El MARM insta al sector a dar respuesta a las exigencias medioambientales, de sanidad y seguridad del consumidor europeo, tal y como dejó claro en FIMA Ganadera

Los nuevos retos de la ganadería intensiva pasan por la sostenibilidad

Anna León05/09/2011

5 de septiembre de 2011

“En mi opinión, el principal reto de la ganadería intensiva es la sostenibilidad, desde el punto de vista de dar respuesta a todas las exigencias que plantea este tipo de ganadería. Exigencias medioambientales, relacionadas con la protección y la sanidad animal, así como con un desarrollo rural respetuoso”. Esperanza Orellana, subdirectora de Productos Ganaderos del MARM, concretaba de este modo los desafíos a los que ha de hacer frente el sector, durante una jornada técnica celebrada el pasado 16 de marzo coincidiendo con Fima Ganadera. Retos de interés para una ganadería deficitaria y dependiente de mercados exteriores en la obtención de materias primas y cereales para alimentación animal, según la representante del Ministerio.
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“Respecto al tema que voy a tratar hoy, con el título ‘Los retos futuros de la ganadería intensiva’, no podría decir si son retos futuros o ya de rabioso presente. Aun así, creo que merece la pena repasar cuáles son las principales dificultades y oportunidades a las que se enfrenta la producción intensiva en nuestro país”. El pasado 16 de marzo, Esperanza Orellana, subdirectora de Productos Ganaderos del MARM, iniciaba así su intervención, incluida en las jornadas técnicas ‘Hacia una ganadería moderna y competitiva en un marco de sostenibilidad’ organizadas por el propio Ministerio. Unas sesiones que tuvieron lugar del 15 al 17 de marzo, con motivo de Fima Ganadera, en el recinto ferial de Zaragoza.

Tras la introducción, la subdirectora de Productos Ganaderos del MARM repasó la evolución y situación actual de los principales sectores ganaderos de tipo intensivo en España. Desde la década de los años 50, el porcino ha experimentado un gran desarrollo que lo ha situado a la cabeza del ránking de producción intensiva, seguido por la carne de ave. “Hoy en día, el sector porcino lidera la ganadería de nuestro país. De hecho, representa el 35,2% de la producción final ganadera y el 11,4% de la producción final, según datos del año 2010. El porcino aporta casi 4.500 millones de euros a la producción final”, aclaraba Esperanza Orellana.

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Esperanza Orellana, subdirectora de Productos Ganaderos del MARM, durante la ponencia que impartió en FIMA Ganadera.

Concentración y explotaciones de gran tamaño, señas del porcino futuro

En la actualidad, España es el segundo país comunitario en censo de porcino, por debajo de Alemania. A nivel internacional, la Unión Europea se sitúa como el segundo productor mundial de cerdo, detrás de China y muy por delante de Estados Unidos y Canadá. “Por su parte, España es la cuarta potencia mundial en este ámbito, si se toma aislada de la Unión Europea”, especifica la portavoz del MARM. Tras experimentar crecimientos muy notables, el censo de porcino se estabilizó en el año 2006. En los últimos dos años, la producción de cerdo registró un ligero retroceso, debido a los problemas económicos y de rentabilidad que han afectado al sector y que han generado una leve caída, sobre todo en el censo de hembras reproductoras. “Las últimas encuestas, realizadas en mayo del año pasado, muestran un descenso de casi el 5% del total de la cabaña porcina durante el periodo 2009-2010. En el caso de las cerdas se produjo una caída del 1% junto a un leve retroceso en el resto de las categorías”, argumentó.

Otra característica de la evolución del sector porcino, en los últimos años, ha sido el abandono y/o cierre cada vez más acusado de pequeñas granjas y su sustitución por otras de mayores dimensiones, “las únicas que aumentan en porcentaje”, según Orellana. En concreto, de abril del año 2007 a noviembre del año 2010, el número de explotaciones de tipo reducido bajó un 28,7%. Esta tendencia a la baja se observó también en las explotaciones pequeñas o de grupo primero, con retrocesos del 18,2%. “Sin embargo, en los grupos segundo y tercero, es decir las explotaciones de gran tamaño, se apreciaron aumentos del 7 y 12%, respectivamente. Este es un punto a resaltar en este proceso de concentración y de cambio de dimensiones del sector hacia estructuras más eficaces”.

