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Primeras reacciones tras el retraso a la reautorización de las harinas cárnicas en la alimentación de monogástricos por parte de la Comisión Europea

La reintroducción de las proteínas animales transformadas en los piensos, a examen

Anna León18/04/2012

18 de abril de 2012

El pasado 10 de abril se hacían públicas las primeras reacciones a la decisión de limitar la reutilización de Proteínas Animales Transformadas (PAP) a la acuicultura, por parte de la Comisión Europea. Con la presentación de este último borrador, se descarta, por el momento, la reintroducción de las harinas cárnicas en la alimentación de monogástricos (aves, cerdos, conejos, etc.). Desde Interempresas, hemos buceado a fondo en esta cuestión y recogido las opiniones de la industria cárnica, a través de la Confederación de Organizaciones empresariales del Sector Cárnico de España (Confecarne), la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (Cesfac) y también la de la Asociación Nacional de Industrias Transformadoras de Grasas y Subproductos Animales (Anagrasa).
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Foto: Adrian Lynch.

Desde la Confederación de Organizaciones empresariales del Sector Cárnico de España (Confecarne) se han mostrado tajantes. La decisión de la Comisión Europea de limitar la reutilización de Proteínas Animales Transformadas (PAP) de cerdos y aves a la acuicultura muestra, en opinión de la organización, la lentitud y falta de interés con la que algunos Estados miembro llevan a cabo la necesaria adaptación de los métodos analíticos de detección de la especie animal en sus laboratorios nacionales de referencia. Según Confecarne, la tramitación de este Reglamento de la Comisión se destinaba, en un principio, a reautorizar, el uso de harinas de porcino y de aves en la alimentación de no rumiantes, tras una década de prohibición. Eso sí, respetando el principio de no canibalismo, tal y como demandaba el sector cárnico desde hacía años. Una petición que contaba con el apoyo de la Administración de nuestro país, de forma que se pudieran combinar los más altos niveles de seguridad para los consumidores con los intereses de toda la cadena de producción de carnes.

En su momento, hace casi 10 años atrás, la prohibición del uso de las Proteínas Animales Transformadas (PAT) para alimentación animal provocó varias repercusiones, sobre todo medioambientales. Una prohibición que se estableció en base al principio de precaución junto al resto de medidas sanitarias como respuesta a la crisis de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB). En consecuencia, se intensificó la producción de soja en el Cono Sur, se generó un aumento de la deforestación y la emisión de gases de efecto invernadero por el transporte, además de la pérdida de competitividad internacional en la fabricación de piensos, por parte de la UE. El levantamiento de la prohibición de las harinas cárnicas en especies no rumiantes (porcino, aves y peces), evitando el canibalismo era una de las seis áreas susceptibles de cambios en la segunda hoja de ruta sobre las EET, recogida en el Documento de la Comisión Europea sobre ‘La estrategia 2010-2015 contra las Encefalopatías Espongiformes Transmisibles’.

Ahora, y tras hacerse público el último borrador de la CE, en Confecarne insisten en que esta decisión perpetúa el despilfarro de miles de toneladas de proteínas de calidad como componente proteico de los piensos. Un fenómeno que se produce desde hace una década y que ha situado a la producción ganadera europea en desventaja frente a las producciones de terceros países más competitivas. Países donde no se prohíbe el uso de harinas cárnicas para la alimentación de no rumiantes, de modo que abaratan sus costes de producción.

La decisión de la CE de limitar la reutilización de Proteínas Animales Transformadas muestra  la lentitud y falta de interés con la que algunos Estados miembro llevan a cabo la adaptación de los métodos analíticos de detección de la especie animal en sus laboratorios, según CONFECARNE
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Foto: Cesfac.

Desde CESFAC y ANAGRASA también cuestionan la decisión de la CE

Además de Confecarne, otras organizaciones han hecho su valoración sobre la decisión de la Comisión Europea en esta materia. Una de ellas es la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (Cesfac) que representa a la industria de la alimentación animal incluida la destinada a peces y, en menor medida, a la producción de piensos para animales de compañía (mascotas), hasta ahora los únicos que legalmente pueden utilizar las PAT. “Para la Comisión Europea –argumenta Jorge de Saja, director de Cesfac– es una forma de dar carpetazo a un dossier abierto por error hace ya años ante las dificultades de gestión de, entre otras limitaciones, una autorización sólo para unas cabañas ganaderas (monogástricos) y no otras (rumiantes). Ello en un entorno de producción como el europeo donde la mayor parte de las fábricas son multiproducto, esto es, producen pienso para rumiantes y monogástricos en las mismas instalaciones”. Aun así, apunta: “En cualquier caso, es preferible que al menos parte de la producción que representamos tenga acceso a una nueva materia prima a que ésta se desvíe a abonos u otros usos como hasta ahora”.

