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El papel de la ventilación en el control de enfermedades y plagas

La mejor vacuna, un buen ventilador

Paz García, directora de Segmento de Mercado Alimentario de Ziehl-Abegg S.E.

15/04/2021
Microorganismos. En boca de todos estos días, aterradores como causa directa o vector de las más inesperadas infecciones o enfermedades y ni siquiera podemos verlos para combatirlos. También constituyen una de las principales amenazas para la moderna horticultura de precisión. Los microorganismos patógenos son responsables de las más cuantiosas pérdidas.

Por microorganismos debemos entender bacterias, protozoos, algas y hongos; también los virus se clasifican como tales en ocasiones, aunque no se consideren organismos vivos.

Desde el Neolítico y el origen de la agricultura uno de los principales retos para el ser humano ha sido el control de enfermedades y plagas en las plantas domésticas, enfermedades y plagas que reducen el rendimiento del cultivo y comprometen la seguridad de sus productos.

Foto: CDC en Unsplash
Foto: CDC en Unsplash.

Hemos convivido con ello durante miles de años; la revolución agrícola y los avances tecnológicos de los últimos dos siglos, lejos de haber superado esta circunstancia, han venido a exacerbarla en muchos casos, de la mano de fenómenos como la globalización, la propagación intra e intercontinental de agentes causantes o transmisores, la especialización productiva, el monocultivo, la transgénesis, la reducción de acervo genético…

A finales del s XIX aparece oficialmente la Fitopatología como disciplina científica y herramienta de lucha, una herramienta indudablemente útil y efectiva, aunque conlleva sus correspondientes contraindicaciones y efectos secundarios: toxicidad, reacciones indeseadas, resistencias… Llegamos a otro tema de total actualidad y francamente complicado de manejar, la evaluación de beneficios e inconvenientes colaterales provocados por el uso de un producto fitosanitario.

Tenemos un problema

El mismo problema del Neolítico trasladado y evolucionado al s. XXI.

¿Cómo lo resolvemos?

Pues lo cierto es que en algunos casos no podemos, o tirando de proverbial positivismo, aún no sabemos cómo.

Un buen ejemplo es el hongo resistente Phytophthora, capaz de variar su comportamiento en función de las condiciones ambientales y que afecta cada vez a mayor número de especies. Después de innumerables estudios y ensayos sobre el control de esta enfermedad se ha llegado a la conclusión de que sí es posible prevenirla salvo en casos de infección extrema del sustrato, pero su curación y erradicación es tremendamente complicada sino imposible.

En este punto debemos plantearnos si la cuestión está bien abordada, si el objetivo está bien definido y si estamos haciéndonos las preguntas adecuadas.

La cuestión es la limitación de rendimiento cualitativo y cuantitativo causado por eventuales ataques de microorganismos patógenos.

Pero nuestro objetivo no debe ser erradicarlos. Ya hemos aprendido que una escalada de violencia no es una solución a medio, largo plazo, de hecho, a menudo genera más inconvenientes. El fin es controlar y minimizar el impacto en nuestro cultivo y para conseguirlo debemos cambiar la pregunta:

¿Cómo lo prevenimos?

Para responder también contamos con una herramienta increíblemente potente: el manejo integrado de plagas, que amplia el enfoque y en lugar de centrarse en el problema considera todos los factores interrelacionados en busca de resultados eficientes.

Enfermedades y plagas

Las plantas sufren enfermedades, infecciones causadas por un microorganismo patógeno o por un agente abiótico. Las plagas implican infestaciones de macroparásitos, insectos y ácaros.

“Cada año, hasta un 40 por ciento de los cultivos alimentarios a nivel mundial se pierden a causa de plagas y enfermedades de las plantas”.1

Sin embargo la existencia de uno de estos agentes, bióticos o abióticos, no es suficiente para que se desencadene un problema; las condiciones ambientales deben ser las adecuadas para el ataque y la multiplicación. Es decir, tenemos tres factores de interactuación para que se desencadene la temida situación: cultivo, micro/macro organismo patógeno y condiciones ambientales adecuadas.

Foto: Viktor Forgacs en Unsplash
Foto: Viktor Forgacs en Unsplash.

Gestión integrada en entorno controlado

Este enfoque aspira a mejorar la eficiencia en el manejo de las diferentes plagas mediante el empleo de todas las técnicas de control a nuestro alcance; se centra en la prevención, la eficiencia es el concepto clave. Se asume en muchos casos la coexistencia con plagas y patógenos en búsqueda del mínimo impacto ambiental y la mejora de la sostenibilidad de los sistemas de cultivo. La mejor forma de conseguirlo es combinar la resistencia de la variedad (biotecnología), optimizar el control ambiental y las prácticas culturales y, en caso de que la amenaza se convierta en problema, utilizar el control biológico y químico.

