Eficiencia energética industrial: optimización, digitalización e hibridación para avanzar en la descarbonización
Alcanzar una mayor estabilidad en los costes operativos exige ir más allá de la sustitución de fuentes energéticas. Es necesario analizar cómo y cuándo se consume la energía, identificar ineficiencias y optimizar los recursos disponibles. Para ello, resulta fundamental combinar conocimiento técnico, análisis energético, digitalización e integración de tecnologías de generación y recuperación de energía.
Este proceso de transformación cuenta con el respaldo del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030, que establece una hoja de ruta para avanzar hacia un modelo energético más eficiente, descarbonizado y competitivo. La actualización aprobada en septiembre de 2024 fija para 2030 objetivos como reducir un 43 % el consumo de energía primaria respecto al escenario de referencia, alcanzar un 48 % de renovables en el consumo final de energía y reducir un 32 % las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a 1990. Además, prevé reducir la dependencia energética exterior del 73 % registrado en 2019 al 50 % en 2030.
En este contexto, la optimización de los consumos, la integración de tecnologías complementarias y la monitorización de datos adquieren una importancia estratégica para el sector industrial, contribuyendo a los objetivos nacionales de descarbonización.
La operación, explotación y mantenimiento continuo de los sistemas resulta especialmente relevante, ya que permite asegurar el rendimiento de las soluciones implantadas a largo plazo y detectar posibles desviaciones respecto a los niveles de eficiencia previstos.
Eficiencia energética aplicada al sector industrial
La eficiencia energética industrial consiste en obtener el mismo nivel de producción o servicio con un menor consumo de energía, optimizando el rendimiento de los equipos y procesos y reduciendo el impacto ambiental asociado a la actividad.
Más allá de la incorporación de energías renovables, la eficiencia energética constituye uno de los primeros pasos de cualquier estrategia de descarbonización. La reducción del consumo energético permite disminuir las emisiones asociadas a la actividad industrial y optimizar los recursos de las empresas, reduciendo al mismo tiempo su exposición a los drásticos cambios del mercado energético.
Para conseguirlo, es necesario analizar el comportamiento energético de cada instalación. Las características de los procesos productivos, las necesidades térmicas y eléctricas, los horarios de funcionamiento o las tecnologías existentes condicionan las posibilidades de mejora y hacen necesario realizar estudios específicos para cada planta.
Este análisis debe partir de una auditoría o diagnóstico energético riguroso que permita conocer en detalle dónde y cómo se consume la energía, detectar pérdidas o consumos innecesarios y priorizar las actuaciones con mayor potencial de ahorro. Ámbitos como los sistemas de bombeo o los procesos térmicos industriales presentan oportunidades de mejora, por lo que la eficiencia energética debe entenderse como un proceso continuo que combine tecnología, conocimiento operativo y seguimiento de resultados.
Un modelo integral de gestión energética
Una estrategia de eficiencia energética industrial puede estructurarse en diferentes fases. En primer lugar, es necesario realizar un estudio exhaustivo y personalizado de las necesidades energéticas específicas de cada instalación. A partir de esta información se pueden identificar consumos, ineficiencias y oportunidades de optimización.
Posteriormente, se lleva a cabo el diseño de soluciones eficientes, viables y sostenibles adaptadas a la realidad operativa de las infraestructuras. Una vez definidas las medidas, se procede a la ejecución técnica de los proyectos de mejora, renovación o ampliación tecnológica.
El proceso se completa con la operación, explotación y mantenimiento continuo de los sistemas. Esta última fase resulta especialmente relevante, ya que permite asegurar el rendimiento de las soluciones implantadas a largo plazo y detectar posibles desviaciones respecto a los niveles de eficiencia previstos.
En este ámbito, Veolia, como líder mundial en descarbonización y gestión optimizada de recursos, desarrolla soluciones de gestión energética que abarcan desde el análisis de las necesidades de cada instalación hasta el diseño, la ejecución y la operación y mantenimiento de las soluciones implantadas. Este enfoque se enmarca en GreenUp, su programa estratégico orientado a acelerar la descarbonización, la descontaminación y la regeneración de los recursos.
Financiación de proyectos de eficiencia energética
Uno de los condicionantes a la hora de iniciar proyectos de modernización energética industrial es la disponibilidad de capital inicial. Para abordar esta barrera pueden utilizarse modelos de Empresa de Servicios Energéticos, en los que la viabilidad económica del proyecto se vincula a los ahorros energéticos obtenidos y a la valorización de la energía renovable generada in situ.
Este tipo de estructuras permite plantear proyectos en los que los ahorros futuros contribuyan a financiar las actuaciones de eficiencia energética, trasladando parte del riesgo técnico y económico asociado a la transformación de las instalaciones.