Finalmente, la subdirectora de Productos Ganaderos del MARM hizo referencia al desarrollo importante de la exportación de porcino y su repercusión en el encarecimiento de los precios. “Ello compensa el aumento en los costes de las materias primas destinadas a la alimentación que soportan los ganaderos”, justificó. Y es que las exportaciones de carne porcina, claves en el desarrollo sectorial, no han dejado de aumentar en número de explotaciones, en toneladas y también en valor. Basándose en datos del año 2010, el 36% de la producción de cerdo del país se destina al comercio exterior, básicamente a Estados miembro y países terceros. Mientras en la Unión Europea el comercio de cerdo español se ha equilibrado en los últimos tres años, las exportaciones a países terceros siguen al alza, a pesar del parón en el consumo mundial.

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En los últimos años, el porcino ha experimentado un proceso de concentración y de redimensionamiento hacia explotaciones de mayor tamaño. En la foto, ejemplares mostrados en FIMA Ganadera. 


El lácteo, un sector “deficitario” que no cubre la demanda del país

En los últimos años, el censo del sector lácteo ha registrado una disminución del número de vacas de ordeño. Así lo explicaba Esperanza Orellana, subdirectora de Productos Ganaderos del MARM, quien además resaltó la existencia de un fenómeno de concentración mucho más acusado que en otros sectores ganaderos. “Durante los últimos 15 años, hemos observado que el número de explotaciones de este tipo ha pasado de 141.000 a 23.800. Eso significa que hemos perdido más de 100.000 granjas en dicho periodo, aunque también ha aumentado, de forma importante, la dimensión media de las mismas. De este modo, de los 38.000 kilos de cuota media que se obtenían aproximadamente por explotación a producir unos 250.000”. Aun así, la media del tamaño de explotación en España se sitúa por debajo de la media comunitaria que sería de 330.000 toneladas. “Por lo tanto –insistió– todavía sigue habiendo un margen importante para el proceso de reestructuración de cara a la desaparición del sistema de cuotas de cara al año 2015”.

A diferencia del resto de producción ganadera intensiva, el lácteo es un sector “muy deficitario” debido a la existencia de una cuota de seis millones de leche anuales que no cubre la demanda del país, de nueve millones. Así pues, las importaciones, sobre todo de la Unión Europea, son muy importantes para el sector, tanto en valor como en volumen. “Realmente, si en el sector cárnico, las exportaciones aportan a la balanza comercial española más de 1.000 millones de euros de saldo positivo, en el lácteo las importaciones representan cerca de 1.000 millones de déficit”.

Otro de los temas desarrollados en la ponencia fue la caída de los precios de la leche, un fenómeno que se empezó a fraguar hace tres años cuando tenían dificultades para cubrir los costes de producción. A lo largo del pasado ejercicio, los precios se recuperaron de forma sensible aunque mucho más lenta que en otros países de nuestro entorno. “Junto a los precios, también se ha recuperado la producción láctea. La última campaña, que finaliza este mes de marzo, ha dejado unos incrementos de un 2,5 o 3% más de leche que en la anterior”, explicó Orellana.

En otro orden de cosas, también se abordó la situación que atraviesa el sector de cebo de vacuno, con un censo de vacas nodrizas o cárnicas prácticamente estable en los últimos cuatro años. No se puede decir lo mismo del número de terneros para cebo, con retrocesos del orden del 13% en los animales menores de 12 meses o del 12% en las hembras de menos de 12 meses. “Esto se ha debido, principalmente a la pérdida de ganado lechero que al fin y al cabo también era una fuente de suministro importante para la industria del cebo”.

Al igual que en las explotaciones lecheras, el número de granjas de vacas nodrizas también ha retrocedido, alrededor de un 7% en los últimos cinco años. Por el contrario, las explotaciones de cebo o cebaderos han pasado de 36.000 a 25.000. Ello demuestra también el proceso de reestructuración que se ha dado en este sector muy condicionado a la desaparición de las ayudas acopladas. “En el momento en que el límite de 90 animales por granja desapareció, ya no tenía interés tener explotaciones bajo estos requisitos. Explotaciones muy poco eficientes y nada competitivas. Básicamente, han desaparecido un gran número de granjas pequeñas, sustituidas por otras de mayores dimensiones”, detalló.