Dentro del ámbito de la horticultura de precisión el uso de semilla seleccionada y certificada no debería ser cuestionado, a pesar de su elevado costo.

El control ambiental y las prácticas culturales comienzan con la localización, el diseño, el dimensionamiento y la elección de materiales para la instalación de cultivo intensivo. Pasan por las labores de fertilización, riego, control de temperatura, iluminación y demás operaciones de manejo. Culminan en el cálculo y la optimización del sistema de ventilación. Estas prácticas deben estar focalizadas en reducir el nivel inicial de inóculo y minimizar la tasa de infección e infestación.

Los tratamientos fitosanitarios siempre se tienen en cuenta, si bien es importante su utilización justificada para mantener sus niveles de eficacia cuando sea realmente necesario su uso.

El objetivo de un invernadero es producir plantas de interés económico en un entorno protegido ante condiciones ambientales adversas.

Dentro de estas instalaciones el ambiente es típicamente cálido, húmedo, sin viento; intentamos crear las condiciones más confortables para el desarrollo de cultivos… que también son a menudo las ideales para la multiplicación de agentes patógenos.

La mayoría de las infecciones por hongos y bacterias ocurren en una lámina de agua sobre la superficie de la planta; de hecho, las enfermedades producidas por agentes bióticos en condiciones de baja humedad relativa no son muy importantes.

Los insectos necesitan agua para reproducirse y desarrollarse.

La teórica ventaja que estas instalaciones ofrecen en términos de control de plagas y enfermedades es que se trata de un entorno aislado donde es posible tomar medidas preventivas eficientes, controlar las condiciones ambientales, identificar de forma temprana un problema y aplicar de forma efectiva las medidas correctivas correspondientes.

La realidad pasa en muchos casos por entornos no herméticos donde el intercambio y la circulación de aire son insuficientes, con la inevitable tendencia hacia el incremento de temperatura y humedad; el perfecto caldo de cultivo de muchos hongos y bacterias. En estas condiciones, si se produce el ataque, el desarrollo de la enfermedad o la plaga se verá acelerado y los efectos serán patentes e inmediatos.

El papel de la ventilación

Cada vez estamos más familiarizados con los efectos positivos de la ventilación forzada en un invernadero: el control de los factores climáticos, temperatura y humedad, el impacto sobre la concentración de CO2 y la optimización del equilibrio energético del sistema.

Sin embargo, su papel preventivo en el control de plagas y enfermedades aún no tiene la visibilidad correspondiente a su impacto.

La medida más versátil, económica y accesible de prevenir problemas fitosanitarios es asegurar una correcta ventilación. El movimiento de aire dentro de un invernadero o una sala de cultivo dificulta las condiciones de ataque de agentes patógenos. Reduce o incluso elimina las condensaciones de agua en las distintas superficies de la planta. Dificulta o impide el movimiento de parásitos. Incrementa la resistencia de las plantas. Reduce significativamente la incidencia de episodios extremos.

Como medidas suplementarias se deben observar marcos de cultivo suficientes para permitir una buena aireación entre plantas, un manejo adecuado del riego y una higiene óptima en cuanto a limpieza de instalaciones y control de los espacios de intercambio de aire (puertas, conductos, filtros…).

Desde el punto de vista del manejo integrado de plagas y enfermedades, este capítulo se revela definitivamente como la inversión más rentable y eficiente, tanto en un invernadero como en una instalación de cultivo de precisión.

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Conclusiones

Para concluir me gustaría incidir en tres puntos principales:

  • Las amenazas se previenen, los problemas se resuelven. Una de las principales amenazas en un cultivo intensivo protegido es la aparición de un problema sanitario y se debe evitar por todos los medios que esta amenaza se convierta en un problema.
  • Las herramientas deben ser no sólo efectivas sino también eficientes y esta eficiencia debe buscarse desde un punto de vista global: medidas preventivas prácticas, energéticamente optimizadas para rentabilizar el resultado de la producción.
  • La medida preventiva más versátil, económica y accesible de prevenir problemas fitosanitarios es asegurar la correcta aireación de la instalación a través de sistemas de ventilación tecnologicamente avanzados, sin mantenimiento y de reducidísimo consumo energético.
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