OPINIÓN
Tribuna de Opinión

Las NTG: una oportunidad que el cereal europeo no puede dejar escapar

Almudena de la Cruz

Directora de Asuntos Públicos y Regulatorios en ANOVE

02/09/2026
Durante décadas, el sector cerealista ha demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación. Ha sabido responder a la mecanización, a la agricultura de precisión, a la digitalización y a una creciente exigencia en materia de sostenibilidad. Sin embargo, probablemente nunca había tenido que afrontar un escenario tan complejo como el actual: cambio climático, restricciones en el uso de fitosanitarios, incremento de costes de producción, volatilidad de los mercados y una presión constante para producir más con menos recursos.
Almudena de la Cruz
Almudena de la Cruz.
En este contexto, las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG) representan una de las herramientas más prometedoras para afrontar los desafíos que marcarán el futuro del cereal europeo. No son una solución mágica ni sustituirán al conocimiento agronómico, pero sí pueden convertirse en un acelerador de la innovación vegetal que permita a agricultores y obtentores responder con mayor rapidez a problemas que hace apenas unos años parecían impensables.

La reciente evolución del marco regulatorio europeo abre, además, una etapa completamente diferente. Tras varios años de debate, la Unión Europea ha decidido establecer un marco regulatorio específico para las NTG, actualizando una normativa que había quedado claramente desfasada respecto al desarrollo científico y tecnológico.

Para el cereal, esta decisión puede marcar un antes y un después

El trigo, la cebada, la avena o el centeno constituyen la base de buena parte de la producción agrícola europea. Son cultivos estratégicos desde el punto de vista alimentario, económico y territorial. Sin embargo, también son especialmente vulnerables a fenómenos como las sequías recurrentes, los golpes de calor durante el llenado del grano o la aparición de nuevas enfermedades favorecidas por el cambio climático.

Hasta ahora, la mejora genética convencional ha permitido avances extraordinarios. Gracias a ella se han obtenido variedades cada vez más productivas, resistentes y adaptadas a diferentes condiciones. Pero los tiempos de obtención siguen siendo largos. Entre el desarrollo de una nueva variedad y su llegada al agricultor pueden transcurrir más de diez años. Las NTG permiten acortar considerablemente esos plazos.

No porque sustituyan a la mejora tradicional, sino porque la hacen más precisa. Herramientas como la edición génica permiten modificar genes ya presentes en la propia especie sin necesidad de incorporar material genético procedente de otros organismos, reproduciendo la mejora genética que se produce de forma natural, aunque en un periodo mucho más largo. Esa precisión puede traducirse en variedades mejor adaptadas a las necesidades reales del campo.

Imaginemos un trigo capaz de mantener su rendimiento con menos disponibilidad de agua. O una cebada más resistente a determinadas enfermedades fúngicas, reduciendo la necesidad de tratamientos. O variedades que aprovechen mejor el nitrógeno disponible en el suelo, disminuyendo las necesidades de fertilización. O el trigo con menor contenido en gluten, apto para celiacos, desarrollado por el IAS-CSIC de Córdoba. No hablamos de ciencia ficción. Son precisamente esas características las que concentran buena parte de los programas internacionales de investigación y mejora vegetal.

Para el agricultor, el verdadero valor de las NTG no estará en la tecnología en sí, sino en sus resultados económicos

Una variedad que permita ahorrar un tratamiento fungicida, reducir un riego o mantener la producción durante un episodio de estrés térmico tiene un impacto directo sobre la rentabilidad de la explotación. En un contexto donde cada euro invertido cuenta, esa eficiencia puede convertirse en un factor diferencial. También desde el punto de vista medioambiental las oportunidades son evidentes.

Europa ha fijado objetivos muy ambiciosos en materia de reducción del uso de fitosanitarios, fertilizantes y emisiones. Alcanzarlos exclusivamente mediante restricciones resulta extremadamente complicado. Incorporar variedades que de forma natural necesiten menos insumos facilita enormemente esa transición hacia una agricultura más sostenible. Es aquí donde las NTG pueden actuar como un complemento imprescindible de otras herramientas como la agricultura de precisión, la digitalización, el análisis de datos o las nuevas estrategias de manejo.

La innovación no consiste en elegir una única tecnología, sino en combinar todas aquellas que aporten valor al agricultor. Sin embargo, sería un error presentar las NTG como un camino exento de dificultades. El principal reto probablemente no será científico, sino social.

Uno de los aspectos más relevantes del nuevo marco europeo es encontrar un equilibrio entre la protección de la innovación y el acceso de empresas obtentoras, cooperativas y agricultores a estas nuevas herramientas. El nuevo reglamento incorpora categorías diferenciadas y mantiene salvaguardas sobre determinados usos y aspectos relacionados con la propiedad intelectual.

España parte además con importantes fortalezas. Nuestro país cuenta con centros públicos de investigación de primer nivel, empresas obtentoras altamente especializadas y un sector productor acostumbrado a incorporar innovación cuando ésta demuestra aportar rentabilidad.

El cereal español necesita herramientas para adaptarse a un escenario climático que ya está cambiando. Basta observar la frecuencia creciente de campañas marcadas por la escasez de precipitaciones, temperaturas extremas o una mayor irregularidad meteorológica para comprender que las variedades del futuro deberán responder a condiciones muy distintas de las actuales.

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La historia de la agricultura demuestra que quienes incorporan antes las herramientas que aumentan su competitividad suelen estar mejor preparados para afrontar las siguientes crisis

En paralelo, otros grandes productores mundiales avanzan con rapidez. Estados Unidos, Argentina, Brasil, Japón o Reino Unido llevan años desarrollando marcos regulatorios más ágiles para determinadas aplicaciones de la edición genética. Europa corría el riesgo de quedarse rezagada en una tecnología llamada a transformar la mejora vegetal. La actualización normativa supone un intento de recuperar competitividad y acelerar la innovación agrícola, aunque no está alineada completamente con la regulación de esos países al diferenciarse en Europa dos categorías de plantas NTG. Hasta la entrada en aplicación en Europa, se debe desarrollar la legislación secundaria que resultará clave para el desarrollo práctico de la normativa.

La historia de la agricultura demuestra que quienes incorporan antes las herramientas que aumentan su competitividad suelen estar mejor preparados para afrontar las siguientes crisis.

Las NTG no resolverán por sí solas todos los problemas del cereal, pero sí pueden convertirse en una pieza clave de una agricultura más resiliente, más eficiente y mejor preparada para alimentar a una población creciente en un entorno climático cada vez más exigente.

La innovación nunca debería entenderse como un fin en sí mismo. Su verdadero valor reside en mejorar la vida de quienes producen nuestros alimentos. Y, precisamente por eso, el cereal europeo tiene hoy ante sí una oportunidad que difícilmente debería dejar escapar.

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