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Biovalle: Un ecosistema vivo capaz de transformar la tierra en fuente inagotable de energía

Carmen Egea

Periodista Agroalimentaria

02/01/2023

En 2021, la superficie de producción ecológica en España aumentó un 8% con respecto al año anterior, hasta alcanzar las 2.635.442 hectáreas; lo que sitúa la superficie agraria útil (SAU) dedicada a la producción ecológica en el 10,79%. Una tendencia en crecimiento que coloca a nuestro país a la cabeza a nivel mundial. Andalucía es líder en España en agricultura ecológica, con 1.369.439 hectáreas, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). En 2019, la superficie de cítricos ecológicos en Andalucía aumentó un 10% alcanzando las 8.973 hectáreas, y observándose un crecimiento medio anual de un 12% en los 10 últimos años. Andalucía ocupa el 54% de la superficie de cítricos ecológicos a nivel nacional. En el siguiente reportaje se narra la visita a Biovalle, una empresa cordobesa, 100% ecológica, para conocer su experiencia.

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Un paseo por el valle del Guadalquivir nos acerca a una de las zonas de la provincia de Córdoba, donde la calidad de sus naranjas se aprecia con sólo mirar los frondosos frutales que se extienden kilómetros y kilómetros a ambos lados de la carretera. Limitando con la provincia de Sevilla, llegamos al término municipal de Palma del Río. En su finca de 15,5 hectáreas, nos reciben César y Juan Salamanca. Entre el olor a naranja recién cogida y pisando las frescas gotas de lluvia, caminamos a lo largo de la riqueza y diversidad de sus verdes cubiertas vegetales, donde apenas uno se mancha la suela de los zapatos.

Estos hermanos han sabido aprovechar sus conocimientos sobre agricultura, biología y ecología, para continuar con la tradición de sus abuelos y cultivar tierras que, con los años, han ido ampliándose. Entrar por la vereda que forman sus árboles frutales, es estar en contacto pleno con la naturaleza.

Tradición reconvertida en un modo de vida

Ellos trabajan la tierra, fertilizan el suelo, recolectan, tratan directamente con el cliente, asumen las tareas de gestión de su empresa Biovalle, exploran nuevos recursos y comunican su forma de vida, ofreciendo a sus clientes un producto, que por su sabor y por cómo ha sido producido, apasiona a quienes lo han probado.

Como ambos señalan con cariño, “esto es lo que hemos heredado y hemos seguido la tradición, animándonos a experimentar el cultivo ecológico con un éxito sin precedentes”. El “alma mater” sus abuelos José Ocaña y Justa Romero, para lo que es ya más que un modo de vida. Desde aquella “huerta vieja” como señala César, “de 1,5 hectáreas y algunas que otras tierras sin cultivar, ya han pasado cerca de 25 años y aquí seguimos con la misma ilusión del primer día, con más experiencia y con ganas de poder diversificar más aún nuestra oferta”.

La idea de la reconversión a ecológico llegó a raíz del fallecimiento de su abuelo en el año 1998. Juan -amante y consumidor de productos ecológicos- aún recuerda cómo le propuso a su hermano cultivar en ecológico, “cuando por la zona no había prácticamente ninguna experiencia en cultivo de cítricos ecológicos ni sabían cómo debían hacerlo”. César, comenzó año tras año, a plantar árboles, y así fueron ampliando su superficie de cítricos. Mientras César plantaba y cultivaba en convencional, ese mismo año, en 1999, Juan se fue a estudiar su tesis en ecología acuática.

Hoy en día, conviviendo árboles de entre 4 y 70 años, ya cultivan cerca de 20 variedades de cítricos ecológicos: naranjas, limones, pomelos, limas, sanguinas… Una riqueza para los sentidos donde sus cubiertas vegetales espontáneas, han creado un entorno ajardinado en el que conviven todo tipo de plantas y flores, plagas y depredadores, polinizadores, especies de cochinillas, mariquitas, arañas, moscas, avispas, larvas… Una vida para un suelo, del que los dos sonríen orgullosos.

