La mujer en la industria vasca: una historia que también merece ser contada
En la comarca del Bajo Deba, una de las cunas de la industria vasca, las mujeres han participado activamente en la actividad industrial a lo largo de los siglos. Su trabajo fue decisivo para el desarrollo de sectores como el armero y, posteriormente, para la consolidación de una industria vinculada al mecanizado y a la máquina-herramienta. Sin embargo, durante mucho tiempo, su aportación permaneció poco reconocida y, en numerosas ocasiones, prácticamente invisible.
Precisión, habilidad y trabajo especializado
Ya desde el siglo XVIII encontramos mujeres vinculadas a actividades técnicas relacionadas con el sector armero. En Eibar y otras localidades de la comarca, muchas participaron en trabajos de grabado y damasquinado, labores que exigían una extraordinaria precisión, paciencia y habilidad manual.
El conocimiento y la destreza adquiridos en estas tareas fueron fundamentales para el acabado y montaje de numerosas piezas. No se trataba, por tanto, de una actividad meramente auxiliar, sino de un trabajo especializado que requería experiencia y dominio técnico.
Una parte importante de estas mujeres desarrollaba su actividad desde sus propios domicilios. Recibían piezas por encargo, trabajaban sin contrato y percibían su remuneración en función del número de unidades realizadas. El modelo permitía a las empresas disponer de mano de obra especializada y, al mismo tiempo, hacía posible que muchas mujeres contribuyeran directamente a la economía familiar.
Pero aquel trabajo tenía también otra dimensión. La incorporación progresiva de las mujeres a una actividad remunerada supuso un primer paso hacia una mayor autonomía económica y personal.
Felipa Gisasola: talento, emprendimiento y reconocimiento
Entre las numerosas mujeres que participaron en esta historia destaca especialmente la figura de Felipa Gisasola Gabiola, eibartarra, damasquinadora y profesora.
Su trayectoria representa un ejemplo excepcional de cómo una mujer pudo convertir un conocimiento técnico y artístico en una auténtica actividad profesional y empresarial. Gisasola desarrolló su carrera en Eibar y Madrid, donde llegó a disponer de tienda y talleres-escuela, formando además a nuevas generaciones en el arte del damasquinado.
El damasquinado es una técnica artesanal tradicional que consiste en incrustar hilos o láminas de oro y plata sobre una superficie de acero o hierro pavonado (generalmente oscurecido) para crear dibujos y composiciones artísticas de gran valor estético.
Su trabajo obtuvo numerosos reconocimientos nacionales e internacionales, demostrando que la capacidad técnica, la creatividad y el emprendimiento femenino formaban parte también de la realidad industrial de la época.
Su historia nos obliga a revisar la imagen tradicional de una industria protagonizada exclusivamente por hombres. Detrás de muchas piezas, talleres y empresas hubo también mujeres cuyo trabajo fue imprescindible.
De la conquista de derechos a la igualdad
La historia laboral de las mujeres no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de su incorporación al trabajo. También debe analizarse desde la evolución de sus derechos.
La Segunda República supuso un importante avance en el reconocimiento de la igualdad y los derechos laborales. Sin embargo, la llegada de la dictadura franquista volvió a imponer modelos sociales y laborales profundamente discriminatorios, que limitaron la autonomía de las mujeres y consolidaron diferencias en funciones, oportunidades y salarios.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, y especialmente durante las últimas décadas, la sociedad ha experimentado una transformación profunda. La incorporación de la mujer al mercado laboral se ha acelerado y los derechos laborales y sociales han avanzado de manera significativa.
También lo ha hecho la industria.
Una industria que necesita incorporar todo el talento
Hoy, la mujer forma parte esencial del tejido empresarial vasco. Está presente en áreas de producción, ingeniería, administración, investigación, dirección, innovación y gestión. Cada vez son más las mujeres que desarrollan carreras profesionales vinculadas a sectores industriales altamente tecnológicos y especializados.
Sin embargo, el camino no está terminado.
La presencia femenina continúa siendo desigual en determinadas áreas industriales, especialmente en algunos perfiles técnicos, puestos de producción, ingeniería y dirección. La industria vasca afronta además un importante reto generacional: necesita incorporar nuevo talento para mantener su competitividad y afrontar la transformación tecnológica.
En este contexto, incorporar a más mujeres a la industria no debería entenderse únicamente como una cuestión de igualdad. Es también una cuestión de futuro, de competitividad y de aprovechamiento de todo el talento disponible.
La industria necesita ingenieras, técnicas, investigadoras, operarias, programadoras, responsables de producción, emprendedoras y directivas. Necesita, en definitiva, que nadie deje de desarrollar una profesión industrial por no haber tenido referentes o por considerar que determinados oficios no están hechos para ella.
Recuperar referentes para construir el futuro
Precisamente por eso resulta importante recuperar historias como la de las mujeres del Bajo Deba y figuras como Felipa Gisasola. No se trata únicamente de hacer justicia al pasado. Se trata también de ofrecer referentes a las nuevas generaciones.
Cuando una joven conoce que hace más de un siglo hubo mujeres en la comarca del bajo deba dedicadas al damasquinado, al trabajo especializado, a la enseñanza y al emprendimiento, cambia también su percepción sobre lo que significa trabajar en la industria.
La historia demuestra que las mujeres siempre estuvieron ahí.
Quizá no ocuparon los titulares ni aparecieron en los grandes relatos industriales, pero estuvieron en los talleres, en las casas donde se realizaban trabajos por encargo, en las escuelas, en los pequeños negocios y junto a las máquinas.
Su contribución forma parte de la historia industrial vasca.
Ahora corresponde al presente conseguir que esa participación sea visible, reconocida y plenamente igualitaria. Y al futuro, lograr que las niñas y jóvenes que hoy se acercan a la industria puedan imaginarse también como protagonistas de la próxima generación de empresas, tecnologías y máquinas que seguirán transformando nuestro territorio.
La historia de la industria vasca no puede contarse sin ellas.
Referencias bibliográficas: documentación Museo Máquina Herramienta. Archivo histórico de Eibar. Egoibarra.





















































