2025 marca un punto de inflexión para las redes de calor y frío en España
Las redes de calor y frío avanzan en España con una madurez inédita. Con 585 sistemas en funcionamiento, nuevos apoyos públicos y un marco regulatorio en plena construcción, el sector se prepara para una etapa decisiva. ADHAC repasa los hitos de 2025 y las claves para acelerar la transición térmica del país.
El año 2025 ha sido determinante para el desarrollo de las redes de calor y frío en España. Este tipo de infraestructuras, prácticamente desconocidas hace apenas una década para la mayoría de la ciudadanía, comienzan a consolidarse como un elemento estructural de la transición energética. Los datos del censo anual que realiza ADHAC en colaboración con el IDAE así lo demuestran: se han identificado 585 redes, un incremento de 36 nuevas instalaciones respecto al ejercicio anterior. Este crecimiento del 6,6% no solo refleja el dinamismo del sector, sino también la confianza creciente en una solución capaz de proporcionar energía térmica de forma eficiente, estable y con un impacto ambiental muy reducido.
La expansión no es puramente cuantitativa. El conjunto de redes contabilizadas suma ya 1.753 MW de potencia, abastece a 8.094 edificios y despliega 1.135 kilómetros de red. Detrás de estas cifras hay municipios que están reduciendo drásticamente su huella de carbono, industrias que aprovechan su calor residual y miles de usuarios que disfrutan de un servicio térmico estable sin depender de combustibles fósiles. Y es que el ahorro medio de estos sistemas se sitúa en torno al 70% de combustibles fósiles, lo que se traduce en 350.675 toneladas de emisiones de CO2 evitadas, un impacto ambiental que muy pocas tecnologías pueden igualar.
Buena parte de la consolidación actual es fruto de un trabajo que comenzó años atrás. En este sentido, las ayudas concedidas por el IDAE en 2022 han tenido un efecto tractor decisivo. Muchos de los proyectos que hoy están en funcionamiento encontraron en esa convocatoria el respaldo financiero necesario para impulsar inversiones que, sin ese estímulo público, habrían tardado más en materializarse. Por ello, el anuncio de una próxima línea de apoyo específica para redes dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) ha sido recibido con especial interés. En un sector con periodos largos de planificación y retorno, disponer de mecanismos estables de apoyo resulta esencial para garantizar la continuidad de los proyectos y generar seguridad a los promotores.
Al mismo tiempo, 2025 está marcado por un intenso movimiento regulatorio. Por primera vez, España se encuentra ante la posibilidad de dotar a estas infraestructuras de un marco jurídico propio. El proyecto de Real Decreto que impulsa la Subdirección General de Eficiencia Energética del Miteco, y que ya ha superado el trámite de audiencia pública, puede suponer un antes y un después para el sector. La ausencia de una normativa específica ha sido históricamente un freno: cada proyecto implicaba interpretaciones distintas, procedimientos heterogéneos y tiempos administrativos que en ocasiones dificultaban la viabilidad técnica y económica.
La futura norma debe resolver estas limitaciones, ofrecer seguridad jurídica y establecer criterios claros tanto para la planificación como para la explotación de las redes. Una regulación moderna, coherente y alineada con la normativa europea facilitará no solo la implantación de nuevas redes, sino también la ampliación de las ya existentes, que en muchos casos necesitan crecer para satisfacer la demanda de nuevos usuarios.
A esta iniciativa se suma otra medida que puede transformar profundamente la configuración térmica del país: la obligación de que los municipios de más de 45.000 habitantes elaboren un plan local de calor y frío, en cumplimiento de la Directiva Europea de Eficiencia Energética (EED). La transposición de esta obligación está siendo ultimada por el Miteco y su publicación se espera en breve. Se trata de un paso estratégico: sin planificación, las oportunidades de desarrollar redes suelen quedar dispersas o desaprovechadas. Con planificación, las administraciones locales dispondrán de mapas térmicos, análisis de disponibilidad de recursos renovables y estudios de demanda que permitirán orientar sus decisiones con rigor y coherencia.
Para ADHAC, esta obligación puede convertirse en una palanca fundamental para que las redes de calor y frío dejen de ser una excepción y comiencen a formar parte del corazón energético de las ciudades españolas. Identificar zonas con concentración de demanda, estudiar fuentes renovables como la biomasa o la geotermia, y analizar la posible integración de calor residual industrial permitirá diseñar proyectos robustos, competitivos y con un impacto inmediato en la reducción de emisiones.
Pero la expansión de las redes no depende solo de datos, ayudas o marcos legislativos. También requiere avanzar en algunos aspectos esenciales que desde ADHAC venimos defendiendo. El primero de ellos es consolidar el principio de "Primero, la eficiencia energética" como guía de todas las políticas públicas. Las redes de calor y frío representan una materialización directa de esa filosofía: permiten aprovechar recursos locales de forma inteligente, priorizan energías renovables o residuales y reducen las pérdidas energéticas globales del sistema. Son, por definición, una apuesta por la optimización y la sostenibilidad.
Otro aspecto clave en el que insistimos es la declaración de utilidad pública para estas infraestructuras. En países del norte de Europa, donde las redes térmicas cuentan con décadas de desarrollo, este reconocimiento ha sido fundamental. No se trata solo de agilizar trámites —aunque este es un beneficio evidente—, sino también de dejar claro que se trata de infraestructuras estratégicas, equiparables a otras redes esenciales como la eléctrica o la del gas. Su carácter de servicio público es incuestionable: aportan energía limpia, reducen emisiones, generan empleo local y contribuyen a la seguridad energética.
También defendemos avanzar hacia una política que contemple, allí donde tenga sentido técnico, la obligatoriedad de conexión a la red cuando esta sea la opción más eficiente. Esta medida puede parecer ambiciosa en el contexto español, pero es plenamente normal en países donde las redes están más desarrolladas. Su objetivo no es limitar la libertad de elección, sino evitar instalaciones individuales altamente ineficientes que lastren la descarbonización y comprometan la viabilidad económica de las infraestructuras comunes. Cuando existe una red más eficiente, más limpia y más económica, tiene lógica priorizar su uso.
Finalmente, uno de los retos más urgentes es la simplificación administrativa. La tramitación de una red suele implicar múltiples permisos, plazos largos y procesos que varían según el municipio o la comunidad autónoma. Esta falta de homogeneidad genera incertidumbre y retrasa inversiones estratégicas. Un marco simplificado, claro y coordinado permitiría que los proyectos avanzaran con mayor rapidez y reduciría los costes asociados a la burocracia. Para un sector en expansión, acortar los tiempos puede ser determinante para alcanzar los objetivos nacionales de descarbonización.
En conjunto, 2025 está configurando un escenario único para las redes de calor y frío en España. La combinación de crecimiento consolidado, nuevas ayudas, avances regulatorios y una mayor sensibilización por parte de administraciones y ciudadanía abre la puerta a un salto cualitativo. Las redes ya no son solo una alternativa tecnológicamente interesante: se han convertido en un instrumento imprescindible para construir ciudades más eficientes, competitivas y climáticamente responsables.
Desde ADHAC, seguimos trabajando para que esta oportunidad se materialice en un despliegue ordenado, ambicioso y beneficioso para el conjunto de la sociedad. España tiene el potencial para situarse entre los países europeos que lideran la transición térmica. Con una regulación robusta, inversiones estables y planificación estratégica, las redes de calor y frío pueden ocupar un papel central en el sistema energético de las próximas décadas.





