Tándem de éxito

Pioneros en la zona en lo que a producción y comercialización de cítricos 100% ecológicos se refiere, la sencillez y la cercanía con la que nos sumergen en su mundo, nos hace convertirnos en parte del paisaje.

“Esto es un modo de vida para quien no le moleste la hierba” asegura César, quien, tras varios días de lluvia, prepara los primeros pedidos de naranjas y limones que salen para Bélgica, Francia y Alemania.

Recién llegado de su estancia en Bélgica con unos clientes, Juan nos cuenta cómo comenzó su relación, allá por el año 2014, con quienes cada 2 años pasan unos días compartiendo experiencias, degustaciones y planificando campañas. “Nuestras naranjas son equilibradas, con una acidez fantástica y con el mejor zumo. Vendemos todos nuestros cítricos, comercializando con nuestra marca aproximadamente el 55% de lo que producimos”.

El éxito de estos dos hermanos radica en la excelente relación personal y profesional que existe entre ellos. César, agricultor ya experimentado, que conoce su explotación sin necesitar asesores externos que le digan qué precisan sus árboles frutales, su suelo, su finca; y Juan, biólogo y experto en ecológico, con una capacidad de negociación y comunicación que se hace tan cercana y amena, que por sus palabras casi saboreas sus naranjas antes de degustarlas. “En sólo dos años, de cultivar en ecológico ya nos pedían de todo, no sólo naranjas. Fue entonces cuando necesitamos comenzar a injertar. Hoy tenemos más demanda de algunas variedades y excedentes muy importantes en una variedad de naranja”.

Pero la riqueza de variedades de cítricos aún guarda un pequeño secreto: la naranja cadenera. Una naranja local, recuerdo de la infancia, cuyos árboles decidieron conservar de su abuelo. A pesar de las opiniones contrarias de muchos por querer perpetuar la vida de esos frutales, es una naranja de muchísima calidad con un zumo exquisito, a la que hay que recoger del árbol en su momento óptimo. “Hay que saber esperar” asegura Juan.

Los hermanos Juan y César Salamanca, impulsores de la empresa Biovalle, junto a un naranjo 'cadenero'

Los hermanos Juan y César Salamanca, impulsores de la empresa Biovalle, junto a un naranjo 'cadenero'.

“Hemos hecho muchas degustaciones y a todos les encanta. Tenemos clientes sobre todo del norte de España, a quienes les vuelve loco esta variedad”. De él escuchamos su historia. “No es autóctona, sino una variedad de cultivo local, en peligro de extinción. Antiguamente se cultivaba por media España y al darse cuenta que era excepcional le pusieron nombre en 1870”. Para Juan, “con el tiempo, al ser árboles muy grandes, dar mucho fruto y ser naranjas de un calibre menor, su uso se fue destinando sólo a zumo, siendo éste de extrema calidad y sabor. Surgieron otras variedades y muchos dejaron de cultivarla”. El núcleo más grande de cadenera se centró en torno al río Guadalquivir y Genil, en Palma del Río (entre dos ríos, de ahí su nombre). Hoy probablemente puedan llegar a unas 100 hectáreas de cadeneras.

Su pasión por las buenas naranjas, ha hecho que Biovalle cuente con esta variedad exclusiva, cultivada en ecológico, a la que se le conocía como la ‘naranja española’. Juan asegura que “lo que habría que cambiar hoy en día para cultivarla es su manejo, ya que al ser árboles tan grandes dificultan su recogida y hace que la fruta sea, a pesar de su extraordinario sabor, de menor calidad visual por su tamaño más reducido”.

Ellos han querido homenajear esta variedad, dejando “algún árbol con su tamaño original para que se pueda apreciar su frondosidad, y cultivando el resto de frutales cadeneros con el mismo tamaño que el resto de naranjos, aireados, bien podados (manualmente siempre) y cuidados, que dan un calibre grande, sabroso y jugoso”. Es la variedad más exclusiva de Biovalle, de producción muy limitada, y que es demandada por chefs y pasteleros de reconocido prestigio, por su gran aroma y sabor; así como por profesionales que elaboran mermeladas, aceites esenciales, etc.