Como colofón, y desde hace cuatro años, la producción de carne de vacuno, tanto en España como en el resto de los Estados miembro, ha ido a la baja fruto de la pérdida de tejido productivo y la caída de la demanda. Y es que el consumo de carne de vacuno, a un precio más elevado que otras carnes, se ha visto afectado por la coyuntura económica.

El encarecimiento de la carne de vacuno ha traído consigo una menor competitividad española en los mercados comunitarios. El comercio exterior ha dejado de ser netamente exportador ya que las importaciones han superado a las exportaciones, desde hace cuatro años. A ello ha contribuido la menor producción propia y los precios más competitivos de carne de vacuno proveniente de países foráneos, incluso fuera de la UE. En cualquier caso, España aún exporta el 17% de la carne de vacuno que produce.

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La desaparición del sistema de cuotas de leche dentro de cuatro años generará nuevas oportunidades para el vacuno del país. En la imagen, animales expuestos en FIMA Ganadera.

Cae el número de explotaciones de pollo de engorde y aumentan las destinadas a otras aviculturas alternativas

En sintonía con lo que ya sucede en otros sectores de ganadería intensiva, el número de explotaciones destinadas a la producción de carne de ave, sobre todo de pollo, también ha experimentado un retroceso en los últimos 4-5 años. Este descenso se ha producido fundamentalmente en las granjas de pollos de engorde con casi un 6% menos de instalaciones. “Por el contrario, crece el número de explotaciones destinadas a otras aviculturas alternativas (pavos, pintadas, patos, ocas, codornices) en nuestro país. Se trata de un mercado emergente, con excepción de las granjas de avestruces. Estas últimas tuvieron su momento álgido en la época de las vacas locas, pero desde entonces no han hecho más que retroceder”, matizó Orellana.

Básicamente, el comercio exterior de carne de ave representa un intercambio comercial en el que España siempre ha importado más que exportado, al ser un país ligeramente deficitario en esta producción. En general, se importa carne de ave de países de la Unión Europea, aunque el incremento de las exportaciones de los últimos 3-4 años ha acortado el desequilibrio inicial. “Quizá esto se deba al bajo precio de la carne de ave española en los últimos años, que la han hecho más competitiva en la UE. Además, y desde hace dos años, estamos ganando mercado fuera de la Unión Europea, por ejemplo en países africanos, de Oriente Próximo… y aquí el tema de precios también tiene mucho que ver”, añadió. En materia de precios, el sector avícola se caracteriza por los picos al alza y a la baja, en función de los costes de producción, aunque cuenta con una demanda muy elástica no condicionada a este factor.

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Las explotaciones destinadas a la cría de aves alternativas aumentan, mientras las destinadas a la tradicional retroceden. En la imagen, aves exhibidas en FIMA Ganadera.

Por su parte, la producción en el sector avícola de puesta también ha retrocedido, ligeramente, desde el año 2004 hasta la actualidad, según datos del consumo de huevos en el canal doméstico, el único cuantificado por el MARM. “Aunque el precio de venta al público haya aumentado, ello no ha influido en el descenso del consumo. En general, es un producto barato comparado con otras fuentes de proteína”, destacó Esperanza Orellana.

Otra nota dominante de este sector ha sido la evolución productiva en cuanto a sistemas de cría. Mientras el censo de gallinas en batería ha pasado de 45 a 41,5 millones en los últimos dos años, el de gallinas criadas en sistemas alternativos ha crecido, sobre todo la gallina campera.

Esta tendencia a la baja también se ha observado en las granjas de gallinas ponedoras, con descensos de un 26,3%, en los últimos cuatro años. “Esto quiere decir que la dimensión media de las explotaciones se ha incrementado de forma notable, ya que el censo no ha retrocedido en la misma proporción”.

