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Cuando hablamos de la producción de piensos, la elección de materias primas puede tener un peso determinante en los resultados de huellas ambientales

¿Es más sostenible producir aquí o importar las materias primas para la fabricación de piensos?

Marta Ruiz-Colmenero1, Ariadna Bàllega1, Victor Rancaño1, Miquel Andón1, Maria Devant2,3

1Programa de Sostenibilidad en Biosistemas, IRTA.

2Programa Nutrición Animal, IRTA.

3Programa Rumiantes, IRTA.

10/08/2026

Este artículo analiza la sostenibilidad ambiental de las materias primas utilizadas en la fabricación de piensos, a partir de herramientas de Análisis de Ciclo de Vida, con especial atención a la elección entre producción local e importación.

Fábrica de piensos
Fábrica de piensos.
Desde hace algún tiempo existe una duda bastante extendida en el sector de la fabricación de piensos: ¿es más sostenible el maíz, la soja u otras materias primas producidas localmente o importarlas de otros orígenes? Esta cuestión es especialmente relevante en territorios con un peso importante de la industria de piensos, donde la elección de ingredientes tiene un impacto directo tanto en la sostenibilidad ambiental como en la competitividad del sector ganadero.

Como en la mayoría de las ocasiones, no existe una respuesta universal. Sin embargo, sí hay algunas ideas clave que conviene aclarar.

La sostenibilidad abarca dimensiones ambientales, económicas y sociales, y el peso de cada dimensión varía en función del territorio, el manejo y el momento. Lo que está claro es que la sostenibilidad en la producción agraria debe tener en cuenta la viabilidad económica de las explotaciones, el bienestar de la sociedad y la protección del medio ambiente. Y que, en el caso de la fabricación de piensos, la sostenibilidad ambiental de las materias primas debe evaluarse considerando además su contribución al impacto global del pienso, sin perder de vista la viabilidad económica de las explotaciones, y el suministro estable de ingredientes.

En este artículo nos centramos en el aspecto ambiental y explicamos cómo se mide mediante el Análisis de Ciclo de Vida (ACV), por qué los resultados pueden variar según el contexto, y qué podemos concluir de forma práctica para orientar decisiones al sector.

El Análisis del Ciclo de Vida: una metodología para comparar impactos

Si nos centramos en el impacto ambiental, para medirlo de forma rigurosa se utiliza el Análisis de Ciclo de Vida (ACV). Esta metodología puede aplicarse para evaluar ambientalmente todos los procesos asociados a una materia prima. En este contexto, es necesario definir cuál será el alcance del estudio. Si hacemos el análisis hasta el nivel de explotación, incluiremos todos los impactos generados en la producción primaria, desde la extracción de recursos naturales (por ejemplo, minerales empleados para la producción de fertilizantes, agua para el riego, etc.) y la producción de inputs (por ejemplo, fabricación de fertilizantes o maquinaria agrícola) que se necesitarán en el campo, pasando por la aplicación de fertilizantes (o productos fitosanitarios), o durante su uso (por ejemplo, combustión de diésel de las operaciones agrícolas), hasta su almacenamiento.

El siguiente eslabón de la cadena corresponde al transporte de estas materias primas hasta la fábrica. Si el alcance del estudio incluye también la fábrica de pienso, será necesario añadir el impacto del consumo de energía, de agua y del resto de inputs, así como las emisiones y la gestión de residuos en la fábrica (Figura 1).

A partir de aquí, se calculan los impactos potenciales de la actividad o producto en cuestión en las diferentes categorías ambientales, incluyendo la conocida huella de carbono o la huella hídrica, pero también otras menos conocidas, como las relacionadas con la contaminación del suelo y el agua (por ejemplo, procesos de eutrofización), las relacionadas con la toxicidad, tanto para los ecosistemas como para los seres humanos, o con la disponibilidad de recursos, entre otros.

El ACV normalmente no ofrece un “veredicto único”, sino que permite identificar en qué puntos hay mayor margen de mejora. Puede convertirse, así, en una herramienta que nos ayude a priorizar dónde y cómo invertir los esfuerzos si queremos mejorar la sostenibilidad ambiental de nuestro producto.

La industria europea de piensos utiliza crecientemente el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) para calcular las huellas ambientales de sus formulaciones...
La industria europea de piensos utiliza crecientemente el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) para calcular las huellas ambientales de sus formulaciones.

