El sector reclama una 'certificación hídrica' para los edificios y un cambio cultural en el uso del agua
Periodista especializada en energía, eficiencia energética e instalaciones · Interempresas Media
01/06/2026
La huella hídrica de los edificios, el papel de las certificaciones ambientales y la necesidad de avanzar hacia modelos urbanos más sostenibles protagonizaron el cuarto bloque del desayuno de trabajo organizado por El Instalador-Interempresas y patrocinado por Efintec. Los participantes coincidieron en que la eficiencia hídrica no puede limitarse únicamente a la instalación de equipos de bajo consumo, sino que debe abordarse desde una visión integral que combine regulación, concienciación social, rediseño urbano y aprovechamiento de recursos como las aguas grises o el agua de lluvia. También se puso sobre la mesa que, aunque existen tecnologías y soluciones capaces de reducir de forma significativa el consumo de agua potable en los edificios, su implantación continúa siendo todavía muy minoritaria.
Desde el CEEC se defendió la importancia de actuar sobre los elementos terminales de consumo para reducir la demanda hídrica de los edificios. “Lo más importante es el ahorro en los elementos terminales en relación con el agua. Si tenemos elementos terminales de bajo consumo, tendremos instalaciones más pequeñas, más eficientes y más fáciles de diseñar”, señalaron. Durante el debate se puso como ejemplo la existencia de grifos limitados a caudales de 3 litros por minuto o cisternas de doble descarga de 2-4 litros, frente a otras soluciones menos eficientes que todavía continúan utilizándose de forma habitual.
Maite Serra recordó que buena parte de estos elementos ya están regulados por normativa europea, especialmente en el ámbito de la grifería. “En nuestro sector tenemos el “etiquetado Water Label” en donde se informa al consumidor de cuál es el ahorro de agua en grifería y también de aparatos sanitarios”, explicó.
“El problema para nosotros es al revés. Si vosotros no cumplís, al final nos afecta a nosotros”, afirmó, insistiendo en que el grifo es únicamente “la parte final y visible” de toda una instalación que debe estar correctamente diseñada y regulada para funcionar de manera eficiente.
En este sentido, desde el CEEC también se defendió la necesidad de seguir avanzando en regulación para adaptarla a la evolución tecnológica. Los participantes coincidieron en que certificaciones ambientales como LEED o BREEAM han servido para introducir mecanismos de ahorro de agua y reutilización, pero siguen teniendo una implantación limitada. “Son interesantes, pero muy minoritarias y limitadas a algunos edificios terciarios”, se apuntó durante la sesión. Además, se alertó de cierta regresión en el ámbito residencial, donde el incremento del precio de la vivienda está desplazando este tipo de certificaciones a un segundo plano.
Por su parte, Víctor Viscor defendió la creación de una certificación hídrica específica para edificios, siguiendo un planteamiento similar al de la certificación energética. “Primero habría que reducir la demanda y luego mejorar la eficiencia de los equipos”, explicó. El arquitecto criticó además que sistemas como LEED o BREEAM valoran positivamente la reducción de caudales o determinados equipos, pero no cuestionan realmente las necesidades del edificio.
Durante el debate también se destacó que algunos municipios empiezan a introducir el concepto de auditoría hídrica, aunque todavía se encuentra en una fase muy inicial.
Elio Díaz quiso contextualizar el impacto real del consumo hídrico de los edificios frente a otros sectores. “La agricultura representa alrededor del 70% del consumo hídrico, la industria el 20% y los edificios solo el 10%”, recordó. Aun así, admitió que existe un problema de percepción social sobre el valor del agua, especialmente en el ámbito residencial. “Es difícil percibir el ahorro porque el agua está artificialmente subvencionada y parece barata”, explicó.
A la pregunta sobre la capacidad de sistemas como grifos o válvulas para incrementar el valor sostenible de un edificio, Víctor Viscor añadió que no solo debe tenerse en cuenta el consumo, sino también la calidad del agua que se devuelve al entorno. “Quien empeora más la calidad del agua también debería tener un impacto en esa certificación”, defendió, haciendo referencia a contaminantes urbanos y a la gestión del alcantarillado.
Albert Soriano recordó que la combinación de distintas tecnologías puede lograr reducciones muy significativas en el consumo de agua potable. “La reutilización de aguas grises puede conseguir ahorros del 30%, y si a eso le sumamos griferías eficientes y aprovechamiento de agua de lluvia podemos acercarnos a niveles de optimización del 50% o 60%”, aseguró. No obstante, reconoció que las promociones que integran todas estas soluciones siguen siendo todavía minoritarias.
Desde ACO se insistió en la necesidad de repensar el modelo urbano para avanzar hacia ciudades más sostenibles y resilientes frente al cambio climático. Durante la sesión se citaron proyectos europeos desarrollados en países como Dinamarca o Portugal para evaluar la eficacia de cubiertas vegetales, jardines verticales o nuevas tipologías de arbolado urbano. “Tenemos que convertir las ciudades en un medio más verde y menos hostil”, señalaron, defendiendo además el reaprovechamiento del agua “en origen” como una de las claves del futuro.
Silvia González recordó que algunos países ya están avanzando mediante obligaciones normativas. “En Singapur, por ejemplo, es obligatorio que cualquier edificación tenga un 30% ajardinado”, explicó. Sin embargo, desde ACO se reconoció que en Europa todavía existe cautela porque muchas de estas soluciones continúan en fase experimental y todavía se está evaluando su retorno real.
El bloque concluyó con una llamada a impulsar la rehabilitación de edificios tanto desde el punto de vista energético como hídrico. “Es importante la rehabilitación de los edificios tanto en energía como en agua”, subrayó Maite Serra, cerrando un debate que evidenció la necesidad de abordar la sostenibilidad hídrica desde una perspectiva mucho más transversal e integrada.

















































