En términos de comercio exterior, el sector es meramente exportador principalmente a países de la Unión Europea, donde el producto más intercambiado es el huevo con cáscara. A terceros países se exportan más productos tratados o transformados.

En cuanto al sector cunícola, el último de los intensivos analizados, éste ha decrecido enormemente en todos sus parámetros, productivos, etc., en los últimos años. Desde el año 2008, una tercera parte de las explotaciones han cerrado, debido a una gran pérdida de consumo interior. “El porqué de este retroceso se debe a que se consume menos carne de conejo y es difícil pensar en una recuperación notable. Y es que los hábitos de consumo de las nuevas generaciones están muy lejos de una carne que se degusta asociada a un tipo de cocina tradicional”.

En líneas generales, el sector cunícola es principalmente exportador. Aun así, las ventas a países extranjeros han bajado también en los últimos cuatro o cinco años, fruto de la situación de declive de todo sector en su conjunto. “Los precios son una parte del problema –puntualiza la subdirectora de Productos Ganaderos del MARM– ya que no retribuyen los costes desde hace mucho tiempo, no solo ahora que las materias primas están por las nubes. Ello ha dado pie al cierre de granjas de pequeñas dimensiones”.

La ganadería intensiva dependerá de la sostenibilidad medioambiental y de la subsistencia del tejido productivo

Si bien la subdirectora de Productos Ganaderos del MARM calificó los últimos tres años de “poco felices para las producciones ganaderas intensivas”, también aventuró los retos futuros a los que éstas deberán hacer frente. Retos que vertebran alrededor de la sostenibilidad entendida como la necesidad de dar respuesta a todas las exigencias que tiene este tipo de ganadería. “Fundamentalmente, necesidades medioambientales, de protección y sanidad animal, desarrollo rural respetuoso, etc. Son producciones sometidas, en mayor medida, a riesgos de carácter sanitario. Y a la vez, existe la necesidad de garantizar, desde el punto de vista económico, la sostenibilidad del tejido productivo propio a través de un mínimo de competitividad que asegure al menos un abastecimiento con producto propio a los países comunitarios y también a nuestro propio mercado interior”, especificó. Se trata pues de no depender de mercados exteriores para mantener la industria, así como el producto en los lineales. Un fenómeno que se da en alguno de estos sectores intensivos, como el vacuno o el cerdo.

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Entre los principales frenos a los que ha de hacer frente el sector cunícola están la caída del consumo y el incremento de los costes de producción. En la foto, conejos exhibidos en FIMA Ganadera.

En primer lugar, el reto medioambiental incluye cuatro problemas vinculados a la ganadería intensiva: las emisiones de gases de efecto invernadero, la degradación de suelos en algunos casos, todo aquello vinculado a la calidad del agua y del aire, hábitats y, finalmente, diversidad. Esta última es resultado de un modelo productivo basado, cada vez más, en una serie de razas ganaderas selectas bajo premisa de ganar eficacia. “En ese propósito, se está prescindiendo de razas autóctonas, lo que implica un cierto riesgo de pérdida de biodiversidad”, argumentó la portavoz del MARM, quien recalcó que los cuatro puntos mencionados son aquellos que identifica la comunicación de la Comisión Europea sobre la reforma de la PAC como los principales retos ambientales de la ganadería.

Basándose en dicha comunicación, entre los principales impactos del cambio climático en las agriculturas europeas destacan la disminución de agua, el mayor riesgo de sequía y de olas de calor, también la erosión creciente del suelo, el recorte de las temporadas de cultivo y del rendimiento de las cosechas y la disminución de la superficie cultivada óptima. “Hay que desterrar falsos mitos. Aunque muchas comunicaciones de la FAO identifican a la ganadería y la agricultura como una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, hay que tener en cuenta que en los últimos años las emisiones procedentes de ambas han disminuido un 20%”, resaltó Esperanza Orellana, quien resaltó que este esfuerzo debe proseguir para asegurar la sostenibilidad ambiental en el campo.