La interpretación de los resultados dependerá del objetivo que tengamos. Por ejemplo, qué problemas ambientales queremos priorizar. Si se prioriza el cambio climático, quizás a nivel global se promueva utilizar manejos que ayuden a mitigarlo. Sin embargo, en una cuenca hidrográfica con mayor escasez hídrica, la prioridad debería ser producir un producto con la menor huella hídrica posible.

El uso de fertilizantes en exceso o en condiciones climáticas no idóneas puede generar filtraciones de nitratos y, por tanto, la contaminación de aguas subterráneas, pudiendo ocurrir lo mismo con el exceso de nutrientes como el fósforo, con afectaciones por igual a los ecosistemas acuáticos cercanos. Categorías como la eutrofización pueden convertirse en prioritarias. Por ejemplo, cuando hay poblaciones que dependen de acuíferos cercanos o bien ecosistemas acuáticos sensibles que podrían verse afectados. Categorías como la ecotoxicidad del agua dulce tienden a tomar protagonismo cuando se cultiva en suelos degradados o vulnerables, o en zonas cercanas a comunidades vegetales de interés, donde la acumulación de metales o fitosanitarios puede tener efectos a largo plazo.

Por tanto, los resultados pueden variar en función de las condiciones pedoclimáticas de la región de origen y las prácticas agrícolas (tipo de fertilizante y modos de aplicación, necesidades de riego y nivel de estrés hídrico en la zona, etc.).

Además, todo esto se verá reflejado, en principio, en los rendimientos de los cultivos. De hecho, dado que la huella ambiental normalmente en estos casos se calcula por unidad de producción (por ejemplo, por kg de grano), cualquier factor al que el sistema sea especialmente sensible suele repercutir en los rendimientos y, por tanto, queda integrado de forma implícita en los resultados del ACV.

Por lo que se refiere al transporte, en general no es el factor que más pesa en la huella total ya que suele tener un peso inferior al de la forma de producción. Ahora bien, el resultado depende, sobre todo, del tipo de transporte, aunque también de la carga, el combustible y la distancia.

El ACV es, pues, una herramienta muy útil, pero es necesario interpretarla bien: hay que entender qué se ha incluido, qué no, y cuál es el objetivo de la comparación.

Figura 1...
Figura 1. Principales eslabones de la cadena y ejemplo de datos a considerar para cuantificar el impacto ambiental de la producción de un pienso mediante el Análisis del Ciclo de Vida (ACV).

Un ejemplo: la soja local versus la soja importada

Si volvemos a la pregunta inicial, "¿Es más sostenible producir aquí o importar?", la soja nos ofrece un buen ejemplo.

Por lo que respecta a la huella de carbono, la soja importada de países que cultivan en zonas con cambio de uso del suelo (por ejemplo, algunas regiones de Brasil), suele presentar una huella de carbono superior a la que podría producirse en Cataluña, siempre que se alcancen rendimientos adecuados. Los valores de bases de datos públicas muestran tendencias claras. La huella de carbono de la soja puede variar entre 0,33 y 5,57 kg CO2 eq/kg (Tabla 1; disponibles también para el maíz en la Tabla 2), dependiendo de la región y del cambio de uso del suelo. Estos datos tienen su origen en la iniciativa Huella Ambiental (Environmental Footprint en inglés) de la Comisión Europea, siendo públicas y disponiendo de algunos puntos de datos (14 datos de diferentes orígenes disponibles en la base de datos para la soja, 29 para el maíz).

Además de la huella de carbono es necesario tener en cuenta la huella hídrica. A este respecto, los valores son muy variables, ya que tienen en cuenta la disponibilidad hídrica de cada área, dependiendo de si se hace a nivel nacional, regional o de cuenca hidrográfica. Si se trata de un cultivo irrigado, una vez sabemos cuánta agua debe aplicarse, las preguntas clave son: ¿cuál es el estrés hídrico de la cuenca? ¿Es el agua un recurso abundante o escaso? ¿Se utiliza agua subterránea vulnerable? ¿Existe competencia con otros usos? Incluso si el riego aumenta la producción, es necesario medir si compensa o no compensa el aumento de la huella hídrica.