Junto a estos modelos de contratación, los Certificados de Ahorro Energético (CAE) constituyen otro mecanismo para mejorar la viabilidad económica de los proyectos, al permitir monetizar los ahorros energéticos alcanzados y contribuir así a mejorar la rentabilidad financiera de las inversiones en eficiencia. Veolia incorpora este tipo de modelos dentro de sus soluciones para proyectos energéticos industriales, junto con el diseño, ejecución, operación y mantenimiento de las instalaciones.
Digitalización y monitorización de datos
La optimización de los recursos energéticos está cada vez más vinculada a la digitalización y la monitorización de datos. Mediante plataformas digitales y sistemas de análisis de grandes volúmenes de información es posible supervisar el consumo de una instalación industrial en tiempo real y analizar su comportamiento energético.
La monitorización continua permite identificar patrones de consumo, detectar ineficiencias y generar alertas ante posibles desviaciones o averías. Al disponer de información detallada sobre el funcionamiento de los equipos y procesos, también es posible ajustar su operación y mejorar progresivamente su rendimiento.
La incorporación de inteligencia artificial y algoritmos de análisis permite ampliar estas capacidades, utilizando los datos obtenidos de las instalaciones para optimizar los procesos y maximizar el ahorro y la eficiencia.
La aplicación del análisis predictivo permite además anticipar incidencias y mejorar la toma de decisiones. Para evaluar de forma rigurosa los resultados obtenidos, resulta clave establecer una línea base de consumo previa y aplicar metodologías de medición y verificación que permitan cuantificar las mejoras y distinguir los ahorros reales de las variaciones derivadas de cambios en la actividad.
Esta información también permite coordinar el funcionamiento de las distintas tecnologías energéticas, adaptando su uso a la demanda de cada instalación y favoreciendo una gestión más eficiente del conjunto del sistema.
A través de Hubgrade, Veolia combina la experiencia de sus equipos con analítica predictiva y cuenta en España con 17 hubs operativos que monitorean más de 2.500 instalaciones en todo el territorio nacional. Esta gestión digital permite alcanzar resultados concretos de eficiencia y sostenibilidad, con un ahorro anual de 1,5 millones de euros en energía, 4,5 millones de litros de agua ahorrados al año y 183.000 toneladas de CO2 evitadas.
Hibridación de tecnologías
La eficiencia energética alcanza un mayor grado de desarrollo cuando sirve como base para la hibridación de diferentes tecnologías. No existe un único camino hacia la descarbonización industrial, ya que las soluciones deben adaptarse a las características energéticas, productivas y operativas de cada instalación. La selección de estas tecnologías debe responder siempre a las características de cada actividad, su demanda energética y las infraestructuras disponibles. No existe una única tecnología capaz de resolver por sí sola el reto de la eficiencia energética, sino que los mejores resultados se obtienen mediante la combinación de soluciones adaptadas a cada instalación.
La integración de distintas alternativas, como el autoconsumo solar fotovoltaico, los sistemas de almacenamiento mediante baterías, la recuperación de calores residuales, la producción de vapor con biomasa local o los sistemas de geotermia, permite combinar diferentes fuentes y formas de aprovechamiento de la energía.
El objetivo es configurar un sistema energético integrado en el que las diferentes tecnologías no operen de forma aislada, sino coordinada. La combinación adecuada de generación, almacenamiento, recuperación energética, monitorización y optimización del consumo puede reducir la dependencia de los combustibles fósiles y optimizar el consumo de energía procedente de la red
En este contexto, GreenUp plantea la eficiencia energética y la producción de energía local baja en carbono como elementos para avanzar en la transformación de infraestructuras e instalaciones industriales. La aplicación de estas soluciones requiere analizar previamente las características particulares de cada instalación para determinar qué combinación tecnológica resulta más adecuada.
La eficiencia como base de la descarbonización industrial
La descarbonización industrial exige combinar la reducción del consumo energético con la integración de tecnologías eficientes, la recuperación de energía y la monitorización continua de los procesos. Este enfoque permite adaptar las soluciones a las necesidades de cada instalación, mejorar el aprovechamiento de los recursos y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Para garantizar que las mejoras alcanzadas sean sostenibles en el tiempo, resulta fundamental realizar un seguimiento periódico del consumo energético total y por unidad de producción o servicio, del coste energético y de las emisiones asociadas. Estos indicadores deben compararse con una situación de partida equivalente y tener en cuenta factores como la actividad o las condiciones climáticas, permitiendo distinguir los ahorros reales de las variaciones derivadas de cambios en la actividad.
A través de su capacidad técnica y de su estrategia GreenUp, Veolia contribuye a impulsar este modelo de gestión energética, alineado con los objetivos de eficiencia y descarbonización del PNIEC y con la necesidad de avanzar hacia una industria más competitiva y resiliente.














































