Por su parte, Valentín García, presidente de la Asociación Nacional de Industrias Transformadoras de Grasas y Subproductos Animales (Anagrasa), lamenta que se retrase “aún más” la decisión de reintroducir las PAT en la alimentación de especies como aves y porcino. “Seguimos desaprovechando una materia prima esencial que se podría utilizar, con los controles debidos, en la fabricación de piensos dada la coyuntura económica que atravesamos. Es un auténtico despilfarro de recursos disponibles que están ahí”.

“Seguimos desaprovechando una materia prima esencial que se podría utilizar, con los controles debidos, en la fabricación de piensos dada la coyuntura económica que atravesamos. Es un auténtico despilfarro de recursos”, opinan desde Anagrasa
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Valentín García, presidente de Anagrasa junto a Emilio García Muro, antiguo subdirector general de Explotaciones y Sistemas de Trazabilidad de los Recursos Agrícolas y Ganaderos del MARM (ahora MAGRAMA) y secretario de la Comisión Nacional Sandach, durante una sesión técnica el pasado mes de agosto. 

Una decisión que, para algunos, no ha tenido en cuenta costes económicos ni efectos medioambientales

Ante el retraso de la reautorización de las PAT, la industria cárnica, de la mano de Confecarne, muestra su malestar acerca de una decisión que no ha evaluado los “importantes” costes económicos y los efectos medioambientales de abastecerse con proteína vegetal, sobre todo soja, importada de terceros países. La introducción, de nuevo, de las PAT en la nutrición de animales no rumiantes bajaría la demanda de importación de soja, de forma que se equilibraría la deficitaria balanza comercial de la UE en este ámbito. En consecuencia, el uso de harinas en lugar de cereales (maíz) reorientaría la producción de estos últimos hacia la alimentación de seres humanos, donde se observan carencias en determinados puntos del Globo.

En consecuencia, el uso de harinas en lugar de cereales (maíz) reorientaría la producción de estos últimos hacia la alimentación de seres humanos, donde se observan carencias en determinados puntos del Globo. Una opinión que también comparten en Anagrasa: “Todavía existe un desconocimiento profundo sobre la situación real de este asunto, al margen de intereses sectarios de grupos de presión que por motivos muy diferentes continúan desinformados, lo0 que transmiten también a la opinión pública. Existe un déficit muy grande entre el consumo de piensos y la producción de materias primas necesarias para su fabricación. Esto provoca que dependamos de las importaciones, provenientes en su mayoría de terceros países”, explica Valentín García. “Es evidente –continúa–que la reintroducción de las PAT no va a resolver todo el problema pero sí puede ayudar a reducir su dimensión”. Cuando le preguntamos a qué se refiere, el presidente de Anagrasa argumenta: “Desde luego, en un mercado global si todos los países de la UE producen PAT, esto ayudará a regular mejor el precio de los únicos productos que hoy en día se pueden emplear, es decir, las proteínas vegetales. También es necesario valorar que existen diferencias cualitativas y cuantitativas entre ambos tipos de proteínas y que las PAT tienen una serie de valores añadidos si se las compara con la proteína vegetal. Nos referimos a un mayor nivel de proteína, materias minerales y altos contenidos en grasa”.

“La proteína vegetal puede representar hasta el 40% en un pienso estándar. Este porcentaje, sólo en España, ronda los 4,5 millones de toneladas de harinas proteicas. La Fefac calcula en un máximo de 1,5 millones de toneladas la disponibilidad potencial de harina de carne para toda la UE”, puntalizan desde Cescaf
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Jorge de Saja, director de Cesfac.

