TECNOLOGÍA
Calidad del aire interior y confort ambiental

Hacia un marco nacional de aplicación de la EN 16798-1

Jorge Molina Torres, Secretario Técnico y Pedro Vicente Quiles, Presidente del Comité Técnico de Atecyr y Jorge Molina Torres, Secretario Técnico de Atecyr

Revisor: Manuel Ruiz de Adana, Miembro del Comité Técnico de Atecyr

07/05/2026

La calidad ambiental interior ha dejado de ser una cuestión secundaria en el diseño de los edificios. Durante años, el debate sobre las instalaciones térmicas se ha centrado principalmente en la eficiencia energética, el rendimiento de los equipos y la reducción del consumo. Sin embargo, un edificio no puede considerarse técnicamente correcto si no garantiza a sus ocupantes unas condiciones adecuadas de salud y confort. La ventilación, la calidad del aire interior, el control térmico, la humedad, el ruido y el control de contaminantes forman parte de una misma realidad: el edificio debe consumir menos energía, pero también debe ofrecer un ambiente interior confortable y saludable.

No basta con alcanzar una temperatura de consigna...
No basta con alcanzar una temperatura de consigna: hay que garantizar que la distribución del aire y las condiciones radiantes sean compatibles con la ocupación real del espacio.

En este contexto se enmarca la propuesta de Anexo A de Atecyr a la norma EN 16798-1, un documento que pretende establecer valores y criterios nacionales aplicables a la evaluación y al diseño de la calidad del aire interior en edificios situados en España. El texto adopta la estructura metodológica de la norma europea, pero la adapta al marco reglamentario y técnico nacional, incorporando referencias como el RITE 2021, la UNE 171330:2024, la UNE-EN 16798-3 y la UNE-EN 16798-17. Su alcance se limita a edificios no residenciales y su aplicación debe matizarse en ciertos usos específicos, como hospitales y centros sanitarios, en los que las áreas de ambiente controlado deben regirse por normas específicas, como la UNE 100713 y la UNE 171340, sin perjuicio de que otras áreas comunes puedan evaluarse conforme a criterios generales de calidad ambiental interior. 

Uno de los aspectos más relevantes del anexo es que no se limita a fijar caudales de ventilación. Su planteamiento es más amplio: propone una forma ordenada de relacionar confort térmico, calidad del aire interior, ocupación, emisiones de materiales, cálculo energético y criterios de salud. Esta visión resulta especialmente necesaria en un momento en el que los edificios tienden a ser cada vez más estancos, mejor aislados y más dependientes de sistemas de control. Una envolvente estanca puede reducir la demanda energética, pero también puede agravar problemas de acumulación de contaminantes si la ventilación no se diseña y gestiona adecuadamente.

La propuesta de Anexo A representa un paso importante hacia una aplicación más coherente y contextualizada de la EN 16798-1 en España

El primer bloque técnico del documento se centra en los criterios recomendados para el entorno térmico. Siguiendo la UNE-EN ISO 7730, se establecen categorías de ambiente interior basadas en indicadores clásicos como el PMV, voto medio previsto, y el PPD, porcentaje previsto de personas insatisfechas. Estos indicadores permiten vincular el diseño térmico con la percepción esperada de los ocupantes. La propuesta distingue entre edificios con calefacción y refrigeración mecánicas y edificios sin sistemas de refrigeración mecánica, incorporando en este segundo caso los criterios adaptativos.

Esta distinción es importante. En edificios climatizados mecánicamente, las condiciones interiores se definen mediante valores de temperatura operativa asociados a la estación, al uso y al nivel de actividad metabólica. En cambio, en edificios sin refrigeración mecánica, con posibilidad real de adaptación por parte de los usuarios, se admite que la temperatura interior aceptable varíe en función de la temperatura exterior media ponderada. Este enfoque adaptativo reconoce que el confort no depende únicamente de una consigna fija, sino también de las expectativas, la ropa, la posibilidad de abrir ventanas y el grado de control que el ocupante tiene sobre su entorno.

El anexo también establece que el confort térmico no se limita a la temperatura. Las corrientes de aire, la diferencia vertical de temperatura, la temperatura superficial del pavimento o la asimetría radiante pueden generar incomodidad incluso cuando la temperatura media se encuentra dentro de los límites previstos. No basta con alcanzar una temperatura de consigna: hay que garantizar que la distribución del aire y las condiciones radiantes sean compatibles con la ocupación real del espacio..