En Cataluña, estos valores pueden ser más elevados o más bajos según la cuenca hidrográfica de la que se extraiga el agua de riego, el sistema de riego y los rendimientos conseguidos. Según los valores recogidos en bases de datos públicas, la producción de soja puede variar entre 0,01 y 14,47 m3 agua eq/kg (ver Tabla 1 y disponibles también para el maíz en la Tabla 2). Estos datos tienen su origen en la iniciativa Huella Ambiental de la Comisión Europea, siendo públicos y disponiendo de ciertos puntos de datos (14 datos de diferentes orígenes disponibles en la base de datos, 29 para el maíz).

Por tanto, puede que un sistema local tenga una huella de carbono favorable pero una huella hídrica elevada en una cuenca ya estresada, mientras que una soja importada tenga una huella de carbono más alta debido al cambio de uso del suelo, pero provenga de una región con mayor disponibilidad de agua. Es aquí donde el ACV multicriterio ayuda a poner cifras a estos compromisos entre categorías de impacto (conocidas como trade-offs en inglés), ya que mejorar una puede conllevar contrapartidas en otra.

En las Figuras 2 y 3 se puede observar este mismo comportamiento, donde Brasil tiene la huella de carbono más alta y la huella hídrica de las más bajas en el caso de la producción de soja de entre los orígenes evaluados, según datos públicos de la iniciativa Huella Ambiental de la Comisión Europea. También puede observarse la situación inversa en México, donde la huella de carbono es considerablemente baja, pero, por el contrario, la huella hídrica es la más alta, según la base consultada y los escenarios modelizados.

Al mismo tiempo se pueden dar casos como es el ejemplo de Francia, donde ambas huellas son relativamente bajas, pero hay que considerar que estas dos huellas sólo son una parte de la huella ambiental, la cual se compone de una serie de categorías ambientales para poder englobar todos los aspectos que puedan afectar a la salud de los seres humanos y la de los ecosistemas, así como al agotamiento de los recursos. También pueden darse situaciones en las que, aunque la huella sea mejor en una región, sencillamente no exista suficiente disponibilidad de la producción.

Por tanto, y en coherencia con lo anteriormente mencionado, asumir que la producción de un producto es siempre mejor en un lugar específico es erróneo, ya que hay que considerar todas las variables dentro de cada caso, no sólo en términos de incluir todos los aspectos ambientales, sino también considerar las prácticas particulares de cada lugar, el manejo, los recursos o la sensibilidad del territorio donde se cultive.

En la Figura 3 se pueden observar comportamientos similares en el caso del maíz. Sin embargo, no tan claramente marcados como para el caso de la soja. En esta figura es interesante destacar el caso de España, ya que se incluye dentro de lo comentado hasta ahora: una huella de carbono media-baja y una huella hídrica alta. Si se pone el foco en el que podría representar el caso en Cataluña, se podría decir que, hasta ahora, sin tener en cuenta el último año, el territorio se situaba en un contexto de escasez hídrica, lo que comportaba una mayor repercusión en la huella hídrica. Sin embargo, si se hace diferencia por cuenca hidrográfica, los resultados pueden variar mucho entre unas zonas y otras dentro de la propia Cataluña, ya que las condiciones de estrés hídrico no son uniformes. Por tanto, sería interesante poder disponer de datos locales y más específicos en función de la cuenca hidrográfica, para poder ver las particularidades del territorio.

Por consiguiente, no existe un origen “mejor por defecto”, depende del contexto local (clima, cuenca hídrica, suelo), de las prácticas (fertilización, manejo del riego, rotaciones, cubiertas), de los rendimientos y de si existe o no cambio de uso del suelo en origen del producto importado.

Esto ilustra la idea clave: no existe un origen “mejor por defecto”. Cada contexto pesa distinto.