Si bien en Anagrasa resaltan los valores añadidos de las harinas de carne, desde Cesfac hacen hincapié en el hecho que, hasta la fecha, la proteína vegetal es insustituible en la formulación de piensos, donde puede representar hasta el 40% de una fórmula estándar. “Este porcentaje, sólo en España, ronda los 4,5 millones de toneladas de harinas proteicas. La Fefac calcula en un máximo de 1,5 millones de toneladas la disponibilidad potencial de harina de carne para toda la UE, incluida aquella que ya se destina a alimentos para mascotas u otros fines”. Por principio, tal y como acentúan desde Cesfac, el sector de la fabricación de alimentos compuestos para animales está a favor de la utilización de todas las materias primas con aporte nutricional, autorizadas desde el punto de vista legal y validadas científicamente como seguras y sanas. “Dicho esto, considero dudoso que la harina de carne, aunque se reutilice, pueda llegar en cantidades significativas a la alimentación de abasto, ya sea por una cuestión de disponibilidad, o de precio de interés respecto a otras alternativas proteicas y compitiendo con la demanda de sectores como el de alimento para mascotas”.

A la espera de un test PCR que detecte posible contaminación cruzada entre las PAP de porcino y las de ave

La autorización que permita reintroducir las harinas de carne en la nutrición animal depende de la accesibilidad a un test PCR que detecte posible contaminación cruzada entre las PAP de porcino y las de aves. O al menos así lo justifican desde la Comisión Europea. Una explicación que no satisface ni a Confecarne, tal y como ya hemos mencionado, ni a organizaciones como Anagrasa. “Desgraciadamente, existen intereses diferentes en los mismos sectores de distintos países. Esto ya se produjo hace casi 10 años, cuando se prohibió el uso de las PAP en los piensos. Ahora sucede lo mismo, ya que se tienen en cuenta factores de una relevancia más política que técnica. El desconocimiento, en gran medida, de las repercusiones reales de esta prohibición puede motivar la falta de interés de algunos gobiernos”. “La seguridad alimentaria es incuestionable” y eso lo tienen muy claro en Anagrasa. “Desde que se adoptó la decisión de la prohibición, nos hemos visto perjudicados como un eslabón más de la cadena. Hemos tenido que adaptarnos a las exigencias de las nuevas normativas aprobadas paulatinamente desde el año 2002. En nuestra opinión el control por parte de las Autoridades es absolutamente necesario y debe servir de garante del funcionamiento del sistema a los consumidores”, defiende Valentín García.

Desde la categorización de los Sandach sólo es posible utilizar materias destinadas inicialmente al consumo humano; es decir, aquellas que han pasado los mismos controles que los productos con los que nos alimentamos, según Anagrasa. “Por lo tanto, no debe haber duda alguna sobre si estas materias puedan ser idóneas para formar parte de la fabricación de alimentos para animales, tras someterlas a los procesos definidos en las diferentes normas. Ahora bien, el retraso en establecer el test y su desarrollo nos parece desmesurado”.

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Pienso en harina. Foto: Cesfac.

Una cuestión política que afecta a la competitividad de nuestras producciones ganaderas

A día de hoy no existe una sola evidencia científica que avale la presunción que el uso de harinas de carne en la alimentación de monogástricos genere problema alguno de transmisión de enfermedades de sanidad animal, y menos aún en seres humanos. “Eso es cierto. Como ya hemos mencionado, se trata más de una cuestión política y de presión de determinados grupos que utilizan su influencia sobre la opinión pública y también de los mercados que un problema de sanidad animal o de seguridad alimentaria. Desgraciadamente nuestro sector no puede hacer otra cosa que divulgar en todos los foros posibles la realidad que conoce y que constata día a día”, reconoce el presidente de Anagrasa.

Hace 10 años, el desconocimiento y la alarma social hicieron mella en la opinión pública, dando pie a una prohibición que, en términos de competitividad, ha situado a las producciones europeas por debajo de las provenientes de terceros países, donde sí se autoriza el empleo de harinas cárnicas. Una competencia desleal que todavía se percibe en el sector: “Efectivamente, la competitividad relativa de nuestra sufrida producción ganadera está perjudicada por normativas y limitaciones autoimpuestas desde la UE y que no existen en países terceros con los que competimos (bienestar animal, uso de transgénicos, limites en pesticidas y en otros parámetros muchísimo más rigurosos de lo que establecen los organismos internacionales). Pero la utilización de PAT como fuente proteica en alimentación animal es hoy reducida en todo el mundo, precisamente por su mayor interés para la producción de mascotas que puede pagar por ella un precio mayor”, sentencian desde Cesfac. “Confiamos en que el sentido común de nuestros políticos resuelva de una vez este gran perjuicio que ocasiona una medida como la que se adoptó en un momento de alarma social y de gran confusión. Fundamentalmente porque desde el punto de vista técnico y sanitario ya se ha resuelto”, exigen desde Anagrasa.

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Camión cargado de pienso. Foto: Cesfac.

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