a una de las actuaciones singulares del desmantelamiento de la Central Térmica del Narcea

Desmontaje de pasarela atirantada sobre el río Narcea

Erik Sandonis, responsable de Oficina Técnica e I+D+i en Lezama Demoliciones28/09/2026

El desmantelamiento de una gran instalación industrial exige adaptar la estrategia a cada estructura. Dentro de la demolición completa de la Central Térmica del Narcea, situada en Soto de la Barca, en el concejo asturiano de Tineo, uno de los hitos singulares, fue la retirada de la pasarela atirantada que salvaba el río Narcea. La infraestructura sostenía una doble galería de cintas transportadoras utilizada para mover carbón entre distintas zonas de la central.

Imagen de la pasarela atirantada sobre la que se realizó la actuación

Imagen de la pasarela atirantada sobre la que se realizó la actuación.

La actuación, ejecutada en junio de 2025, reunió tres condicionantes principales. La estructura trabajaba mediante un sistema de tirantes y retenidas cuya respuesta podía variar durante el desmontaje; las maniobras debían realizarse con equipos de elevación de gran capacidad; y todo el proceso tenía que desarrollarse sin ocupar ni afectar al cauce. Por ello, el trabajo se abordó como una secuencia de estados estructurales controlados y no como una demolición convencional.

Esta operación se enmarcaba dentro del desmantelamiento completo de la Central Térmica de Narcea, propiedad de Naturgy, y ejecutada por Lezama Demoliciones como contratista principal desde la primavera de 2022 hasta el verano de 2025.

Una estructura singular sobre el río

La pasarela estaba por una celosía espacial metálica de 66,16 metros de longitud, 5,30 metros de anchura y 3,40 metros de canto. La celosía se apoyaba verticalmente en un estribo y en una pila metálica. En sentido horizontal permanecía fijada al estribo mediante dos rótulas, mientras que el apoyo situado sobre la pila permitía movimiento.
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Seis tirantes suspendían la celosía desde la cabeza de la pila. Las cargas se transmitían hacia la ladera mediante dos tirantes de retenida anclados directamente en la roca y situados fuera de la propia estructura. Esta configuración hacía que cada retirada parcial modificase el equilibrio del conjunto. Antes de comenzar las maniobras, el equipo soldó el apoyo libre para impedir desplazamientos no deseados durante el proceso.

La edad de la estructura reforzó la necesidad de comprobar la información disponible. Como señala Manuel García, director de la obra, “la estructura, aparte de ser singular, tenía una cierta edad”, circunstancia que obligó a realizar “un trabajo de ingeniería importante”.

Ingeniería previa y comprobación en obra

El estudio preliminar incluyó una modelización mediante elementos finitos. El objetivo de la modelización era reproducir la respuesta del puente y calcular los pesos, tensiones y empujes correspondientes a cada maniobra. El análisis no se limitó a la fase final de izado. También contempló el vaciado y la descarga del interior de las galerías, así como los sucesivos pasos de corte y retirada de tramos.
La ingeniería fue desarrollada por el estudio de Carlos Alonso, ingeniero de Caminos y profesor de la Universidad de Cantabria. A los cálculos de gabinete se añadieron mediciones in situ para contrastar las dimensiones de los planos, conocer la geometría efectiva y reunir la información necesaria para dimensionar las grúas y sus maniobras. También se midió la tensión de los tirantes y se mantuvo su monitorización durante la operación.
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Esta combinación permitió anticipar cómo redistribuiría sus esfuerzos la estructura a medida que perdía peso y continuidad. El estudio definió el orden de retirada, los puntos de suspensión y los límites de cada fase. Los especialistas presentes durante el desmontaje compararon el comportamiento previsto con el observado en campo.
El software utilizado para la modelización fue MIDAS Civil, y los pesos de cada pieza fueron de entre 15 y 40 tn, con los datos de planos y medidos in situ.

Medios de elevación y secuencia de desmontaje

La maniobra principal fue llevada a cabo con una grúa de 500 toneladas, encargada de soportar las cargas de los elementos retirados. Una segunda grúa de 130 toneladas sustentaba la cesta desde la que los operarios ejecutaban los cortes. Esta configuración se eligió de forma que los riesgos fuesen mínimos a lo largo del desmontaje y se mantuviese la seguridad como criterio dominante.

Se trataba de desmontar la estructura en cuatro tramos principales, tres de ellos de 12 m y uno de 30 m. Los radios de las grúas variaban en cada pieza y para cada grúa, yendo hasta radios de 40 m en los puntos más alejados. Cada operación de izado era estudiada detalladamente, e hicieron falta balancines o vigas de reparto para un correcto izado de las piezas, como se ve en las imágenes.

