Según el informe del Tribunal de Cuentas Europeo
La UE se enfrenta a un serio riesgo de desabastecimiento de materias primas esenciales para las renovables
La Unión Europea avanza con dificultad en su objetivo de garantizar el suministro de materias primas fundamentales para cumplir sus metas energéticas y climáticas. Un informe del Tribunal de Cuentas Europeo alerta de que la elevada dependencia de terceros países, el lento despegue de la producción y el reciclaje internos y la falta de objetivos vinculantes ponen en duda que Bruselas llegue a 2030 con una cadena de suministro segura para tecnologías como el hidrógeno, la eólica, la solar o las baterías.
De izquierda a derecha: Laura McMillan, Jolita Korzuniene, Florence Fornaroli, Annikky Lamp, Daria Bochnar, Keit Pentus-Rosimannus, Jan Huth y Marika Meisenzahl.
La transición de la Unión Europea hacia un sistema energético descarbonizado depende, en gran medida, de un conjunto reducido de materias primas esenciales para fabricar paneles solares, aerogeneradores, baterías o vehículos eléctricos. Litio, níquel, cobalto, cobre o tierras raras se han convertido en elementos críticos para el despliegue de las energías renovables, pero su suministro sigue concentrado en unos pocos países terceros, una situación que amenaza tanto los objetivos climáticos como la competitividad industrial europea.
Esta es la principal conclusión del nuevo informe especial del Tribunal de Cuentas Europeo (TCE), que analiza la política comunitaria sobre materias primas fundamentales y advierte de que los avances logrados hasta ahora son insuficientes. Según los auditores, la acción de la UE “no está obteniendo resultados tangibles” y existe un riesgo real de que muchos de los proyectos apoyados no den frutos a tiempo.
“Sin materias primas fundamentales no habrá transición energética ni competitividad ni autonomía estratégica”, subraya Keit Pentus-Rosimannus, miembro del Tribunal responsable de la auditoría. “Hoy tenemos una peligrosa dependencia de unos cuantos países terceros para el suministro de estas materias primas, por lo que es vital redoblar esfuerzos y reducir esta vulnerabilidad”.
Dependencia exterior y diversificación limitada
En la actualidad, la producción mundial de la mayoría de las materias primas necesarias para las renovables está altamente concentrada. China domina el procesamiento de tierras raras y otros minerales estratégicos, mientras que países como Chile, Turquía, Indonesia o la República Democrática del Congo concentran gran parte de la extracción de litio, boro, níquel o cobalto. Esta concentración expone a la UE a riesgos geopolíticos, comerciales y logísticos en un contexto de creciente competencia global por el acceso a los recursos.
Para hacer frente a esta situación, Bruselas aprobó en 2024 el Reglamento de Materias Primas Fundamentales, que identifica 34 materias primas críticas, de las cuales 26 son clave para la transición energética y 17 se consideran estratégicas. El objetivo es asegurar su suministro mediante la diversificación de las importaciones, el refuerzo de la producción interna y el impulso del reciclaje.
Sin embargo, el informe del Tribunal cuestiona la eficacia de estas medidas. En los últimos cinco años, la UE ha firmado catorce asociaciones estratégicas sobre materias primas, muchas de ellas con países que presentan bajos estándares de gobernanza. A pesar de ello, entre 2020 y 2024 las importaciones procedentes de estos socios disminuyeron para aproximadamente la mitad de las materias primas analizadas. Además, algunas iniciativas siguen bloqueadas o sin materializarse, como las negociaciones con Estados Unidos, paralizadas en 2024, o la ratificación definitiva del acuerdo UE-Mercosur, que sigue pendiente a nivel comunitario pese al respaldo de países como España, debido a las reticencias de otros Estados miembros.
Producción y reciclaje, lejos de los objetivos de 2030
El Reglamento establece objetivos no vinculantes para 2030. Entre ellos, que al menos el 10% del consumo europeo de materias primas estratégicas proceda de extracción interna, el 40% de procesamiento en la UE y el 25% de materiales reciclados. No obstante, los auditores consideran que estos objetivos están lejos de alcanzarse con las políticas actuales.
En el caso de la extracción, la exploración de nuevos yacimientos avanza lentamente y los plazos juegan en contra. Incluso si se identifican recursos, pueden pasar hasta veinte años antes de que una mina entre en funcionamiento, lo que hace poco realista cualquier contribución significativa antes de 2030. A ello se suman los complejos procedimientos administrativos, los elevados costes y, en muchos casos, la oposición social a nuevos proyectos mineros.
El reciclaje presenta un panorama igualmente preocupante. Siete de las 26 materias primas necesarias para la transición energética tienen tasas de reciclaje de apenas entre el 1% y el 5%, y otras diez no se reciclan en absoluto. Además, muchos de los objetivos comunitarios no están definidos por materia prima concreta, lo que desincentiva la recuperación de materiales especialmente complejos, como las tierras raras presentes en motores eléctricos o el paladio utilizado en sistemas electrónicos.
Los recicladores europeos, señala el informe, se enfrentan a elevados costes de procesamiento, escasez de materiales disponibles y barreras tecnológicas y regulatorias que limitan su competitividad y frenan el desarrollo de una economía circular eficaz en este ámbito.
Europa frente a otras potencias industriales
El informe también pone de relieve el desfase de la UE respecto a otras grandes potencias. China ha integrado el control de las materias primas críticas en su estrategia industrial desde hace años, asegurando tanto la extracción como el procesamiento y el reciclaje, y reforzando su posición dominante en cadenas de valor clave. Estados Unidos, por su parte, ha intensificado su política de apoyo a proyectos estratégicos mediante incentivos financieros y fiscales, especialmente a raíz de la aprobación de la Inflation Reduction Act.
Frente a estos enfoques más directos y con objetivos claros, la estrategia europea se apoya en metas no vinculantes y en instrumentos que, según los auditores, carecen de la contundencia necesaria para competir en igualdad de condiciones. Esta diferencia de ritmo y ambición podría traducirse en una pérdida de atractivo para nuevas inversiones industriales vinculadas a las tecnologías limpias.
El informe presenta gráficamente las asociaciones estratégicas sobre materias primas entre la UE y países terceros en junio de 2025.
Un círculo vicioso para la industria europea
El Tribunal de Cuentas advierte, además, de un posible 'círculo vicioso' que amenaza la estrategia comunitaria. La falta de suministro estable desincentiva la inversión en instalaciones de procesamiento, que a su vez reduce la capacidad de la UE para asegurar ese suministro. El cierre de plantas, motivado en parte por los elevados costes energéticos, agrava aún más la situación y pone en riesgo el objetivo de cubrir el 40% del procesamiento de materias primas estratégicas dentro del territorio europeo.
Todo ello ocurre en un momento crítico, en el que la UE se ha comprometido a reducir sus emisiones netas de gases de efecto invernadero al menos un 55% para 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050. Sin un acceso seguro y sostenible a las materias primas fundamentales, advierte el informe, estos compromisos corren el riesgo de quedarse en papel mojado.
Los auditores concluyen que, aunque el marco normativo supone un paso en la buena dirección, la política europea “no es lo suficientemente contundente” y necesita medidas más ambiciosas, coordinadas y realistas. De lo contrario, la UE podría llegar al final de la década sin las materias primas necesarias para sostener su transición energética, su base industrial y su autonomía estratégica en un escenario global cada vez más competitivo.





































