2027: producir energía renovable ya no será suficiente; hay que aprender a gestionarla y almacenarla
Cada vez disponemos de más electricidad gracias a la expansión de la fotovoltaica, pero en las mismas horas: cuando luce el sol. Esta es, sin duda, una magnífica noticia desde el punto de vista de la generación renovable, pero plantea un nuevo desafío al sistema eléctrico: cuando desaparece el sol y continúa la demanda, necesitamos recurrir de nuevo a otras fuentes de energía, aunque en determinados momentos del día nos hayamos encontrado con mucha producción y precios muy bajos.
Las empresas que instalaron autoconsumo fotovoltaico producían electricidad, consumían una parte y vertían el sobrante a la red a cambio de una compensación o de su correspondiente remuneración. Ahora, ese modelo empieza a evolucionar. De hecho, para 2027 el Gobierno ha fijado un precio de mercado estimado de 59,11 €/MWh, frente a 61,65 €/MWh para 2026, dentro del régimen regulatorio correspondiente.
A partir de ahora hay que pensar en los proyectos renovables mediante la ecuación generación, consumo y almacenamiento.
La batería, el sistema energético gestionable
La electricidad más valiosa ya no tiene por qué ser simplemente la que somos capaces de producir, sino aquella de la que podemos disponer cuando realmente la necesitamos. ¡Ahí entra en juego el almacenamiento! Pensemos en una instalación industrial. Durante las horas centrales del día, su parque fotovoltaico puede generar más electricidad de la que necesita la propia actividad. Ese excedente puede verterse a la red, pero existe otra posibilidad: almacenarlo y utilizarlo posteriormente, cuando disminuye o desaparece la producción solar.
La batería convierte así una instalación renovable en algo mucho más parecido a un sistema energético gestionable. Permite decidir no sólo cómo producir nuestra energía, sino también cuándo utilizarla. Este cambio será especialmente relevante para la industria porque una empresa no consume energía únicamente cuando las condiciones meteorológicas son favorables, sino que hay horarios de producción, maquinaria, procesos continuos y necesidades que no pueden detenerse cuando se pone el sol. Por eso, la combinación entre generación renovable y almacenamiento abre una nueva etapa para el autoconsumo industrial.
A partir de ahora hay que pensar en los proyectos renovables mediante esta ecuación: generación, consumo y almacenamiento.
De hecho, las señales regulatorias y tecnológicas ya apuntan en esa dirección. El almacenamiento está adquiriendo un papel cada vez mayor en la integración de las renovables y la propia normativa está avanzando para facilitar su incorporación a las instalaciones energéticas. El objetivo es aprovechar mejor una electricidad limpia cuya producción, por naturaleza, no siempre coincide con el momento en que necesitamos consumirla.
En Bornay conocemos bien este problema porque forma parte de la propia esencia de las energías renovables. Llevamos décadas trabajando con instalaciones en las que producir energía es solo una parte de la ecuación. En sistemas aislados, híbridos o lugares alejados de la red, almacenar y gestionar correctamente esa energía siempre ha sido imprescindible. Ahora esa experiencia adquiere una dimensión mucho mayor.
La transición energética está pasando de una primera etapa basada fundamentalmente en instalar capacidad renovable a otra mucho más sofisticada: gestionar inteligentemente esa capacidad. Fotovoltaica, eólica, baterías, inversores y sistemas de gestión energética tendrán que trabajar cada vez más como un único ecosistema.
Y esto supone también un cambio de mentalidad. Durante mucho tiempo hemos pensado en términos de kilovatios instalados. El siguiente paso será pensar en términos de independencia, flexibilidad y capacidad de gestión. En este sentido, 2027 puede ser un año decisivo en esa transformación: no vamos a dejar de necesitar renovables, vamos a exigirles algo más; no bastará con preguntarnos cuánto podemos producir, sino cuánto podemos aprovechar, cuánto podemos almacenar y cuándo queremos utilizarlo. El salto de la transición energética no consiste en producir nuestra propia energía sino en ser capaces de decidir qué hacemos con ella.











































