Un estudio científico alerta de los riegos reales de la ‘despoblación’ ganadera
La investigación, coliderada por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), evidencia una tendencia global que afecta a zonas que concentran más del 40% del ganado mundial y, de una forma destacada a Europa del Este, cuya cabaña ganadera se redujo un 35% en los últimos 25 años.
Los resultados cuestionan además la percepción generalizada que relaciona la degradación de los paisajes y de los pastizales con el sobrepastoreo y apunta las consecuencias ecológicas que están asociadas al abandono ganadero.
Los investigadores analizaron los patrones globales de variación en las cargas ganaderas y los relacionaron con factores socioeconómicos, tecnológicos y climáticos, y evaluaron las consecuencias ecológicas que estas disminuciones pueden tener sobre el funcionamiento del planeta.
El estudio destaca que las regiones más prósperas, con poblaciones estables, mayor disponibilidad de piensos y sistemas ganaderos menos dependientes del pastoreo, redujeron la densidad de ganado en sus pastizales, y así lo demuestran los datos en Europa, América del Norte, China y norte y sur de África, donde la disminución de la ganadería es relevante. Resulta significativo el caso de Europa del Este –incluida la Rusia asiática–, región en la que la ganadería disminuyó prácticamente un 35% en los últimos 25 años, mientras que territorios de Asia Central, Sudamérica y el África subsahariana incrementaron sus cargas ganaderas debido a un fuerte crecimiento demográfico y a una demanda de proteína animal en aumento, a pesar de sus limitaciones tecnológicas.
“Durante décadas hemos interpretado los pastizales del planeta desde la óptica del sobrepastoreo”, señala José Daniel Anadón, y precisa que sin embargo una parte importante del mundo está experimentando lo contrario: “Menos ganado, menor presión de pastoreo y transformaciones ecológicas profundas”.
La reducción del ganado extensivo puede provocar un aumento del riesgo de incendios, al favorecer una acumulación descontrolada de biomasa vegetal, o la pérdida de especies vegetales vulnerables, al permitir que unas pocas especies competitivas dominen la vegetación.
Pero al mismo tiempo, la disminución del pastoreo puede incrementar la cantidad de biomasa y favorecer la captura de dióxido de carbono atmosférico, con posibles beneficios para el clima. “No se trata, por tanto, de un escenario únicamente negativo o positivo, sino de una realidad más compleja que combina riesgos y oportunidades”, aclara Anadón.
El pastoreo también puede influir en los flujos de agua, ya que el aumento de la vegetación aumenta la proporción de agua que es utilizada por las plantas y transpirada a la atmósfera, por lo que la disminución del ganado implica una menor escorrentía y, finalmente, una menor cantidad de agua disponible para los usuarios.
Y aunque la reintroducción de fauna silvestre o el uso de otros tipos de herbívoros podrían, en algunos casos, sustituir parcialmente las funciones ecológicas que desempeña el ganado, los investigadores inciden en que se necesita un mayor conocimiento científico para entender qué estrategias funcionan, en qué lugares y bajo qué condiciones.










