¿Qué se necesita para desbloquear la próxima fase de crecimiento del hidrógeno?
José María Bermudez, analista de Tecnologías Energéticas
Uwe Remme, responsable de la Unidad de Hidrógeno y Combustibles Alternativos
Timur Gül, director de Tecnologías Energéticas. IEA (2026)
A finales de 2022 había menos de 0,7 GW operativos y, según los últimos datos, la capacidad mundial apenas superará los cuatro gigavatios en 2025.
La demanda mundial de hidrógeno alcanzó los 100 millones de toneladas (Mt) en 2024, principalmente procedente de las refinerías, la producción de productos químicos y el sector del hierro y el acero. La demanda creció casi un dos por ciento respecto a 2023, en línea con el crecimiento general de la demanda energética. Este consumo se cubrió casi en su totalidad con hidrógeno producido a partir de combustibles fósiles sin medidas de abatimiento, utilizando 290.000 millones de metros cúbicos de gas natural y 90 millones de toneladas equivalentes de carbón. No obstante, las tecnologías alternativas capaces de producir hidrógeno de bajas emisiones han despertado un gran interés entre los gobiernos por su potencial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y diversificar el suministro energético, especialmente en países con una elevada dependencia de las importaciones de combustibles fósiles.
La producción de hidrógeno de bajas emisiones —es decir, la producción de hidrógeno a partir de electricidad de bajas emisiones mediante electrólisis del agua, de bioenergía o de combustibles fósiles combinados con captura y almacenamiento de carbono— se encuentra todavía en una fase temprana. Sin embargo, experimentó un impulso notable a comienzos de la década de 2020, cuando una ola de ambiciosos compromisos gubernamentales fue acompañada por una intensa respuesta del sector privado, que lideró el anuncio de cientos de proyectos de producción de hidrógeno de bajas emisiones.
Esto generó grandes expectativas en torno a un sector aún incipiente. Cuando la Agencia Internacional de la Energía (AIE, por sus siglas en inglés) publicó su Global Hydrogen Review 2022, los gobiernos habían adoptado objetivos que, en conjunto, sumaban 190 gigavatios (GW) de capacidad de electrólisis para 2030, a pesar de que menos de 0,7 GW estaban operativos a finales de 2022 y, según los datos más recientes disponibles, la capacidad mundial apenas superará los cuatro GW en 2025.
Sin duda, fijar objetivos ambiciosos ha resultado útil para atraer actividad empresarial. Sin embargo, existen barreras para la entrada de nuevos productos en el mercado, como los elevados costes para los primeros inversores y la falta de regulación e infraestructuras adecuadas. Por ello, la adopción de tecnologías incipientes puede ser un proceso prolongado y desigual, que combina avances rápidos con periodos de desarrollo lento. Otros sectores que hoy se consideran casos de éxito también atravesaron estas fases. Por ejemplo, transcurrieron 25 años desde la llegada de los primeros paneles solares al mercado hasta que la energía solar fotovoltaica alcanzó por primera vez una cuota del uno por ciento en el suministro eléctrico de un país.
Los titulares recientes sobre el hidrógeno han puesto el foco en retrasos de proyectos, cancelaciones y revisiones a la baja de los objetivos de adopción del hidrógeno de bajas emisiones. Esto ha generado una perspectiva más pesimista entre gobiernos e industria, alimentando el temor a que el sector se haya estancado y la preocupación de que el hidrógeno haya atravesado simplemente otro ciclo de 'hype', como ocurrió en las décadas de 1970, 1990 y principios de los 2000. Sin embargo, un análisis más detallado de los datos muestra que, lejos de estancarse o retroceder, el sector sigue avanzando y alcanzando hitos relevantes, aunque sin cumplir las elevadas expectativas generadas a comienzos de la década.
'Progreso en la producción de hidrógeno de bajas emisiones y potencial de producción a partir de proyectos comprometidos, 2020-2030'. Fuente: IEA (2025), IEA Hydrogen Production Projects Database.
