OPINIÓN
Gestión integrada de plagas y enfermedades

La sanidad vegetal y el papel de los ingenieros agrícolas

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La sanidad vegetal constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que se sustenta la competitividad y sostenibilidad de la agricultura andaluza. En un contexto marcado por la intensificación productiva, la exigencia de los mercados y los retos derivados del cambio climático, la labor del ingeniero agrícola resulta esencial para diseñar e implementar estrategias eficaces de prevención y control de plagas y enfermedades.
Fernando Paniagua recuerda la importancia de la intervención de un profesional cualificado en la Gestión Integrada de Plagas y Enfermedades (GIPE)...
Fernando Paniagua recuerda la importancia de la intervención de un profesional cualificado en la Gestión Integrada de Plagas y Enfermedades (GIPE).

Los cultivos andaluces se enfrentan de forma recurrente a organismos nocivos como la mosca blanca (Bemisia tabaci), los trips (Frankliniella occidentalis, T.Parvispinus), la polilla del tomate (Tuta absoluta), los pulgones y la araña roja en hortícolas, así como la mosca del olivo (Bactrocera oleae) y el prays (Prays oleae) en el olivar. Asimismo, diversas enfermedades causadas por hongos, bacterias y virus pueden afectar significativamente al desarrollo de los cultivos, comprometiendo tanto la producción como la calidad comercial de las cosechas.

Ante esta realidad, la Gestión Integrada de Plagas y Enfermedades (GIPE) se ha consolidado como la herramienta técnica más eficaz para garantizar una protección fitosanitaria sostenible. Este modelo se basa en la aplicación coordinada de medidas preventivas, sistemas de monitorización, métodos biológicos, prácticas agronómicas adecuadas y el uso racional de productos fitosanitarios, siempre bajo criterios técnicos y económicos.

El papel del ingeniero agrícola es determinante en la toma de decisiones, mediante la evaluación continua del estado fitosanitario de los cultivos, el establecimiento de umbrales de intervención, la selección de estrategias de control y la optimización de los recursos disponibles. La incorporación de organismos de control biológico, la gestión adecuada de la fertilización y el riego, la rotación de cultivos y la eliminación de focos de infección forman parte de las medidas habitualmente recomendadas dentro de los programas de gestión integrada, pero sigue faltando una parte fundamental, la receta fitosanitaria como herramienta fundamental de la sanidad vegetal.

La receta fitosanitaria constituye un instrumento técnico esencial para garantizar una adecuada sanidad vegetal, asegurando que las actuaciones de control de plagas, enfermedades y malas hierbas se realicen de forma eficaz, segura y conforme a la normativa vigente. Su elaboración por un ingeniero agrícola o agrónomo permite fundamentar la toma de decisiones en criterios científicos y agronómicos, considerando las características específicas del cultivo, el nivel de infestación, las condiciones ambientales y la disponibilidad de métodos de control alternativos.

La intervención de un profesional cualificado resulta especialmente necesaria para determinar la necesidad real del tratamiento, seleccionar las materias activas más adecuadas y establecer las dosis, momentos de aplicación y medidas de mitigación de riesgos. De este modo, la receta fitosanitaria se integra plenamente en los principios de la Gestión Integrada de Plagas (GIP), priorizando las estrategias preventivas, biológicas y culturales, y reservando el uso de productos fitosanitarios únicamente para aquellos casos en los que sean estrictamente necesarios.

La prescripción técnica contribuye a minimizar los riesgos para la salud humana, la biodiversidad y el medio ambiente, favoreciendo una producción agrícola sostenible y alineada con las exigencias de los mercados, las certificaciones de calidad y los objetivos de sostenibilidad del sector agrario.

La experiencia acumulada en Andalucía, especialmente en los sistemas de producción hortícola intensiva de la provincia de Almería, ha convertido a la región en un referente internacional en la aplicación del control biológico y la reducción del uso de fitosanitarios. Este modelo contribuye no solo a la protección de los cultivos, sino también a la conservación de la biodiversidad, la seguridad alimentaria y el cumplimiento de los estándares de calidad exigidos por certificaciones como GlobalG.A.P., Producción Integrada y otros protocolos de sostenibilidad.

En definitiva, la gestión integrada de plagas y enfermedades representa una disciplina estratégica de la ingeniería agronómica moderna, orientada a compatibilizar la rentabilidad de las explotaciones con la protección del medio ambiente y la producción de alimentos seguros y de alta calidad. Por todo ello, la receta fitosanitaria elaborada por un Ingeniero Agrícola debe considerarse una garantía de profesionalidad, trazabilidad y responsabilidad técnica en la protección de los cultivos, constituyendo una pieza clave para mantener la productividad agrícola y preservar los recursos naturales.

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