"La disponibilidad de variedades de colza cada vez más adaptadas a las diferentes condiciones agroclimáticas españolas permitirá ampliar las zonas de cultivo"
Entrevista a José Antonio García de Tejada, responsable del grupo de Oleaginosas de ANOVE
La colza es actualmente una de las alternativas de cultivo mejor valoradas en la agricultura española. Pese al descenso de superficie registrado en la campaña actual debido a factores climáticos como la escasez de precipitaciones en la época de siembra, su potencial agronómico y de mercado sigue intacto. A ello se suma la oportunidad que abren en el medio plazo las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG) que, en el caso concreto de la colza, "van a permitir el desarrollo de variedades con mayor tolerancia a la sequía y al estrés térmico, aspectos cada vez más importantes para la agricultura mediterránea", asegura el responsable de Oleaginosas en la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (ANOVE).
¿Cuál es la situación del cultivo de colza en España y qué factores agronómicos y económicos están influyendo en su desarrollo?
La colza ha experimentado una evolución muy positiva en España durante los últimos años, consolidándose como una alternativa de gran interés dentro de las rotaciones agrícolas, especialmente en las zonas cerealistas del Centro y Norte de España. La superficie cultivada está estabilizada en unas 100.000 hectáreas, aunque existe cierta variabilidad en función de la climatología y de la rentabilidad relativa frente a otros cultivos, pero la tendencia de fondo refleja un creciente interés por parte de los agricultores debido a las ventajas agronómicas, económicas y medioambientales que ofrece.
Hay que destacar que en el Sur se siembran variedades de colza de primavera cuya fecha ideal es octubre y noviembre, ya que no necesitan vernalización para florecer. En cambio, en el Centro y Norte de España, las colzas de invierno son las únicas adaptadas, cuya fecha de siembra va desde septiembre hasta mediados de octubre para evitar los riesgos de heladas. Es fundamental que cuando lleguen las heladas en el otoño, la colza se encuentre en estado de roseta. Es el factor más limitante para desarrollar este cultivo en secano.
Desde el punto de vista agronómico, la colza aporta importantes beneficios cuando se incorpora en la rotación con cereales. Contribuye a romper ciclos de enfermedades y malas hierbas, mejora la estructura del suelo gracias a su potente sistema radicular y favorece un mejor aprovechamiento de los recursos por parte del cultivo siguiente. Los estudios realizados demuestran que hay un incremento del 10% en la producción de trigo cuando existe la rotación con la colza, en comparación con el monocultivo de cereal.
En cuanto a la rentabilidad del cultivo, si la comparamos con la siembra de un cereal, el margen bruto por hectárea en una parcela de secano de colza se sitúa entre un 20-40% por encima del cereal. La razón de esta mayor rentabilidad es, por un lado, el precio de la cosecha de colza que se sitúa entre los 420 y 480 €/tm, por los 200-240 €/tm del cereal. Por otro lado, el rendimiento de la colza es inferior al del cereal entre un 50-75%, mientras que los costes del cultivo son muy similares.
¿Qué aspectos relacionados con el mercado, la regulación o la investigación van a determinar su evolución en el medio plazo?
La colza es un cultivo estratégico para Europa. La producción de aceite vegetal y de proteína de origen europeo adquiere una importancia creciente en un contexto en el que la soberanía alimentaria y la seguridad del suministro se han convertido en prioridades. La colza permite obtener aceite para alimentación, usos industriales y biocombustibles, al tiempo que genera harina proteica destinada a la alimentación animal, contribuyendo a reducir la dependencia de importaciones de proteínas vegetales.
En el medio plazo, la evolución del cultivo estará condicionada por diversos factores. En primer lugar, la disponibilidad de variedades cada vez más adaptadas a las diferentes condiciones agroclimáticas españolas permitirá ampliar las zonas de cultivo y reducir los riesgos asociados a la variabilidad climática. En segundo lugar, la rentabilidad seguirá siendo un elemento determinante, influida por la evolución de los mercados, los costes de producción y las políticas agrarias y energéticas.
También será fundamental el avance de la innovación genética. La mejora varietal ha permitido que la colza sea hoy mucho más estable y productiva que hace apenas dos décadas, y seguirá siendo la principal herramienta para responder a los desafíos derivados del cambio climático, las nuevas enfermedades y la necesidad de producir más con menos recursos.
Por último, el marco regulatorio europeo tendrá una enorme influencia. Un entorno que favorezca la innovación y facilite la llegada de nuevas variedades permitirá que los agricultores dispongan de herramientas más eficaces para mantener la competitividad del cultivo.
Desde el punto de vista de la mejora genética, ¿qué avances han permitido que la colza sea hoy un cultivo más competitivo?