“Tener una buena cubierta vegetal es fundamental. Las hierbas son como las placas solares, porque son las que introducen la energía del sol en tu tierra y va transformando el producto”

Un ecosistema vivo y equilibrado

Una economía circular y una mentalidad de aprovechamiento absoluta, donde la naturaleza tiene mucho que decir; donde se aprende a valorar el poder de un suelo nutrido y fértil, preparado para recoger y aprovechar al 100% cada gota de agua y todos los nutrientes que recibe.

Así es la forma en la que César y su hermano Juan conciben trabajar sus casi 16 hectáreas de cítricos en cultivo ecológico. “El secreto no es otro que dar a la tierra la libertad de tomar lo que necesita, crear un ecosistema rico y vivo, equilibrado; en el que todos los componentes del mismo interactúen de la mejor manera posible: Diversidad y buen suelo”. Ambos han sido capaces de conseguirlo tras muchos años de esfuerzo y trabajo.

Han querido enfocar su filosofía de trabajo, en ofrecer productos exclusivos valorados no sólo en España, sino en gran parte de Europa y por quienes, procedentes de Japón, han vivido una experiencia agroturística única. Una producción que el año pasado rondó los 450.000 kilos. Aunque prevén que esta campaña, la producción de cítricos ecológicos baje en general un 30%, son muy optimistas, pues esperan que gracias a las lluvias caídas, la naranja tardía alcance un buen tamaño.

Entre sus naranjas encontramos las variedades Navelina, Salustiana, Cadenera, Washington Navel, Navel Cara Cara, Sucreña (o naranja Imperial), conocida también por Naranja de Malta. Componen una gran selección de frutas ecológicas. Con estas dos últimas (Navel Cara Cara y Sucreña) están experimentando actualmente para conocer la aceptación entre sus clientes. “Los clientes más mayores son quienes nos piden la naranja de Malta, ya que les transporta a su niñez, cuando envueltas en papel, se vendían en el mercado” destaca Juan. Es entonces, cuando en sus ojos y en su voz, se percibe que vuelven esas memorias que mantienen intactas de la huerta vieja de 1,5 hectáreas que tomaron de las manos de sus abuelos. “Ese limón dulce, como la naranja de Malta que conservamos con 5 árboles y que tanto gusta a nuestros clientes”, se escucha con nostalgia decir a César.

La cubierta vegetal espontánea es una de las claves en la gestión del suelo y el cultivo en sistema ecológico
La cubierta vegetal espontánea es una de las claves en la gestión del suelo y el cultivo en sistema ecológico.

“La expansión es una de las ideas que actualmente barajan”, afirma César, “para ampliar la oferta a una demanda de productos que cada año va siendo mayor”. Su campaña ha comenzado el 12 de diciembre, con Navelina, y la seguirán Salustiana y Cadenera, terminando con Barberina. “Buscamos completar la producción con unas variedades de ‘navelinas’ tardías como Navel Powel y Lane Late”, comparte César.

La clave del éxito, en su ya afianzado camino de producción y venta de cítricos ecológicos, se basa en “la mentalidad”, afirma Juan. “El cambio de mentalidad es fundamental para cambiar la forma de producir. No se puede producir ecológico y no querer la hierba, ese abono orgánico que es vida, energía”. En cuanto al manejo del cultivo, Juan es firme, “la tierra debe ser la que sostenga tu plantación”.

