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Entrevista a Miguel Ángel Argüeso, director gerente de COOPCYL

"Los alimentos no pueden producirse indefinidamente a precios bajos mientras aumentan todos los costes"

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El responsable de COOPCYL, estructura de segundo grado que agrupa a varias de las principales cooperativas agrarias de Castilla y León para la compra en común de insumos, es además miembro de la sectorial de Suministros de Cooperativas Agro-alimentarias de España. En su opinión, la situación actual de incremento generalizado de los costes de producción "pone en riesgo la viabilidad de numerosas explotaciones agrarias y, por tanto, de una parte importante del tejido productivo español".

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¿Cómo está afectando la subida del precio de las materias primas para la fabricación de fertilizantes en la actividad de las explotaciones agrícolas en España?

La subida del precio de las materias primas y de la energía está provocando un incremento generalizado del coste de todos los fertilizantes que utilizan nuestros agricultores y ganaderos. Este aumento está teniendo un fuerte impacto sobre la rentabilidad de las explotaciones agrarias, ya que en la mayoría de los casos estos costes no pueden trasladarse al precio final de los productos agrarios.

El primer efecto que hemos observado ha sido una reducción inmediata del consumo de fertilizantes por parte de los agricultores. Incluso antes de que toda la subida llegara plenamente al mercado, la incertidumbre generada y la repercusión mediática de esta crisis llevaron a muchos productores a disminuir las dosis de abonado o a replantear sus planes de cultivo.

Esto supone un problema muy serio porque los fertilizantes son un insumo esencial para mantener los rendimientos productivos. Si se reduce su utilización de manera significativa, inevitablemente caerán las producciones agrícolas y la competitividad del sector. Además, esta situación llega en un momento especialmente delicado, con subidas en otros costes de producción como el combustible, la electricidad o los fitosanitarios.

¿Qué estrategias se estarían adoptando para gestionar esta crisis por parte de las cooperativas y qué margen de maniobra existe si la situación se alargara en el tiempo?

Las cooperativas están intentando adaptarse a un escenario extremadamente volátil. En estos momentos, muchas están realizando compras muy ajustadas a las necesidades inmediatas de sus socios, evitando generar grandes stocks de fertilizantes ante el riesgo de fuertes fluctuaciones de precios. Nadie quiere asumir el riesgo financiero de almacenar productos que podrían depreciarse rápidamente si se normaliza el mercado internacional.

Al mismo tiempo, las cooperativas están reforzando el asesoramiento técnico a los agricultores para optimizar el uso de fertilizantes, ajustando las dosis a las necesidades reales de los cultivos y mejorando la eficiencia en la aplicación.

Sin embargo, el margen de maniobra es limitado. Si esta situación se prolonga en el tiempo, el problema dejará de ser únicamente económico y pasará a ser también un problema de disponibilidad y suministro. En ese contexto, muchos agricultores podrían optar por sembrar menos superficie o reducir la intensidad productiva de sus explotaciones. Eso se traduciría directamente en una menor producción de alimentos.

A medio plazo, mantener costes de producción tan elevados pone en riesgo la viabilidad de numerosas explotaciones agrarias y, por tanto, de una parte importante del tejido productivo español.

España importa aproximadamente el 85% de los fertilizantes que consume. ¿Qué implicaciones tiene esta dependencia para el sector?

España, al igual que otros países europeos, depende en gran medida del exterior para el suministro de fertilizantes, igual que ocurre con otras materias primas estratégicas como el gas o el petróleo. El problema no es únicamente importar, sino hacerlo en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, restricciones comerciales y elevados costes energéticos.

La Unión Europea ha perdido competitividad en la producción de fertilizantes debido al elevado coste de la energía y a una regulación cada vez más exigente. Mientras tanto, países como Rusia, que disponen de gas y materias primas abundantes, pueden producir fertilizantes a costes mucho más bajos.

Desde el sector resulta difícil entender que se impongan aranceles o restricciones comerciales a fertilizantes que Europa necesita importar obligatoriamente porque no dispone de suficiente producción propia. Estas medidas terminan repercutiendo directamente sobre los agricultores europeos, que acaban soportando unos costes de producción muy superiores a los de sus competidores internacionales.