Tabla 1. Resultados de las huellas de carbono (PC) e hídrica (PH) para el caso de la producción de soja...
Tabla 1. Resultados de las huellas de carbono (PC) e hídrica (PH) para el caso de la producción de soja. (Fuente: Iniciativa Huella Ambiental de la Comisión Europea). Ver Tabla 3 para la relación entre los países y su respectivo código.
Tabla 2. Resultados de la huella de carbono (PC) y huella hídrica (PH) para el caso de la producción de maíz...
Tabla 2. Resultados de la huella de carbono (PC) y huella hídrica (PH) para el caso de la producción de maíz. (Fuente: Iniciativa Huella Ambiental de la Comisión Europea). Ver Tabla 3 para la relación entre los países y su respectivo código
Figura 2. Impacto sobre el cambio climático (PC) y la huella hídrica (PH) relacionada con la producción de soja en diferentes países...
Figura 2. Impacto sobre el cambio climático (PC) y la huella hídrica (PH) relacionada con la producción de soja en diferentes países. Datos extraídos de la iniciativa Huella Ambiental de la Comisión Europea. Ver Tabla 3 para la relación entre los países y su respectivo código.
Figura 3. Impacto sobre el cambio climático (PC) y la huella hídrica (PH) relacionado con la producción de maíz en diferentes países...
Figura 3. Impacto sobre el cambio climático (PC) y la huella hídrica (PH) relacionado con la producción de maíz en diferentes países. (Fuente: Iniciativa Huella Ambiental de la Comisión Europea). Ver Tabla 3 para la relación entre los países y su respectivo código.
Tabla 3. Relación entre los países y su respectivo código
Tabla 3. Relación entre los países y su respectivo código.

¿Qué nos dicen los Análisis de Ciclo de Vida de las materias primas para piensos?

El sector de la producción de piensos de Cataluña desempeña un papel crucial en la cadena agroalimentaria, particularmente en el caso de la industria porcina, pero también para otras especies (bovino de carne, aves de corral, etc.). A nivel estatal, Cataluña destaca como una de las regiones líderes en la fabricación de pienso, con una red de instalaciones productivas y centros de innovación que contribuyen a garantizar la competitividad de la ganadería. En el contexto europeo, Cataluña tiene una contribución relevante en el suministro de piensos de la UE.

Cuando hablamos de la producción de piensos, la elección de materias primas puede tener un peso determinante en los resultados de huellas ambientales. Sin embargo, la formulación también depende de muchos otros aspectos, como las necesidades nutricionales de los animales, la calidad nutritiva, la disponibilidad y estabilidad de suministro, o el precio (sensible al contexto del mercado y a circunstancias excepcionales). Cada vez más, este sector quiere incorporar la huella ambiental como un criterio más a la hora de definir las fórmulas de pienso.

La industria europea de piensos utiliza crecientemente el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) para calcular las huellas ambientales de sus formulaciones. Esto permite diferenciar productos con mejor comportamiento ambiental y crear valor para productores y compradores que acrediten huellas más bajas, respondiendo mejor a las demandas de la cadena y de la sociedad. Para realizar estos cálculos, y tener en cuenta el impacto ambiental de las materias primas, se utilizan bases de datos. Es importante entender de dónde salen estos valores.

Si bien, a día de hoy, existe una gran disponibilidad de datos en el mercado, es necesario conocer cómo se han modelizado estos datos para saber qué limitaciones y ventajas ofrecen, e interpretar correctamente los resultados. A modo de ejemplo, podemos tener un dato muy específico de la producción de soja en una región determinada porque la base de datos que la ofrece identifica las particularidades de cada zona específica. Esto implica que, a menudo, se han modelizado recogiendo datos directamente del campo, cuantificando los inputs y dejando en evidencia las diferencias de producción entre las distintas regiones.

Sin embargo, también pueden darse casos en que el dato que represente la producción específica del cultivo en diferentes regiones, sea de una base de datos donde se haya modelizado teniendo en cuenta datos estadísticos a nivel de país o, incluso, a nivel de continente. Estos datos, pues, nos ofrecen una gran cobertura geográfica, son útiles para tener una foto global, pero pueden contener limitaciones a conocer. Dicho de otro modo, si queremos que el ACV sirva para impulsar mejoras a nivel de explotación, es clave disponer de datos específicos que reflejen cómo es (por ejemplo, clima, suelo, disponibilidad de agua, rendimientos, etc.) y cómo trabaja (por ejemplo, prácticas habituales) cada zona.

Por todo ello, para avanzar en comparaciones rigurosas, es necesario disponer de bases de datos de inventario locales. Actualmente no existe una base de inventario catalana para estas materias primas, y a menudo es necesario adaptar bases de datos secundarias construidas en otros países (con climas, suelos, rendimientos, prácticas de fertilización, distancias de transporte o condiciones energéticas diferentes), o bien realizar ACVs con datos primarios a nivel de explotación.

