Castilla y León pierde un 13% de la superficie de cereal y la cosecha se hunde un 42% respecto a 2025
El consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental de la Junta de Castilla y León, Joaquín Antonio Pino, avanzó los datos de la cosecha de cereal 2026 tras la reunión que mantuvo con representantes del sector en el Consejo Regional Agrario celebrado en Tabladillo (Segovia).
El consejero cifró el rendimiento medio de la campaña en unos 3.100 kilos por hectárea, con producciones de alrededor de 3.300 kilos en trigo y de 3.000 en cebada, muy por debajo de los niveles que, según señaló, permiten cubrir los costes de producción.
Pino indicó además que la superficie sembrada de cereal se redujo hasta 1,57 millones de hectáreas, un 13% menos que la media de la última década.
Ayudas a los agricultores
Ante este escenario, el titular de Agricultura de Castilla y León aseguró que la Junta trabaja en una serie de medidas que incluirá una ayuda específica para los cerealistas, diseñada en función de los rendimientos de cada comarca agraria, con el objetivo de dirigir un mayor apoyo a las zonas que hayan registrado mayores pérdidas y facilitar liquidez antes de la próxima siembra.
El consejero reclamó al Gobierno de España una posición firme frente a los acuerdos comerciales con terceros países, al considerar que la entrada de cereal importado está contribuyendo a hundir los precios. Además, anunció estudios de costes para reforzar la aplicación de la Ley de la Cadena Alimentaria.
Pino atribuyó el descenso de la producción a una sucesión de condiciones adversas del tiempo, con dificultades durante la siembra por la falta de lluvias, un exceso de precipitaciones al final del invierno y comienzos de la primavera, el déficit hídrico posterior y varios episodios de calor intenso en mayo y junio, que limitaron el desarrollo vegetativo del cereal y favorecieron la proliferación de malas hierbas.
Por ello avanzó que la Junta analizará las posibilidades legales para volver a autorizar quemas controladas de rastrojos en aquellos lugares donde sean necesarias para combatir las malas hierbas, al considerar que se trata de una práctica tradicional “que debe recuperarse bajo criterios de seguridad y sentido común”.































