OPINIÓN
1951–2026: 75 años acompañando la evolución del metal y de la industria

El CEAM cumple 75 años en un momento de profunda transformación industrial

Natalia Ortega Gómez, secretaria general del CEAM

03/07/2026

En 2026, el CEAM cumple 75 años de trayectoria al servicio del metal y de la industria. La conmemoración invita a mirar atrás, no únicamente para recordar el origen de la entidad, sino también para situarlo en una evolución más amplia: la de un sector que ha sido decisivo en la industrialización, modernización y transformación productiva de Catalunya.

El metal ha ocupado históricamente un papel central en el desarrollo industrial. Desde los primeros talleres y actividades metalúrgicas vinculadas a la fabricación de maquinaria, hasta la consolidación de grandes empresas industriales y de una amplia red de pymes especializadas, el sector ha ido adaptándose a cambios económicos, tecnológicos y sociales muy profundos. Su evolución ha estado estrechamente ligada a la del conjunto de la industria: primero como soporte de la mecanización y de los bienes de equipo; más adelante, como base de la automoción, la maquinaria, los componentes, el material eléctrico y otras actividades industriales avanzadas.

El CEAM nace en ese marco de transformación. Su proceso fundacional se inició el 27 de abril de 1951, cuando Andrés Ribera Rovira, Miguel Elizalde Biada y Fernando del Pozo Querol, personas vinculadas a la Mútua Metal·lúrgica, presentaron una solicitud para constituir una asociación de fines científicos, de estudio y asesoramiento. La autorización administrativa llegó el 26 de julio de 1951 y la constitución efectiva tuvo lugar el 11 de octubre de aquel mismo año, en el domicilio de la Mútua Metal·lúrgica, en la calle Josep Anselm Clavé, 2 de Barcelona.

Aquella fecha, el 11 de octubre de 1951, puede considerarse el nacimiento formal del CEAM. En la reunión constitutiva participaron 21 personas a título personal, vinculadas a empresas representativas de la metalurgia catalana. En ella se aprobaron los estatutos y se designó la primera Junta Rectora, presidida por Joaquín Ribera Barnola, con Fernando del Pozo Querol como secretario general.

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La definición inicial de la entidad resulta especialmente significativa. El CEAM se creó con la finalidad de agrupar a quienes tuvieran interés en conocer y estudiar los problemas de carácter técnico y económico que afectaban a la industria metalúrgica. Esta formulación ayuda a entender la naturaleza de la entidad desde sus primeros pasos: no se trataba solo de reunir al sector, sino de dotarlo de conocimiento, análisis y herramientas para afrontar sus retos.

El contexto en el que se produjo este nacimiento era complejo. España salía de una etapa marcada por el aislamiento internacional, la autarquía y una fuerte intervención económica. Al mismo tiempo, en Cataluña empezaba a manifestarse un nuevo impulso industrial. La creación y desarrollo de empresas como Seat, Enasa, La Maquinista o Motor Ibérica, junto con la expansión de numerosas empresas auxiliares, reflejaban el protagonismo creciente del metal dentro de la industria catalana.

Durante los años cincuenta y sesenta, el metal fue ganando peso como uno de los motores de la economía productiva. La automoción, los electrodomésticos, la maquinaria, el material eléctrico y los bienes de equipo impulsaron una red de empresas proveedoras, talleres especializados, fabricantes de componentes y actividades de transformación. En torno a estas ramas se fue configurando un tejido industrial diverso, con presencia de grandes empresas tractoras y una base muy amplia de pequeñas y medianas empresas.

En paralelo, el CEAM empezó a desplegar líneas de actuación que acabarían definiendo su identidad. La información especializada para las empresas, la formación, las conferencias técnicas, los estudios económicos, la prevención de riesgos laborales, el asesoramiento y la mejora de la productividad fueron algunos de los primeros ámbitos de trabajo. Con el paso de los años, la entidad amplió su actividad hacia la calidad, la gestión, la financiación, la promoción exterior, la cooperación empresarial y la transferencia tecnológica.

Esta evolución no fue casual. Respondía a las necesidades de cada momento. En una etapa en la que las empresas necesitaban acceder a información técnica y económica, el CEAM actuó como un espacio de conocimiento compartido. Cuando la productividad y la organización industrial se convirtieron en factores clave de competitividad, impulsó formación y asesoramiento en métodos, tiempos y mejora de procesos. Cuando las empresas tuvieron que abrirse a nuevos mercados, reforzó actuaciones vinculadas a la internacionalización y a la cooperación. Y cuando la calidad, la prevención o la tecnología adquirieron mayor relevancia, incorporó estos ámbitos a su actividad.

