Sweanty, spin-off del CSIC, advierte de que la mayoría de los golpes de calor vienen precedidos por horas de pérdida de líquidos y electrolitos que ya afectan al rendimiento, la seguridad y la salud de los trabajadores más expuestos
El golpe de calor no aparece de repente: la clave está en detectar antes la deshidratación de los trabajadores
Para Sweanty, startup tecnológica nacida como spin-off del CSIC, el reto ya no consiste únicamente en reaccionar cuando el trabajador presenta síntomas graves, sino en identificar ese proceso mucho antes para evitar que llegue a producirse un golpe de calor.
“El golpe de calor es la consecuencia final de un proceso fisiológico que empieza bastante antes. Si esperamos a intervenir cuando el cuerpo ya está al límite, llegamos tarde. La prevención debe comenzar cuando aparecen los primeros signos de deshidratación y desequilibrio de electrolitos”, explica Anna Llorella, CEO y CoFundadora de Sweanty.
Más de 5,5 millones de trabajadores expuestos al calor extremo
Aunque la normativa obliga a las empresas a adoptar medidas preventivas como adaptar horarios, facilitar zonas de sombra, garantizar el acceso al agua o realizar pausas periódicas, Sweanty considera que existe una oportunidad para dar un paso más mediante estrategias de prevención personalizadas.
“No todas las personas responden igual al calor. Dos trabajadores realizando la misma tarea, en el mismo lugar y bajo las mismas condiciones ambientales pueden perder cantidades muy diferentes de agua y sodio. Esa diferencia puede marcar cuándo aparecen los primeros síntomas y cuál es el riesgo real para cada persona”, añade Llorella.
El cuerpo avisa mucho antes del golpe de calor
Durante una jornada de trabajo con altas temperaturas, una persona puede perder entre medio litro y dos litros de sudor por hora, además de cantidades importantes de sodio y otros electrolitos esenciales para el funcionamiento muscular y neurológico.
Cuando estas pérdidas no se compensan adecuadamente, aparecen síntomas que, aunque a menudo pasan desapercibidos, constituyen las primeras señales de estrés térmico: cansancio, disminución del rendimiento, dificultad para concentrarse, dolor de cabeza, calambres musculares o sensación de mareo.
“Muchas veces pensamos que el riesgo empieza cuando aparece el golpe de calor, pero en realidad el organismo lleva tiempo enviando señales de alerta. Actuar en esa fase temprana permite reducir el riesgo y proteger mejor la salud del trabajador”, señala Llorella.
De protocolos generales a prevención personalizada
Con esta misma filosofía trabaja Sweanty, que ha desarrollado SweaTracker, un parche no invasivo capaz de analizar la pérdida de líquidos y electrolitos a través del sudor y, mediante modelos predictivos, diseñar protocolos de hidratación personalizados para cada trabajador.
La solución permite conocer la respuesta fisiológica individual de cada trabajador y adaptar la reposición de agua y electrolitos antes de que aparezcan los síntomas más graves asociados al estrés térmico.
“La prevención del futuro no consistirá únicamente en medir la temperatura ambiente o reaccionar cuando el trabajador ya presenta síntomas. También consistirá en entender cómo responde cada organismo al calor para anticiparnos al problema”, concluye Llorella.





