Esta última vía es muy valiosa porque refleja las prácticas reales del territorio, pero requiere el compromiso del agricultor para compartir un volumen elevado de datos detallados (inputs, dosis y momentos de aplicación, rendimientos, consumo de agua y energía, operaciones, transporte, etc.), y requiere una gran inversión de tiempo en esta recogida y validación de datos (Figura 4). En ausencia de datos locales sólidos, las comparaciones aumentan su nivel de incertidumbre y resulta más difícil capturar y poner en valor las ganancias reales de las buenas prácticas en el territorio.

La visión de cadena (del campo a la fábrica), requiere trazabilidad. Si las materias primas se integran con indicadores de ACV trazables, las fábricas de pienso disponen de un criterio operativo y verificable para priorizar unos productos frente a otros (por ejemplo, lotes sin cambio de uso del suelo, con huella hídrica menor en la cuenca correspondiente, o con mejores estrategias de fertilización y manejo del suelo).

Por tanto, la industria productora de piensos que desee incorporar el criterio ambiental a su formulación, debe priorizar proveedores sin cambio de uso del suelo, participar en proyectos o esquemas de certificación (por ejemplo, la Producción Agraria Sostenible, PAS) que permitan medir y demostrar mejoras ambientales.

Esto facilita acuerdos de compra más informados, incentiva la mejora continua en las explotaciones y una mejor alineación entre objetivos ambientales, formulación nutricional y viabilidad económica.

En este sentido, la PAS promoverá una certificación voluntaria que incorpore criterios ambientales (prácticas agronómicas, huellas ambientales y otros indicadores agronómicos), económicos y sociales, en un marco común y comparable. Puede ser una herramienta muy completa para ayudar a traducir los resultados del ACV en acciones concretas (mejora de la eficiencia del riego, fertilización ajustada, manejo del suelo, etc.) que refuercen tanto la sostenibilidad ambiental como la viabilidad y resiliencia de las explotaciones.

Figura 4. Principales retos que dificultan la realización de ACVs rigurosos en la producción de materias primas para pienso...
Figura 4. Principales retos que dificultan la realización de ACVs rigurosos en la producción de materias primas para pienso.

Conclusiones

Comparar las huellas de materias primas con diferentes orígenes geográficos no conduce a concluir que, si la huella ambiental de una materia prima local sale con mayor impacto, es necesario importar más, sino que ayuda a identificar dónde es necesario mejorar. Asimismo, es importante analizar el conjunto global en relación con el impacto ambiental, y no solamente al cambio climático o a la huella hídrica.

El ACV es una base sólida para orientar decisiones en el sector de piensos y en el conjunto de la cadena agroalimentaria. Los ejercicios de ACV sirven para identificar puntos débiles ambientales, ver dónde tiene sentido invertir esfuerzos, detectar dónde hay margen de mejora en la producción local, y valorar si es necesario explorar cultivos alternativos o invertir en investigación para desarrollar buenas prácticas, por ejemplo.

En resumen, no existe un origen “mejor por defecto”: la sostenibilidad de las materias primas para piensos depende de las prácticas de manejo y del contexto local. Factores como la cuenca hidrográfica y el estrés hídrico, el estado del suelo, la vulnerabilidad de acuíferos o ecosistemas cercanos, así como el contexto del mercado (disponibilidad, precios, estabilidad) condicionan qué es necesario priorizar y cómo.

En definitiva, el ACV y las huellas ambientales son, como otros muchos aspectos, ámbitos en los que no encontramos una respuesta que sea absoluta o universal y que sirva para todos, sino que hay que analizar caso a caso y encontrar respuestas adaptadas al contexto particular de cada uno de ellos. Sin embargo, hay que tener presente que una evaluación completa requeriría incorporar también la disponibilidad de ingredientes, precios y otros aspectos de las dimensiones económica y social.

Por eso, las herramientas de ACV y las iniciativas de certificación orientadas al territorio son claves para pasar del debate genérico (“local versus importado”) a decisiones concretas que ayuden a realizar la cadena de producción de pienso más sostenible, competitiva y resiliente.

La sostenibilidad de las materias primas para piensos depende de las prácticas de manejo y del contexto local

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