La evolución del sector durante estos 75 años permite observar una transformación profunda. De una industria inicialmente orientada al mercado interior y protegida por el contexto económico de la época, se pasó progresivamente a un sector más abierto, internacionalizado y sometido a una competencia creciente. La liberalización económica, la entrada de España en la Comunidad Económica Europea en 1986, la llegada de inversión extranjera, la expansión exportadora y la integración en cadenas de valor internacionales modificaron de forma sustancial las estrategias empresariales.

También cambió la estructura del tejido productivo. Algunas grandes empresas históricas desaparecieron, se transformaron o quedaron integradas en grupos internacionales. Otras consolidaron su posición. Al mismo tiempo, las pymes industriales reforzaron su papel como proveedoras especializadas, empresas auxiliares, fabricantes de componentes, subcontratistas de precisión o firmas con capacidades técnicas muy específicas. Esta combinación de empresas tractoras y tejido pyme ha sido una de las características más relevantes del metal catalán.

La historia del sector muestra, además, una notable capacidad de adaptación. El metal ha atravesado etapas de expansión, crisis, reconversión, apertura exterior, modernización tecnológica y transformación organizativa. En cada una de ellas, las empresas han tenido que revisar sus modelos productivos, invertir, especializarse, mejorar su gestión y responder a nuevas exigencias de mercado. Esa capacidad de adaptación explica que el sector siga siendo hoy una pieza esencial de la industria.

Actualmente, el metal vuelve a situarse ante una etapa de cambio intenso. La digitalización industrial, la automatización, la inteligencia artificial aplicada a los procesos productivos, la ciberseguridad, la eficiencia energética, la descarbonización, la economía circular y las nuevas exigencias normativas están redefiniendo la forma de competir. Estos retos afectan a todas las empresas, pero tienen una incidencia especial en las pymes, que deben afrontarlos con estructuras más limitadas y con menos recursos internos.

La sostenibilidad, por ejemplo, ya no puede entenderse como un ámbito separado de la estrategia empresarial. Afecta al diseño de producto, a los materiales, a los consumos energéticos, a los procesos, a los proveedores, a la trazabilidad y a la relación con los clientes. Del mismo modo, la digitalización no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en mejorar la gestión de la información, la eficiencia de los procesos, la calidad, la planificación y la capacidad de tomar decisiones basadas en datos.

Otro desafío decisivo será el talento. La industria necesita profesionales con formación técnica, conocimiento de procesos, capacidad de adaptación y dominio de nuevas tecnologías. Operarios cualificados, mandos intermedios, técnicos de mantenimiento, especialistas en automatización, calidad, producción, robótica, datos, sostenibilidad y gestión industrial serán perfiles cada vez más determinantes. La transformación tecnológica no sustituye el conocimiento industrial; lo hace más necesario.

En este escenario, la misión que dio origen al CEAM mantiene una clara vigencia. Estudiar los problemas técnicos y económicos que afectan a la industria metalúrgica continúa siendo una tarea necesaria, aunque los problemas actuales sean distintos a los de 1951. Hoy se habla de transición energética, inteligencia artificial, regulación europea, cadenas de suministro, escasez de talento o autonomía industrial. Pero la necesidad de información rigurosa, formación aplicada, análisis sectorial, asesoramiento especializado y cooperación empresarial sigue siendo plenamente actual.

Natàlia Ortega Gómez, secretaria general del CEAM...
Natàlia Ortega Gómez, secretaria general del CEAM, entidad creada con la finalidad de agrupar a quienes tuvieran interés en conocer y estudiar los problemas de carácter técnico y económico de la industria metalúrgica: “No se trataba solo de reunir al sector, sino de dotarlo de conocimiento, análisis y herramientas para afrontar sus retos”.

Los 75 años del CEAM permiten, por tanto, establecer una línea de continuidad entre pasado, presente y futuro. La entidad nació en un momento de reorganización y crecimiento industrial, acompañó al sector en su modernización y apertura exterior, y llega a 2026 en un nuevo ciclo de transformación marcado por la tecnología, la sostenibilidad y el talento.

La conmemoración no debe entenderse solo como una mirada retrospectiva. Es también una oportunidad para reivindicar el papel del metal como base de la industria catalana y para recordar que la competitividad industrial se construye con empresas capaces de adaptarse, con conocimiento técnico, con cooperación y con instituciones que ayuden a interpretar los cambios del entorno.

Desde aquella reunión constitutiva del 11 de octubre de 1951 hasta hoy, han cambiado los mercados, las tecnologías, los modelos de empresa y las exigencias sociales. Pero el metal sigue siendo un sector estratégico, y el CEAM mantiene la razón de ser que inspiró su creación: contribuir al desarrollo, la mejora y la competitividad de las empresas industriales.

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