Otro elemento destacable es la consideración de la velocidad del aire en condiciones de verano. El documento permite utilizar una mayor velocidad del aire para compensar temperaturas interiores superiores a 25 °C, siempre que exista control personal o se trate de espacios en los que las personas se encuentran en movimiento. Este criterio abre la puerta a soluciones de bajo consumo, como ventiladores o sistemas personales de movimiento de aire, pero lo hace con cautela: el incremento de velocidad solo puede considerarse favorable cuando no se transforma en una molestia para los ocupantes.

El núcleo del anexo se encuentra, no obstante, en los criterios de calidad del aire interior y en las tasas de ventilación. La propuesta establece que, por motivos de salud, el caudal mínimo de aire exterior no debe ser inferior a 4 l/s por persona y toma como referencia los valores guía de la Organización Mundial de la Salud incluidos en el propio documento, que deben interpretarse de forma coordinada con la normativa nacional, autonómica o local aplicable. A partir de ahí, se desarrollan métodos de cálculo que permiten dimensionar la ventilación de forma más ajustada que mediante valores únicos o genéricos.

El método principal se basa en la calidad del aire percibida y descompone la ventilación en dos términos: la necesaria para diluir o eliminar la contaminación generada por los ocupantes, principalmente bioefluentes, y la necesaria para diluir o eliminar la contaminación emitida por los espacios interiores (envolvente interior y mobiliario). Esta separación es especialmente relevante porque deja de atribuir la ventilación únicamente a la ocupación. Un espacio puede estar poco ocupado y, sin embargo, requerir ventilación por las emisiones de sus materiales, mobiliario o acabados. Del mismo modo, un edificio con materiales de muy baja emisión puede necesitar menos ventilación asociada a la propia construcción, pero seguirá requiriendo ventilación suficiente para la ocupación prevista.

La monitorización de CO2, humedad y contaminantes permite ajustar la ventilación a las condiciones reales de ocupación...

La monitorización de CO2, humedad y contaminantes permite ajustar la ventilación a las condiciones reales de ocupación. 

Uno de los conceptos más interesantes del documento es la clasificación de los edificios o espacios como muy poco contaminantes, poco contaminantes o no poco contaminantes.

En este punto aparece uno de los conceptos más novedosos del documento: la clasificación de los edificios o espacios como muy poco contaminantes, poco contaminantes o no poco contaminantes. La propuesta no trata esta condición como una etiqueta genérica del edificio completo, sino que permite aplicarla de forma diferenciada a cada espacio. Esto es técnicamente acertado, porque una sala de reuniones con mobiliario acolchado, acabados textiles o elementos decorativos emisores puede tener un comportamiento distinto al de una zona de oficina con materiales minerales o metálicos de baja emisión.

La clasificación se apoya en criterios vinculados a las emisiones de compuestos orgánicos volátiles y formaldehído, tomando como referencia ensayos conforme a normas como la UNE-EN 16516. Para que un edificio pueda considerarse poco o muy poco contaminante, la mayoría de sus superficies interiores expuestas deben estar formadas por materiales de baja o muy baja emisión. Esta idea tiene una consecuencia directa: la calidad del aire interior no se resuelve únicamente con ventilación. También depende de las decisiones de proyecto relativas a materiales, acabados, mobiliario fijo y mantenimiento durante la vida útil del edificio.

El anexo introduce además una lógica de operación que distingue entre edificio cerrado, edificio abierto sin ocupación y edificio abierto con ocupación. Cuando el edificio está cerrado, la ventilación puede permanecer parada. Si el edificio está abierto pero no ocupado, debe mantenerse una ventilación mínima destinada a eliminar las emisiones del edificio. Y cuando existe ocupación, la ventilación debe aumentar con el nivel de ocupación, generalmente mediante control por concentración de CO2. Como novedad, se establece la necesidad de mantener una ventilación mínima antes de que se inicie la ocupación de los espacios, para diluir los contaminantes generados por el propio espacio durante los periodos con la ventilación parada.

El segundo método previsto se basa en valores límite de concentración de sustancias. En la práctica, el CO2 se utiliza habitualmente como trazador de la ocupación humana, no porque sea el único contaminante relevante, sino porque permite evaluar de forma indirecta si la ventilación es suficiente cuando las personas constituyen la principal fuente de contaminación. El anexo establece valores de referencia por categorías y señala que el caudal finalmente seleccionado debe asegurar tanto el cumplimiento de los límites de CO2 como el mantenimiento del resto de contaminantes por debajo de los valores de referencia establecidos.