La dependencia exterior en un producto estratégico como los fertilizantes también plantea un debate importante sobre soberanía alimentaria. Europa debe reflexionar sobre cómo garantizar el acceso estable y competitivo a los insumos necesarios para producir alimentos.

¿En qué medida las cooperativas pueden canalizar la oferta de abono orgánico procedente de la cabaña ganadera hacia las explotaciones agrícolas para disminuir esa dependencia?

Las cooperativas ya trabajan desde hace años en la valorización de los estiércoles y otros subproductos orgánicos procedentes de la ganadería, fomentando modelos de economía circular entre explotaciones agrícolas y ganaderas.

Sin embargo, hay que ser realistas, los fertilizantes orgánicos pueden complementar parcialmente la fertilización mineral, pero actualmente no pueden sustituirla de forma generalizada si queremos mantener los niveles actuales de producción agraria.

La agricultura moderna ha conseguido alimentar a una población mundial que supera los 8.000 millones de personas gracias, entre otros factores, al desarrollo tecnológico y científico en fertilización vegetal. El proceso Haber-Bosch, que permitió sintetizar amoniaco a partir del nitrógeno atmosférico, fue uno de los grandes avances del siglo XX y transformó completamente la capacidad productiva de la agricultura. Hace 100 años la población mundial era de 2.000 millones y no había alimentos para todos.

Existen nuevas tecnologías y soluciones innovadoras —biofertilizantes, inhibidores, fertilización de precisión o productos orgánicos avanzados— que pueden ayudar a mejorar la eficiencia y reducir parte de la dependencia de los fertilizantes convencionales. Pero a día de hoy siguen siendo soluciones complementarias y no sustitutivas a gran escala.

¿Qué impacto tiene el incremento del precio de los fertilizantes en la estructura actual de costes de las explotaciones?

El incremento del precio de los fertilizantes está teniendo un impacto enorme en la estructura de costes de las explotaciones agrícolas. En muchos cultivos extensivos, el fertilizante representa uno de los principales costes de producción, junto con el combustible y las semillas.

El problema es que los agricultores están vendiendo los cereales y los alimentos a los mismos precios, mientras sus costes se han incrementado entre más de un 30%, dependiendo del cultivo y de la zona.

Esto provoca una pérdida muy importante de rentabilidad y pone en una situación muy delicada a muchas explotaciones familiares. Hay agricultores que están trabajando prácticamente sin margen económico o incluso por debajo de costes.

Además, esta situación genera incertidumbre y dificulta la planificación de las campañas agrícolas, lo que afecta también a las inversiones y a la modernización del sector.

¿Qué cambios serían necesarios implementar para afrontar este tipo de crisis en el futuro?

Es fundamental reforzar la viabilidad económica de las explotaciones agrarias y garantizar que los agricultores puedan repercutir los incrementos de costes a lo largo de la cadena alimentaria. Los cambios vienen por hacer cumplir la ley de la cadena alimentaria, que significa trasladar las subidas de los costes a los alimentos.

La sociedad, los consumidores, también deben ser conscientes de que producir alimentos en Europa con los estándares ambientales, laborales y de seguridad alimentaria actuales tiene un coste en la cesta de la compra. Si queremos mantener un modelo productivo sostenible y garantizar la soberanía alimentaria, será necesario asumir que los alimentos no pueden producirse indefinidamente a precios bajos mientras aumentan todos los costes de producción. Si los europeos no apostamos por mantener la producción de alimentos y pasamos a depender del exterior, la próxima crisis nos pillará sin alimentos que llevar a nuestras mesas.

También será necesario avanzar en innovación, fertilización de precisión, digitalización y eficiencia en el uso de nutrientes, así como diversificar proveedores y reforzar la autonomía estratégica europea en materias primas esenciales.

Si no se toman medidas, corremos el riesgo de perder capacidad productiva, depender cada vez más de terceros países y comprometer la seguridad alimentaria en futuras crisis internacionales.

“Desde el sector resulta difícil entender que se impongan aranceles o restricciones comerciales a fertilizantes que Europa necesita importar obligatoriamente porque no dispone de suficiente producción propia”

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