A pesar de retrasos y cancelaciones, la producción de hidrógeno de bajas emisiones crece con fuerza, aunque desde una base reducida
En 2020, esta producción apenas superaba los 0,5 Mt y se concentraba en unos pocos proyectos que utilizaban combustibles fósiles con captura y almacenamiento de carbono, junto con algunos pequeños proyectos demostrativos de electrólisis. En 2024, la producción se acercó a 0,8 Mt y se estima que alcanzó cerca del millon de toneladas en 2025. De cara a 2030, se espera que la producción supere los cuatro Mt considerando únicamente los proyectos comprometidos (es decir, operativos, en construcción o que hayan alcanzado la decisión final de inversión).
Esta cifra queda por debajo de las ambiciones anunciadas a principios de la década, pero supone, no obstante, un crecimiento sólido para un sector emergente, e implica que la producción de hidrógeno de bajas emisiones pasará de representar menos del uno por ciento de la producción total actual a alrededor del cuatro por ciento en 2030. De alcanzarse, este crecimiento sería comparable a las rápidas expansiones observadas recientemente en otras tecnologías energéticas limpias.
La producción podría incluso ser mayor. Una nueva evaluación de los proyectos anunciados y de la probabilidad de que estén disponibles antes de 2030, realizada en la edición 2025 del Global Hydrogen Review de la AIE, sugiere que otros seis Mt adicionales de producción de hidrógeno de bajas emisiones tienen un alto potencial de estar operativos en 2030. La materialización de estos proyectos dependerá de la acción política para abordar las principales barreras, en particular el apoyo para cerrar la brecha de costes frente al hidrógeno producido a partir de combustibles fósiles sin abatimiento y medidas para estimular la demanda en sectores donde el hidrógeno ya se utiliza, como el refino y la industria química.
El crecimiento previsto hasta 2030 se sustenta en un salto significativo en el tamaño de los proyectos individuales. El mayor electrolizador en operación en el mundo en 2020 fue la planta Industrias Cachimayo (Perú), con una capacidad de 25 megavatio (MW). En julio de 2025, Envision Energy puso en marcha en China el que actualmente es el mayor proyecto de electrólisis del mundo, con 500 MW de capacidad. Por su parte, el proyecto NEOM Green Hydrogen, en Arabia Saudí, actualmente en construcción, prevé alcanzar 2,2 GW en 2027, lo que lo convierte en una instalación 90 veces mayor que el proyecto que ostentaba el récord al inicio de la década.
China, Europa, India y Norteamérica concentran cerca del 90% de la producción comprometida hasta 2030. Otras regiones avanzan a un ritmo más lento, y la producción a gran escala probablemente no se materialice hasta después de 2030, pese a una cartera actual de proyectos que podría superar los quince millones de toneladas.
Inversión en la producción de hidrógeno de bajas emisiones y de productos derivados del hidrógeno, por uso previsto, 2021-2025. Fuente: IEA.
Los esfuerzos para estimular la demanda avanzan con lentitud, pero políticas específicas podrían desbloquear oportunidades a corto plazo
Incluso en los países pioneros que impulsan proyectos de producción de hidrógeno de bajas emisiones, persisten desafíos sin resolver, como los elevados costes de producción, una regulación poco clara y compleja y la limitada disponibilidad de infraestructuras.
Quizá el problema más relevante sea la incertidumbre en torno a la demanda. Una demanda estable y previsible es un factor clave para la inversión en proyectos de hidrógeno de bajas emisiones, ya que los productores necesitan garantías de que podrán vender su producción. Aunque la demanda ha crecido en los últimos años y se han firmado diversos acuerdos de compraventa ('offtake'), los avances han sido lentos. Los acuerdos firmes y a largo plazo han permitido que algunos proyectos superen la decisión final de inversión, pero la mayoría de los acuerdos son preliminares. Los contratos vinculantes que incluyen obligaciones para ambas partes representan menos de dos Mt anuales, frente a los 4 Mt de producción potencial de los proyectos comprometidos. Esta cifra equivale aproximadamente a una quinta parte del potencial total de producción que podría alcanzarse de aquí a 2030 considerando tanto proyectos comprometidos como aquellos con alto potencial. La falta de una demanda fiable constituye, por tanto, un reto clave para el sector.
