Miquel Heredia Lafita, una vida dedicada al sector
Xavier Pascual, director de Hispack
18/05/2026
Hay personas que dejan huella por lo que hacen. Y hay otras que la dejan, sobre todo, por cómo son. Miquel Heredia Lafita pertenecía a ambas categorías.
Su desaparición deja un vacío en las industrias gráficas y del packaging, pero también entre todos aquellos que tuvimos la suerte de coincidir con él. Fue un gran profesional, profundo conocedor de la industria gráfica y del envase y embalaje, comprometido con sus empresas, con las entidades sectoriales y con el desarrollo de un sector que amaba sinceramente.
Su trayectoria empresarial, especialmente vinculada a Lapeyra y Taltavull Comercial, estuvo siempre acompañada de una clara vocación de servicio al sector. Creía en el valor del asociacionismo, en la necesidad de trabajar juntos y en el papel de las ferias como espacios imprescindibles de encuentro, impulso y proyección de la industria.
Desde la junta directiva de Graphispack Asociación, así como al frente de los comités organizadores de Hispack y Graphispag en Fira de Barcelona, contribuyó decisivamente a hacer crecer y prestigiar estos salones. Pero más allá de los cargos y responsabilidades, Miquel siempre aportaba una mirada constructiva, generosa y orientada a aportar y colaborar.
Personalmente, tuve la gran suerte de compartir con él una etapa muy especial en Graphispag, él como presidente y yo como director. Y, más adelante, seguí encontrando en él a una persona siempre dispuesta a escuchar, a aconsejar y a compartir su experiencia, especialmente en el mundo del packaging, del que era un auténtico referente.
Tenía las ideas claras, experiencia, intuición y esa habilidad tan poco habitual de saber interpretar a las personas y las situaciones. Y lo hacía siempre con cercanía, sentido del humor y una enorme calidad humana.
Aún recuerdo los muchos cafés compartidos después de su etapa empresarial. Seguía interesado por el sector, por los proyectos, por las personas y por todo aquello que ayudara a hacer avanzar la industria. Con aquella sonrisa cómplice, a menudo me decía —cariñosamente— que yo era un poco “maquiavélico” intentando hacer que las cosas sucedieran. Pero lo cierto es que él también disfrutaba, también participaba y también era cómplice de esa manera de construir e impulsar iniciativas.
Por encima de todo, sin embargo, estaba su familia. Hablaba con orgullo de sus hijos y de sus nietos, y compartía con ilusión su crecimiento y sus vivencias. Era, sin duda, su gran prioridad y su mayor felicidad.
Hoy el sector pierde una figura de referencia. Pero quienes lo conocimos perdemos también a un amigo, a una buena persona, generosa y comprometida. Nos queda su legado profesional, pero sobre todo el recuerdo de su forma de ser.
Un gran amigo suyo durante su despedida dijo: “Miquel era un hombre bueno.” Posiblemente no hay mejor forma de definirlo. Descansa en paz, Miquel.