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Antes de intervenir en la estructura resistente, se segregaron y retiraron los elementos existentes en el interior de las galerías. Esta descarga redujo los pesos y eliminó materiales que podían desprenderse durante las maniobras posteriores, evitando su caída al río. A partir de ese estado, el desmontaje avanzó por fases previamente calculadas. Cada tramo permanecía asegurado por la grúa principal antes del corte, de modo que la pieza quedara controlada en todo momento y pudiera trasladarse a la zona prevista en tierra.
La cesta suspendida desde una grúa independiente separó a los trabajadores del sistema que recibía el peso de cada tramo y facilitó su aproximación a los puntos de corte.

La seguridad como condición de diseño

El control de riesgos comenzó en la fase de ingeniería y se prolongó durante toda la ejecución. La operación contó con una zona de exclusión total, seguimiento técnico permanente, coordinación entre las empresas participantes y control de chispas durante los trabajos en caliente. La tensión de los cables se monitorizó para detectar desviaciones respecto al comportamiento previsto en los cálculos.
La premisa era clara: “El objetivo es accidentes cero”, tanto en esta intervención como en la política general de Lezama Demoliciones. Ese objetivo condicionó la secuencia de trabajo, la elección de los medios auxiliares y el establecimiento de controles antes de autorizar cada corte.
En estructuras tensionadas, el riesgo no depende únicamente del peso izado. La liberación de esfuerzos, los movimientos durante el corte y la pérdida progresiva de rigidez pueden generar respuestas difíciles de corregir. Por ello, el cálculo de cada estado intermedio y la vigilancia en obra formaron una misma estrategia preventiva.

Protección del cauce y valorización de materiales

La ubicación sobre el río Narcea convirtió la protección ambiental en otro criterio esencial. Todos los trabajos se realizaron desde ambas márgenes, sin entrar en el cauce. La planificación evitó la caída de piezas o materiales al río y protegió la vegetación próxima a los puntos de apoyo de los equipos, zonas de corte, y zonas de tránsito.
La retirada previa de los componentes alojados en las galerías facilitó la segregación de materiales antes de actuar sobre la celosía. Tras el desmontaje, el metal se destinó a valorización en siderurgia, las cintas de goma fueron destinadas a reutilización, y elementos auxiliares de plástico o luminarias, fueron enviados a reciclaje. Esta gestión permitió valorizar más del 95 % de los residuos generados en la operación, manteniendo al mismo tiempo la afección al entorno en niveles mínimos.
Para la medición de la aceleración de los tirantes y obtención de sus frecuencias fundamentales de vibración, se utilizó un acelerómetro piezoeléctrico METRA modelo KS48C, instalado y controlado por el equipo GiaDE de la Universidad de Cantabria, bajo la supervisión de Carlos Alonso Ingeniería, y Lezama Demoliciones.
Instalación de acelerómetro en tirantes. (a) Pesaje de tirante suspensión. (b) Pesaje tirante retenida
Instalación de acelerómetro en tirantes. (a) Pesaje de tirante suspensión. (b) Pesaje tirante retenida.

Conclusiones y aprendizaje transferible

La retirada del puente atirantado de Narcea muestra la importancia de incorporar la ingeniería de estructuras a la planificación de demoliciones complejas. La modelización, las mediciones in situ y el seguimiento de los tirantes permitieron convertir una estructura antigua y tensionada en una secuencia de maniobras verificables. El empleo coordinado de dos grúas asignó funciones diferenciadas al sostenimiento de las piezas y al acceso de los operarios.
La experiencia de Lezama Demoliciones en desmontajes singulares, entre ellos el arco del antiguo estadio de San Mamés, aportó una base práctica. La geometría, los apoyos, el sistema de tirantes y la presencia del río exigieron, no obstante, un estudio específico.
Retirada del arco del antiguo Estadio de San Mamés, en Bilbao, llevada a cabo por Lezama Demoliciones en 2013
Retirada del arco del antiguo Estadio de San Mamés, en Bilbao, llevada a cabo por Lezama Demoliciones en 2013.

El proyecto confirma que el éxito de estas operaciones depende de que cálculo y ejecución permanezcan conectados. “Un buen trabajo en equipo es lo que nos va a permitir el éxito de estas operaciones”, concluye Juan Manuel Pacios, director facultativo de la obra. En Narcea, esa colaboración entre ingeniería, producción, operadores de grúa, especialistas de corte, prevención y medio ambiente permitió retirar uno de los elementos más singulares de la antigua central sin ocupar el cauce y con control permanente sobre la estructura.

La operación se terminó sin incidentes de seguridad ni ambientales, y en el plazo que previamente estaba previsto, siendo la valoración del cliente totalmente positiva, desde el punto de vista de seguridad y medio ambiente, pero también de producción.
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