Aunque la fertilización orgánica es más difícil, sobre todo durante los primeros años, es lo más importante. La agricultura ecológica hace que sea la tierra la que sostenga esos cultivos, alimentados de materia orgánica con una riqueza, una biodiversidad, unos microorganismos que van trabajando día a día y que son excepcionales. La estructura de la tierra que se alimenta con micronutrientes y que favorece la lucha biológica, la sanidad vegetal, el descubrimiento de nuevos nutrientes, ayudan a la fijación del nitrógeno. Para ellos, el compost peletizado ayuda a que el nitrógeno, desde el primer año, forme parte del suelo durante meses.

“Tener una buena cubierta vegetal es fundamental. Las hierbas son como las placas solares, porque son las que introducen la energía del sol en tu tierra y va transformando el producto”, asegura Juan. “Gracias a estas cubiertas vegetales, ahora mismo, a pesar de las lluvias caídas, podemos vender las variedades más tempranas, la Navelina. En cambio, otros agricultores no pueden vender porque no pueden recolectar con un suelo completamente anegado de agua”.

La pendiente del suelo, cuando hay una lluvia de unos 30 litros por metro cuadrado, sufre erosión. “Nuestro suelo infiltra el agua, y toda esa agua caída, en una hora, ha desaparecido repartida entre todas las plantas y el ecosistema de la finca; siendo las diferentes plantas con sus raíces a diferentes profundidades, las que bombean gran cantidad de nutrientes a la superficie”. Viven de una ecología que consiste en cuidar y nutrir el suelo para ofrecer lo mejor a sus cítricos. Pocas plagas tienen que tratar. El hongo por aguado, sólo han tenido que tratarlo unas 3 veces en todos los años de vida de su explotación ecológica, pues su suelo no suele darles ese problema. Por mencionar alguna plaga, el piojo rojo (un insecto chupador de savia), ha sido un par de veces al año tratado con aceite de parafina, junto con una buena poda para que la aireación y la luz permitan llegar mejor a todos los frutos del árbol durante el tratamiento. “Lo mejor -para César y Juan- es controlar las plagas gracias a los depredadores naturales y que esa relación entre todos los componentes del ecosistema, les permita vivir con lo que hay en la naturaleza de la mejor manera posible”.

Recolección manual del cultivo
Recolección manual del cultivo.

Mercado y economía circular

Particulares, tiendas convencionales, grupos de consumo en todas las provincias de España, pueden saborear las naranjas Biovalle. Una clientela fiel, que se suma por cómo se trabaja el producto, por la confianza y por su extraordinario sabor, inolvidable para el paladar.

Podemos comprobar cómo los pedidos llegan a través de su tienda online, del teléfono, del correo electrónico, de clientes que directamente recogen el producto en su finca. Destino a hogares, restaurantes, tiendas de Extremadura, Madrid, País Vasco, Galicia, Asturias, Bélgica, Francia, Suiza, Alemania, etc. También a través de la central de pedidos que comparten en Subbética Ecológica, donde productores ecológicos venden sus productos y donde ellos son los productores de cítricos. El 50% de su producción va dirigida a los mercados de fuera de España y de ese 50%, el 30% tiene como destino Francia y el 60% Bélgica, donde exportan entre 4 y 6 palets a la semana.

Sus frutos han encontrado un buen nicho de mercado, en el que se produce un 0% de desperdicio. Como ambos mencionan satisfechos ante la degustación de sus navelinas, “de la finca sólo salen las naranjas que se venden, todo lo demás se queda en la finca” como un modo de aprovechamiento y economía circular, donde su plan de residuos es el “regalo de compost que hacen a su tierra”.

Y entre el sabor y el olor dulce y ácido de una naranja recogida en su tiempo justo, nos relajamos hablando de las mermeladas que hacen con sus naranjas algunos colectivos de integración, las naranjas deshidratadas de Natur Snack en Valladolid, la miel de azahar que sale de sus campos, de las visitas y degustaciones que han deleitado a japoneses, franceses, alemanes, vascos, madrileños… entre naranjos, entre dos ríos, en las ricas y fértiles tierras de Palma del Río.

El agroturismo como actividad de promoción y para transmitir los valores de una producción de fruta sostenible e integrada en la naturaleza.
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