Los gobiernos han comenzado a anunciar e implementar medidas para estimular la demanda, y la industria ha puesto en marcha iniciativas para acelerar la adopción. Sin embargo, los resultados han sido desiguales. En el sector del refino, las licitaciones han logrado algunos avances positivos, con más de 220 kilotoneladas (kt) anuales de hidrógeno renovable contratados por refinerías en Europa e India. En el sector de los fertilizantes, se han adjudicado licitaciones en India para adquirir más de 700 kt anuales de amoníaco renovable destinado a trece plantas, aunque con retrasos significativos. En el sector siderúrgico, varias licitaciones no se han adjudicado o han quedado en suspenso debido a ofertas muy superiores a las expectativas.
El incremento de acuerdos firmes requiere una mayor acción política, que hasta ahora ha sido insuficiente y geográficamente limitada. Intervenciones cuidadosamente diseñadas podrían desempeñar un papel decisivo a corto plazo. Entre las prioridades figuran:
- Centrarse en usos existentes del hidrógeno, que concentran la mayoría de contratos firmes.
- Explorar nuevas oportunidades mediante contratación pública y creación de mercados pioneros.
- Incluir acuerdos de compraventa como criterio en esquemas de apoyo a la producción.
- Aprovechar futuras regulaciones internacionales en aviación y transporte marítimo para acelerar combustibles basados en hidrógeno.
Mantener el impulso exige aprendizaje y adaptación en el diseño de políticas
Dada la versatilidad del hidrógeno y la diversidad de usos potenciales, no existe un único conjunto de instrumentos eficaces, y las estrategias dependerán del contexto específico de cada país. Entre las opciones para cerrar la brecha de costes figuran subvenciones, ayudas directas, garantías de préstamo, financiación concesional, créditos a la exportación e inversiones públicas en capital. Para crear demanda, se emplean cuotas, mandatos y contratos por diferencia de carbono. La contratación pública se ha considerado en algunos países para estimular la demanda en acero, transporte pesado y aviación, aunque sigue siendo un instrumento menos desarrollado que otros.
La creación de 'hubs' de hidrógeno —zonas donde se integran múltiples aplicaciones en un ecosistema coordinado— ha servido principalmente como mecanismo de financiación, pero también puede ayudar a superar barreras de coordinación y a agregar demanda entre varios usuarios, compartiendo riesgos.
Para que estas políticas sean efectivas, es fundamental que productores y compradores puedan diferenciar el hidrógeno de bajas emisiones mediante el seguimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de la cadena de valor. Varias regiones ya disponen de sistemas de certificación, y podría lograrse una mayor estandarización cuando se publique la metodología de la Organización Internacional de Normalización.
La implementación de la primera ola de políticas de hidrógeno ha sufrido retrasos, en parte porque debían diseñarse desde cero y, en muchos casos, mediante procesos de prueba y error. Aunque comprensibles, estos retrasos han generado incertidumbre para promotores e inversores. En la Unión Europea, por ejemplo, la transposición de la Directiva de Energías Renovables ha llevado más de cuatro años. En India, el apoyo a los hubs se ha reducido y las condiciones de apoyo financiero para el suministro de amoníaco se han revisado en varias ocasiones.
Las regulaciones muy estrictas pueden aportar claridad, pero también resultar excesivamente restrictivas y frenar el desarrollo del mercado en estas fases iniciales. Dado que se espera que el mercado del hidrógeno evolucione con rapidez, las políticas deben ser adaptativas, con ciclos de revisión cortos que permitan incorporar los cambios del mercado. Este enfoque deja margen para la experimentación inicial al tiempo que proporciona certidumbre a largo plazo, un elemento esencial no solo para garantizar la seguridad de las inversiones, sino también para que la adopción del hidrógeno de bajas emisiones pueda acelerarse más allá de sus primeros avances y contribuir de forma efectiva a los objetivos energéticos de los países.
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