En el centro Confortauto Hankook Masters en Madrid
Grupo Soledad refuerza su propuesta de servicio en Alcobendas con una nueva área de lavado desarrollada por Lavarte Car
Periodista especializado en estaciones de servicio y material eléctrico · Interempresas Media
14/05/2026
El nuevo centro Confortauto Hankook Masters de Grupo Soledad en Alcobendas (Madrid) no se ha concebido únicamente como un taller de última generación. El proyecto responde a una visión más amplia, en la que distintos servicios vinculados a la movilidad y la posventa conviven en un mismo espacio para ofrecer al cliente una propuesta integral. Dentro de esa lógica se encuadra la nueva área de lavado desarrollada por Lavarte Car, una instalación que refuerza el posicionamiento del centro como enclave moderno, digitalizado y orientado tanto a usuarios particulares como a flotas.
La apertura de estas instalaciones forma parte de la estrategia de crecimiento y consolidación de Grupo Soledad, que ha definido el centro de Alcobendas como su taller Confortauto Hankook Masters más innovador. El complejo, de 6.000 metros cuadrados, integra servicio de neumáticos, mantenimiento, gasolinera, tienda, recarga eléctrica y lavadero, bajo un enfoque basado en la digitalización, la eficiencia y la sostenibilidad. Ese planteamiento sitúa el lavado no como un servicio accesorio, sino como una pieza plenamente integrada en el modelo de negocio.
Un lavadero concebido para responder al nuevo cliente
Según explicó Rosa Bonet, responsable de Gestión de Gasolineras en el Grupo Soledad, una de las razones principales para acometer el proyecto fue la necesidad de modernizar la oferta para adaptarla a un cliente cada vez más exigente. El objetivo no era solo ofrecer un buen resultado de limpieza, sino construir una experiencia de uso más fluida, cómoda y alineada con las nuevas expectativas del mercado. A ello se sumó la voluntad de optimizar el consumo de agua y energía, con la doble meta de mejorar la sostenibilidad de la instalación y reducir costes operativos.
En el lavado de vehículos, la calidad final del servicio sigue siendo decisiva, pero ya no basta por sí sola. El usuario valora cada vez más factores como la facilidad de acceso, la claridad de los programas, la rapidez en el uso, la simplicidad del pago y la estética de la instalación. Esa evolución obliga a los gestores a pensar en el área de lavado no solo como un negocio más, sino como un espacio de relación con el cliente que puede generar recurrencia, fidelización y tráfico cruzado.
Lavarte Car, una elección basada en robustez y soporte continuo
Para Grupo Soledad, la elección de Lavarte respondió a criterios que van más allá del suministro de maquinaria. Rosa Bonet destaca “la reputación de robustez de la marca y su capacidad para desarrollar un proyecto llave en mano”, acompañando al cliente desde la fase de diseño. En un proyecto de estas características, esa capacidad de comprender el flujo previsto de vehículos y adaptar la solución a la operativa real del centro ha resultado determinante.
Junto a ello, Bonet subraya otro aspecto especialmente relevante para cualquier gestor de una instalación de lavado: el equilibrio entre calidad de componentes y asistencia técnica. “Mientras que otras marcas pueden ser competitivas en precio, Lavarte destaca en la disponibilidad inmediata de recambios y un servicio postventa que minimiza los tiempos de inactividad”, señala la responsable de Gestión de Gasolineras en el Grupo Soledad. En un negocio en el que un box fuera de servicio durante un fin de semana se traduce directamente en pérdida de facturación, la continuidad operativa es un elemento crítico para la operación.
Un servicio versátil y ordenado
La instalación de Alcobendas se articula en torno a cuatro boxes de lavado, uno de ellos concebido para atender vehículos de mayor tamaño, dentro de una configuración que busca combinar funcionalidad operativa y una imagen contemporánea del espacio. El conjunto se completa con un cerramiento TAU personalizado, en el que los paneles de separación traslucidos contribuyen a delimitar las zonas de uso sin perder sensación de amplitud ni luminosidad. Los boxes diseñados con estructuras de acero inoxidable de alta resistencia e iluminación LED integrada, ofrecen durabilidad y refuerzan la percepción de modernidad de la instalación.
La propuesta se apoya además en un sistema de pago mediante TPV y en una oferta de programas que cubre las fases esenciales del lavado —espuma activa Wash Foam XXL, lavado con lanza, aclarado y abrillantado—, configurando un servicio fácil de comprender para el usuario y eficiente desde el punto de vista de explotación.
Este tipo de configuración aporta varias lecturas. En primer lugar, permite atender tipologías de vehículo distintas, algo especialmente útil en ubicaciones con tráfico variado. En segundo lugar, refuerza la percepción de orden y calidad del espacio, un aspecto que influye de forma directa en la confianza del usuario. Y, en tercer lugar, facilita una explotación más eficiente al reducir fricciones en el uso y simplificar el mantenimiento cotidiano.
Desde el Grupo Soledad destacaron el papel de Lavarte Car en la planificación del área de lavado distribuida con entradas y salidas lineales para "mejora la seguridad en las maniobras, simplifica la experiencia del cliente y elevar la capacidad real de uso”.
Experiencia de usuario como elemento de diferenciación
Uno de los puntos que Grupo Soledad destaca con más claridad es la voluntad de diferenciar el centro de lavado frente a otras propuestas de la zona. En este caso, esa diferenciación no se apoya en un único elemento, sino en una suma de decisiones técnicas y comerciales orientadas a elevar la calidad percibida del servicio. Rosa Bonet pone el foco en la adopción de “la espuma activa Wash Foam XXL y la incorporación de una zona específica para motos, un nicho poco atendido en la zona. También las boquillas de soplado en los aspiradores ofrecen un acabado perfecto en juntas y rejillas".