La mejora genética ha sido uno de los principales motores de la transformación de la colza en un cultivo moderno y altamente competitivo. Detrás de cada nueva variedad existe un intenso trabajo de investigación que puede prolongarse durante más de diez años y que combina conocimientos de genética, fisiología vegetal, agronomía y biotecnología.
Uno de los avances más significativos ha sido el incremento sostenido del potencial de rendimiento. Gracias a la selección genética y al desarrollo de híbridos cada vez más eficientes, las variedades actuales ofrecen producciones superiores, una mayor estabilidad entre campañas y un mejor comportamiento en condiciones ambientales variables.
La adaptación a las diferentes condiciones climáticas constituye otro de los grandes logros. España presenta una enorme diversidad de ambientes agrícolas, desde zonas atlánticas hasta áreas claramente mediterráneas, con diferencias importantes en temperatura, disponibilidad de agua y duración del ciclo. La mejora genética ha permitido desarrollar materiales adaptados a estas distintas condiciones, con una mejor implantación, mayor tolerancia al frío durante el invierno, una floración más ajustada a cada región y una mayor capacidad para soportar episodios de estrés térmico e hídrico.
En materia sanitaria también se han conseguido avances muy relevantes. Las nuevas variedades incorporan resistencias genéticas frente a algunas de las principales enfermedades que afectan al cultivo, reduciendo las pérdidas de producción y contribuyendo a disminuir la necesidad de tratamientos fitosanitarios. Esta mejora resulta especialmente importante dentro de las estrategias de gestión integrada de plagas y enfermedades que promueve la agricultura europea. Otra importante aportación de la mejora vegetal son las colzas resistentes a herbicidas (Imazamox + Metazacloro). Son las llamadas colzas Clearfield.
Otro aspecto fundamental ha sido la mejora de la calidad. Las variedades actuales presentan elevados contenidos en aceite y perfiles de composición adaptados a las necesidades de la industria alimentaria e industrial. Paralelamente, la mejora del valor nutritivo de la harina de colza incrementa su interés como fuente de proteína para alimentación animal.
No menos importante ha sido la mejora de características agronómicas como la resistencia al encamado, la reducción de la dehiscencia de las silicuas -que disminuye las pérdidas de cosecha-, una mayor uniformidad en la maduración o una mejor eficiencia en el aprovechamiento de nutrientes.
Todos estos avances son el resultado de programas continuados de mejora desarrollados por las empresas obtentoras, que realizan importantes inversiones en investigación y desarrollo para ofrecer a los agricultores variedades cada vez más productivas, resilientes y sostenibles.
¿Cuáles son los principales retos que aún debe afrontar la mejora varietal en colza para atender las demandas de agricultores e industria transformadora?
Aunque el progreso conseguido ha sido muy importante, la mejora varietal de la colza continúa enfrentándose a desafíos muy exigentes. El primero es la adaptación al cambio climático. La mayor frecuencia de sequías, olas de calor, episodios de frío fuera de temporada y fenómenos meteorológicos extremos obliga a desarrollar variedades capaces de mantener rendimientos estables bajo condiciones mucho más variables que las existentes hace apenas unas décadas.
Un segundo reto consiste en aumentar la eficiencia en el uso de los recursos. Los agricultores necesitan variedades que produzcan más utilizando menos agua, menos fertilizantes y menos productos fitosanitarios. Esta necesidad responde tanto a criterios económicos como a los objetivos medioambientales establecidos por la Unión Europea.
También resulta prioritario ampliar las resistencias frente a enfermedades y plagas. La reducción progresiva del número de materias activas disponibles para la protección de cultivos incrementa la importancia de las resistencias genéticas como herramienta sostenible de control. La mejora varietal deberá seguir incorporando nuevas fuentes de resistencia y combinar varias de ellas para garantizar una mayor durabilidad.
Desde la perspectiva de la industria transformadora, existe además una creciente demanda de materias primas con características muy específicas. Se buscan variedades con mayor contenido y calidad de aceite, perfiles lipídicos adaptados a distintos usos, mejores características industriales y harinas con mayor valor proteico para alimentación animal.
Las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG) están llamadas a acelerar el desarrollo de variedades en la agricultura europea. ¿Qué aplicaciones concretas podrían tener en colza y qué beneficios aportarían frente a los métodos convencionales de mejora?
Las Nuevas Técnicas Genómicas representan una evolución muy importante de la mejora vegetal. No sustituyen a la mejora convencional, sino que la complementan, permitiendo introducir modificaciones precisas en el propio genoma de la planta que podrían producirse también de forma natural o mediante métodos convencionales, pero de una manera mucho más rápida y eficiente.