Esta precisión es importante, porque evita una confusión habitual: cumplir un determinado nivel de CO2 no significa necesariamente que todos los contaminantes estén controlados. Partículas, ozono, COV totales, formaldehído, radón o benceno pueden requerir estrategias adicionales. En algunos casos la ventilación será suficiente; en otros, será necesario actuar sobre la fuente, mejorar la filtración, incorporar adsorción o aplicar soluciones específicas de limpieza del aire. El documento adopta así una visión sanitaria más completa, alineada con las directrices de calidad del aire de la OMS.

La calidad del aire interior no se resuelve únicamente con ventilación...
La calidad del aire interior no se resuelve únicamente con ventilación. También depende de las decisiones de proyecto relativas a materiales, acabados, mobiliario fijo y mantenimiento durante la vida útil del edificio.

También resulta relevante la referencia a situaciones de alta incidencia de enfermedades contagiosas por vía aérea. Para espacios de ocupación continua, el anexo permite aplicar directrices específicas de Atecyr, considerando niveles bajos de riesgo de transmisión de enfermedades por vía aérea con tasas de ventilación iguales o superiores a 5 renovaciones por hora o caudales mínimos de 10 l/s por persona. Estos valores deben entenderse como criterios orientativos de reducción del riesgo y no como garantía absoluta de ausencia de transmisión, ya que el riesgo depende también de la ocupación, el tiempo de exposición, la eficacia de ventilación, la filtración, la actividad de los ocupantes y la presencia de fuentes infecciosas. Esta incorporación refleja una evolución clara del diseño de ventilación: ya no se trata únicamente de controlar olores o bioefluentes, sino también de reducir riesgos de transmisión aérea en determinadas circunstancias.

El documento dedica asimismo atención a la humedad interior. Aunque en edificios sin necesidades específicas de humedad la humidificación o deshumidificación puede no ser necesaria, debe analizarse. Además, por motivos de salud, se establece que la humedad interior debe mantenerse entre el 30 % y el 70 %. Este intervalo evita tanto ambientes excesivamente secos, que pueden afectar al confort y a las vías respiratorias, como condiciones de humedad elevada que favorezcan condensaciones, crecimiento microbiológico o degradación de materiales.

En definitiva, la propuesta de Anexo A representa un paso importante hacia una aplicación más coherente y contextualizada de la EN 16798-1 en España. Su valor no reside únicamente en ofrecer tablas de caudales o temperaturas, sino en ordenar criterios que con frecuencia se han tratado por separado: confort térmico, ventilación, emisiones de materiales, concentración de contaminantes, operación en periodos desocupados, humedad, cálculo energético y salud.

El reto para los proyectistas será aplicar estos criterios sin convertirlos en una mera comprobación documental. La calidad ambiental interior exige decisiones coordinadas desde las primeras fases del proyecto: selección de materiales, definición de ocupaciones realistas, zonificación de espacios, elección de sistemas de difusión, filtración, control por demanda, mantenimiento y verificación en uso. Además, el caudal nominal solo es representativo si el aire exterior alcanza eficazmente la zona ocupada; por ello, la selección del sistema de difusión, la ubicación de impulsión y retorno, el riesgo de cortocircuitos y la eficiencia de ventilación deben formar parte del diseño, especialmente cuando se aplican métodos basados en concentración de contaminantes. Un edificio saludable no se consigue al final mediante una sonda de CO2 o un caudal nominal, sino mediante una estrategia integrada.

La futura normalización nacional de estos criterios puede contribuir a elevar el nivel técnico del sector. Permitirá diseñar edificios más eficientes, pero también más habitables; instalaciones más ajustadas, pero no insuficientes; sistemas más inteligentes, pero siempre orientados a la protección de las personas. En un escenario de descarbonización, rehabilitación energética y creciente exigencia sanitaria, la calidad del aire interior debe ocupar un lugar central. La eficiencia energética no puede plantearse al margen de la salud, y la salud no puede protegerse adecuadamente sin un diseño riguroso de la ventilación y del ambiente interior.

Si deseas ampliar información, puedes descargar el DRA 010804 Criterios de diseño de la Calidad del Aire Interior (CAI), conforme a la norma EN 16798-1. Propuesta de Atecyr de Anexo A de la UNE-EN 16798-1 de forma gratuita. 

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