Otro de los aspectos mejor resueltos del proyecto es la planificación de la circulación. La distribución del área de lavado se diseñó, según Rosa Bonet, con entradas y salidas lineales “para evitar cuellos de botella y mantener un flujo constante incluso en los momentos de máxima afluencia”. Esa organización “mejora la seguridad en las maniobras, simplifica la experiencia del cliente y contribuye a elevar la capacidad real de uso de la instalación”, añade.
En el negocio del lavado, la rentabilidad no depende únicamente del número de boxes instalados, sino también de cómo se comporta el espacio en condiciones reales de operación. Una instalación bien dimensionada pero mal organizada puede perder capacidad efectiva por atascos, maniobras incómodas o tiempos muertos innecesarios. Por el contrario, un diseño que prioriza la circulación lineal, la lectura intuitiva del espacio y la rapidez de acceso contribuye a una explotación más fluida y a una mejor percepción del servicio.
El mensaje es evidente: diferenciarse hoy exige ir más allá del servicio básico y construir una propuesta con atributos reconocibles que justifiquen la elección y favorezcan la repetición de uso.
La instalación de Alcobendas se articula en torno a cuatro boxes de lavado, uno de ellos concebido para atender vehículos de mayor tamaño.
Digitalización del pago y gestión remota
El proyecto de Alcobendas también pone de relieve hasta qué punto la digitalización se ha convertido en una exigencia estructural dentro del negocio del lavado. La instalación funciona empleando exclusivamente terminales para tarjeta bancaria y NFC, lo que permite el pago con tarjeta de crédito, smartphone o smartwatch. Para Rosa Bonet “hoy en día, el pago digital no es un extra, es un factor estratégico crítico. El cliente actual rara vez lleva efectivo, y facilitar el pago mediante el móvil aumenta directamente el ticket medio y la frecuencia de uso”.
Junto al pago digital, el centro utiliza una plataforma de gestión remota que permite monitorizar en tiempo real el estado de los equipos, los niveles de producto químico y la recaudación. Esta capacidad de supervisión refuerza el control operativo y permite actuar con mayor anticipación ante incidencias o necesidades de reposición. Este tipo de herramientas permite convertir el lavado de vehículos en un negocio más trazable, más controlable y mejor integrado en la gestión global del centro.
Del suministro de maquinaria al acompañamiento en la puesta en marcha
Uno de los aspectos que conviene subrayar es el papel desempeñado por Lavarte en el proceso de implantación. Rosa Bonet describe un acompañamiento integral, desde el asesoramiento en la obra civil hasta la formación técnica del personal, con supervisión de los distintos detalles vinculados a la puesta en marcha. “No se limitaron a vender la maquinaria, sino que supervisaron cada detalle de la puesta en marcha”, señaló la responsable de Gasolineras del Grupo Soledad. El mayor desafío técnico durante el desarrollo del proyecto fue la adecuación de las acometidas de agua y vertidos, una cuestión habitual en instalaciones de esta naturaleza y que pudo resolverse, según explica, gracias a la coordinación con el equipo de ingeniería de Lavarte Car.
Ángel Carabaña, director comercial de Lavarte, y Luisa Fernanda Calderon, jefa del centro Confortauto Hankook Masters de Alcobendas, Madrid.
Mantenimiento preventivo y continuidad operativa
La continuidad del servicio constituye otro de los ejes del proyecto. Grupo Soledad realiza revisiones semanales básicas y trabaja con un plan de mantenimiento preventivo programado con Lavarte. La filosofía expresada por Rosa Bonet es clara: “Resulta preferible invertir en prevención que asumir la pérdida de ingresos derivada de un box inoperativo en un periodo de alta demanda”.
La rentabilidad del lavado no se sostiene únicamente sobre la captación de clientes, sino sobre la disponibilidad real de la instalación. Un centro puede contar con una ubicación adecuada, una buena imagen y un equipamiento atractivo, pero si no mantiene una política rigurosa de prevención y reposición, la cuenta de resultados puede resentirse. En ese sentido, la experiencia de Alcobendas refuerza una idea cada vez más extendida entre los operadores más profesionalizados: el mantenimiento no debe verse como un coste reactivo, sino como una herramienta de protección del ingreso.
El centro de lavado de Grupo Soledad en Alcobendas funciona empleando exclusivamente terminales para tarjeta bancaria y NFC.
El lavado como pieza de un ecosistema de servicios
Más allá de la propia instalación, el caso de Alcobendas resulta especialmente interesante por la forma en que el lavado se integra en una oferta más amplia. El centro dispone de suministro de combustible, puntos de recarga para vehículo eléctrico, taller y zona de ‘vending’, con el objetivo de mejorar la experiencia de espera y construir un ecosistema de servicios completo. Esa integración encaja con la visión general del complejo, definido por Grupo Soledad como un espacio pensado para ofrecer una experiencia más eficiente, conectada y moderna.
Desde el punto de vista empresarial, esta combinación tiene una lectura muy relevante. Rosa Bonet, sostiene que el lavado es “un negocio rentable por sí solo siempre que se gestione con eficiencia operativa. Sin embargo, como complemento a una estación de servicio, genera una sinergia perfecta: atrae tráfico cruzado y aumenta la fidelidad del cliente que busca solucionar todas sus necesidades en una sola parada”.
La nueva área de lavado desarrollada por Lavarte Car para Grupo Soledad no debe interpretarse únicamente como una actuación puntual dentro de un centro recién inaugurado. El proyecto resume varias de las prioridades que están marcando la evolución del sector: instalaciones más eficientes, mayor atención a la experiencia de usuario, digitalización de los medios de pago, gestión remota, mantenimiento preventivo y búsqueda de sinergias con otros servicios vinculados a la movilidad.


























