TECNOLOGÍA

La eficiencia energética ya no es la meta, sino el punto de partida

ABB en España07/09/2026

La descarbonización industrial suele asociarse a grandes transformaciones tecnológicas, electrificación de procesos o incorporación de energías renovables. Sin embargo, una de las oportunidades más inmediatas para reducir el consumo energético y las emisiones se encuentra en un elemento mucho más cotidiano: los motores eléctricos que accionan bombas, ventiladores, compresores y cintas transportadoras.

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Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los sistemas accionados por motores representan actualmente alrededor del 60% de la demanda eléctrica de la industria y aproximadamente una cuarta parte del consumo mundial de electricidad. Estas cifras evidencian el papel central que desempeñan los motores en cualquier estrategia de eficiencia energética.

Al mismo tiempo, gran parte de las instalacones siguen estando compuestas por equipos con muchos años de servicio. Se estima que más de la mitad de los motores industriales en funcionamiento tienen más de diez años y cerca de una cuarta parte superan los veinte años. Aunque muchos continúan operando de forma fiable, su rendimiento energético suele estar muy por debajo de los estándares actuales, generando costes operativos y emisiones que a menudo pasan desapercibidos.

La modernización de motores, una oportunidad de alto impacto

En un contexto marcado por el aumento de los costes energéticos y una regulación cada vez más orientada a la reducción de emisiones, la actualización de motores existentes se presenta como una de las medidas más eficaces para mejorar la sostenibilidad industrial.

La propia AIE estima que la sustitución de los más de 300 millones de sistemas accionados por motores que operan actualmente por alternativas de alta eficiencia podría reducir el consumo eléctrico mundial hasta en un 10%. Se trata de una oportunidad de mejora significativa que puede abordarse con tecnologías ya disponibles en el mercado.

Entre ellas destacan los motores de reluctancia síncrona (SynRM), una solución que ha ganado protagonismo en los últimos años por su capacidad para combinar elevadas prestaciones energéticas con un diseño relativamente sencillo.

El papel de los motores de reluctancia síncrona

A diferencia de otras tecnologías, los motores SynRM no emplean imanes permanentes ni tierras raras en su rotor. Esta característica contribuye a minimizar ciertos riesgos asociados a la volatilidad de precios y a las cadenas globales de suministro.

Además, su diseño permite reducir las pérdidas internas de energía y operar a temperaturas más bajas que las tecnologías convencionales equivalentes. En comparación con motores de inducción similares, pueden alcanzar temperaturas de bobinado hasta 30 °C inferiores y temperaturas de los rodamientos hasta 15 °C más bajas. Estas condiciones de funcionamiento contribuyen a reducir el desgaste de componentes críticos, aumentar la fiabilidad y disminuir las necesidades de mantenimiento.

Durante la última década, esta tecnología ha evolucionado de aplicaciones especializadas a soluciones cada vez más estandarizadas. La aparición de motores clasificados bajo el nivel de eficiencia IE6, considerado actualmente uno de los más avanzados del mercado, refleja esta tendencia.

El impacto económico de la eficiencia energética

Cuando se analiza el coste total de propiedad de un motor industrial, el consumo eléctrico tiene un peso determinante. A lo largo de una vida útil de aproximadamente veinte años, la energía consumida puede representar cerca del 97% de los costes asociados al equipo, mientras que el coste de adquisición suele rondar el 2% y el mantenimiento aproximadamente el 1%.

Por este motivo, incluso pequeñas mejoras porcentuales en eficiencia pueden generar ahorros muy relevantes cuando los motores funcionan de forma continua.

Por ejemplo, en aplicaciones de 110 kW que operan durante todo el año, una mejora en la eficiencia del sistema puede traducirse en importantes reducciones tanto del consumo eléctrico como de las emisiones de CO₂ a lo largo de su vida útil. En determinados casos, estas mejoras pueden representar ahorros económicos superiores a los 50.000 euros y reducciones cercanas a las 92 toneladas de CO₂ durante el periodo de operación analizado. Estos beneficios se multiplican cuando las medidas se aplican de forma sistemática a decenas o cientos de motores dentro de una misma instalación industrial.

Más allá de los ahorros energéticos directos, una mayor eficiencia también contribuye a reducir la exposición de las empresas a la volatilidad de los precios de la energía, un factor que ha ganado importancia en los últimos años.

La eficiencia como estrategia de gestión

La experiencia demuestra que los mayores avances en eficiencia energética no suelen depender de una única tecnología, sino de un enfoque integral de gestión.

Un análisis de la Agencia Internacional de la Energía sobre más de 300 casos de gestión energética concluyó que las organizaciones que implantan sistemas estructurados de gestión consiguen ahorros medios cercanos al 11% durante los primeros años, llegando en algunos casos a superar el 30% con el tiempo.

La incorporación de motores de alta eficiencia forma parte de este enfoque. A diferencia de otras medidas que requieren importantes rediseños de procesos o inversiones complejas, la sustitución de motores puede integrarse gradualmente en infraestructuras existentes, permitiendo obtener beneficios desde el momento de su puesta en marcha.

Además, la evaluación del impacto ambiental ya no se limita únicamente al consumo durante la operación. Cada vez adquieren más relevancia factores como las emisiones asociadas a la fabricación de los equipos, el uso de materiales reciclados y la transparencia en los análisis de ciclo de vida, aspectos que se incorporan progresivamente a las estrategias de sostenibilidad corporativa.

Un nuevo estándar para la industria

La presión para producir más con menos recursos está redefiniendo las prioridades de la industria. En este contexto, mantener los equipos operativos ya no es suficiente; también deben operar con los máximos niveles posibles de eficiencia energética.

La evolución de tecnologías como los motores de reluctancia síncrona de alta eficiencia demuestra que la mejora del rendimiento energético no debe considerarse un objetivo final, sino una condición básica para la competitividad futura. La renovación progresiva puede convertirse así en una herramienta clave para avanzar simultáneamente en productividad, reducción de costes y descarbonización.

En definitiva, la eficiencia energética está dejando de ser una iniciativa aislada para consolidarse como uno de los pilares fundamentales sobre los que se construirá la industria de las próximas décadas.

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