En el caso concreto de la colza, las aplicaciones potenciales son muy numerosas. Una de las más relevantes consiste en desarrollar variedades con mayor tolerancia a la sequía y al estrés térmico, aspectos cada vez más importantes para la agricultura mediterránea. Todos los retos detallados en la pregunta anterior sobre los objetivos de mejora genética son los principales de aplicación de las NTG.
La principal ventaja frente a los métodos convencionales reside en la precisión y la rapidez. Mientras que la mejora clásica requiere numerosas generaciones de cruzamientos y selección para incorporar un carácter determinado, las NTG permiten actuar directamente sobre genes conocidos, reduciendo considerablemente los tiempos de desarrollo sin renunciar a los rigurosos procesos de evaluación y validación de las nuevas variedades.
Esto resulta especialmente importante en un contexto de cambio climático, donde la velocidad con la que evolucionan los desafíos supera en muchas ocasiones la capacidad de respuesta de los métodos tradicionales de mejora.
¿En qué puntos las NTG pueden contribuir de forma más visible a superar los retos que se describen?
La resiliencia climática será probablemente uno de los ámbitos donde su contribución resulte más visible. Las nuevas variedades podrán mantener mejor su productividad en situaciones de déficit hídrico, altas temperaturas o episodios climáticos extremos, contribuyendo a reducir la incertidumbre que afrontan los agricultores.
Igualmente importante será la mejora de la eficiencia en el uso de recursos. El desarrollo de variedades capaces de aprovechar mejor el agua y los nutrientes permitirá reducir el consumo de insumos sin comprometer la productividad. Esta mejora beneficia tanto a la competitividad económica de las explotaciones como a la conservación de los recursos naturales.
No debe olvidarse que la innovación genética constituye una de las herramientas más eficaces para reducir la huella ambiental de la agricultura. Una variedad mejor adaptada produce más con menos recursos durante toda su vida útil, multiplicando el impacto positivo de la investigación.
Sin embargo, para que este potencial pueda materializarse plenamente es imprescindible disponer de un marco regulatorio basado en la evidencia científica, proporcionado al riesgo y alineado con el existente en otros países que ya están avanzando en la utilización de estas tecnologías. Europa dispone de excelentes capacidades científicas y de empresas líderes en mejora vegetal, pero necesita un entorno regulatorio que permita trasladar esa innovación al campo.
¿La agricultura española reúne las condiciones óptimas para seguir impulsando el cultivo de colza en los próximos años?
España reúne condiciones muy favorables para consolidar el crecimiento del cultivo de la colza. Dispone de agricultores altamente profesionalizados, un sector obtentor con una intensa actividad investigadora, una industria transformadora consolidada y centros públicos y privados de investigación y producción de primer nivel.
Actualmente el precio de las oleaginosas -girasol y colza- son muy competitivos para que le sea al agricultor muy rentable la siembra de estas especies. Repito, si comparamos con el cultivo de cereal, una hectárea de colza producida en secano tiene un margen entre un 20-40% superior.
Por otro lado quiero destacar la importancia que tiene nuestro país en la producción de semillas hibridas de colza para su venta posterior en la UE. Todas las grandes multinacionales de semillas están implantadas en España ya que se da una garantía y estabilidad de rendimiento y calidad.
Actualmente se siembran 3.000 ha en parcelas de producción de colza de invierno distribuidas en Castilla La Mancha (Albacete), Navarra y Aragón y unas 200 ha de colza de primavera en Andalucia y Extremadura. Con las cantidades de semillas hibridas producidas (6.000 tm anuales) se siembran unos 2 millones de ha. Teniendo en cuenta que en la UE hay 6,3 millones de ha, significa que en España se produce un 30% de la semilla que se siembra en toda la UE.
Además, la creciente necesidad de reforzar la autonomía estratégica europea en la producción de aceites vegetales y proteínas constituye una oportunidad que conviene aprovechar. Incrementar la producción nacional y europea reduce la dependencia de mercados exteriores, fortalece la seguridad alimentaria y genera valor añadido dentro del propio territorio.
Para ello será necesario seguir impulsando la innovación en toda la cadena de valor. La mejora genética continuará siendo uno de los principales factores de competitividad, permitiendo que los agricultores dispongan de variedades cada vez más adaptadas a sus condiciones de cultivo y a las necesidades del mercado.
"En cuanto a la rentabilidad del cultivo, si la comparamos con la siembra de un cereal, el margen bruto por hectárea en una parcela de secano de colza se sitúa entre un 20-40% por encima del cereal"




























