Necesitamos ingenieros que sepan llevar sus diseños a fábrica
Nobuyuki Yoshida, director comercial de meviy
29/10/2026El futuro de la industria española también se juega en las aulas. El 70% de los ingenieros considera que la falta de perfiles técnicos especializados es un problema relevante para el sector, según el Barómetro Industrial de COGITI de 2026. Incorporar talento es imprescindible, pero también debemos preparar a los futuros profesionales para transformar sus conocimientos en soluciones que puedan materializarse.
La ‘fabricabilidad’, es decir, la posibilidad de producir una pieza con los procesos y requisitos previstos es difícil de enseñar únicamente en un aula. Un estudiante puede diseñar algo que funciona en pantalla y descubrir en el taller que no puede fabricarse así o que cuesta mucho más de lo esperado. El objetivo es que reciba esa información mientras todavía puede utilizarla para mejorar su diseño.
No se trata de exigir experiencia profesional a quien está aprendiendo, sino de ayudarle a conectar sus decisiones con sus consecuencias en producción, sin esperar al primer empleo.
Del conocimiento al criterio
La respuesta no es añadir más asignaturas, es conectar los conocimientos de diseño y fabricación con los proyectos para que los estudiantes entiendan mejor qué función cumple una pieza, cómo pueden fabricarla y por qué eligen una solución frente a otras.
Un ejercicio puede consistir en diseñar un componente, recibir observaciones sobre su viabilidad y coste, revisarlo y justificar los cambios. Lo importante no es acertar a la primera, sino comprender qué decisiones facilitan la fabricación y cuáles introducen dificultades.
Tampoco se trata de buscar siempre la opción más barata. El precio debe formar parte del razonamiento, junto con la seguridad, las prestaciones y la calidad.
Una respuesta que llegue a tiempo
Si el estudiante descubre las dificultades mientras diseña, puede comparar alternativas y comprobar sus efectos. Las herramientas digitales facilitan esa información, pero no sustituyen el criterio técnico evidentemente ya que el aprendizaje surge al interpretar la respuesta y justificar las decisiones, con el acompañamiento docente.
Un ejemplo es el proyecto del satélite UPM-Sat 3, de la Universidad Politécnica de Madrid, en el que participan estudiantes de ingeniería aeroespacial. El equipo necesitaba agilizar el paso del diseño digital al prototipo físico, ante las dificultades para producir las piezas internamente y los largos plazos de los talleres externos. Al optar por plataformas online como meviy, se sustituyó la solicitud manual de presupuestos por un proceso digital que consistió en la carga los archivos STEP, obteniendo información inmediata sobre precio y fabricabilidad y revisando el modelo antes de realizar el pedido. Esta dinámica facilita las iteraciones propias de un proyecto con participación estudiantil.
El mismo enfoque puede trasladarse a proyectos de asignatura o trabajos de fin de grado. Evaluar el diseño inicial, las observaciones recibidas y la propuesta revisada permitiría valorar tanto el resultado como el razonamiento que lo sustenta.
Preparar para decidir
El rol que tenemos las empresas es contribuir con soluciones prácticas para problemas reales que enfrentan los ingenieros y sobre todo los estudiantes de estas ramas. Esa colaboración debe ampliar las oportunidades de aprendizaje, no limitarse a familiarizar a los estudiantes con una herramienta o un proveedor.
Las herramientas cambiarán, pero la capacidad de preguntar, contrastar y justificar decisiones seguirá siendo necesaria. Preparar el talento que necesita España pasa también por enseñar que un diseño no termina cuando se guarda el archivo, hay que saber cómo convertirlo en una pieza real.





















