En segundo lugar, y en materia de bienestar animal, se hizo referencia al modelo de identidad europeo “muy exigente”, en palabras de la subdirectora de Productos Ganaderos del MARM. “Aun así no podemos aceptar un modelo que no satisfaga las demandas ciudadanas, cada vez mayores, en protección animal. Además, nuestro país tiene sectores como el porcino, el del huevo y el vacuno que viven, en gran parte, muy volcados en el exterior”. En tercer lugar, y en lo que respecta a la premisa de garantizar la sostenibilidad del tejido producto, ésta se dificulta a medida que aumentan los episodios de subidas y bajadas de precios de las materias primas, incrementos que suele absorber el sector primario. Unos incrementos que el productor no puede trasladar hacia el resto de eslabones de la cadena. “Desde hace 3-4 años, la Unión Europea ha empezado a replantearse el cómo asegurar dicha sostenibilidad, vista la volatilidad de los precios. Para secundar el equilibrio de la cadena, a pesar de la presión de la gran distribución y la falta de eficiencia en el ámbito productivo, entre otros motivos, es necesario trasladar los costes a toda la cadena y eso pasa por medidas legislativas”, explicó. A tal efecto, la ponente hizo referencia a la situación que experimenta el sector lácteo, primer sector en el que se debate sobre un paquete legislativo que permita una negociación colectiva sobre precios entre ganaderos e industria. “Esto está limitado en estos momentos y no se puede hacer debido a la legislación de competencia. Sin embargo, en el sector de la leche será posible a lo largo de este año”.

Desde el año 2006, el sector primario es el que menos valor añadido recibe por producción

Durante la ponencia, se puso de manifiesto el desequilibrio entre el valor añadido que perciben ganaderos y otros agentes de la cadena, como la distribución comercial. Tras mostrar una gráfica de la Unión Europea hasta el año 2006, la portavoz del MARM mostró la distribución de valor añadido de una producción durante los años 1996, 2000 y 2006. Si en un principio, el productor recibía el 31% del valor de un producto, la industria alimentaria se quedaba con el 31%, los intermediarios con el 11% y finalmente la distribución comercial con el 27%. Una década después, el agricultor o ganadero percibía el 24%, la industria alimentaria el 33%, los intermediarios, el 13% y finalmente, la distribución comercial el 30%. “Se aprecia como todo el mundo ha crecido a costa del eslabón primario”, puntualizó.

Desde el Ministerio, también se subrayó el reto más importante y diferenciador de la producción ganadera española, común a otros países mediterráneos; un déficit mucho más acusado así como una fuerte dependencia de mercados exteriores en aprovisionamiento de materias primas y cereales para alimentación animal. Una dinámica que no se da en los países del norte de Europa. Dependencia agravada por el encarecimiento de estas materias primas, como ya sucedió en el periodo 2007-2008. “A finales del año pasado, ya se observó un encarecimiento significativo en los piensos de los pollos y en los destinados a los lechones respecto de otros de engorde, lo que repercutió de forma muy negativa en los márgenes de los ganaderos”.

Como punto final, la subdirectora de Productos Ganaderos del MARM detalló las principales políticas en las que se trabaja para responder a los retos planteados. Como la reforma de la Política Agraria Común, en funcionamiento a partir del año 2013, y de la que ya se ha hecho pública primera comunicación de la Comisión Europea que establece tres bloques de herramientas en la línea de los que ya había hasta entonces. Por un lado, los pagos directos tendrán una orientación mucho más medioambiental para poder responder a esta sostenibilidad. Por otro lado, las medidas de mercado con ideas que versan en torno a herramientas de regulación de estos mercados que no se pueden desmantelar, así como la mejora de la cadena alimentaria en el sentido de la redistribución del valor añadido. Y por último, el desarrollo rural se va a organizar alrededor de tres ejes principales: medio ambiente, cambio climático y modernización de las explotaciones.

Según Orellana proseguirán los debates sobre competitividad y la creación de un marco normativo que la garantice. “Además, se aboga por un marco de acuerdos comerciales internacionales equilibrado, es decir la reciprocidad comercial con terceros países. También, una retribución adecuada a los agricultores por ese esfuerzo en satisfacer esos requerimientos de sostenibilidad a través del precio. De modo que el consumidor esté dispuesto a pagar por ese modelo diferente y que vale más. Y el apoyo directo a los productores a través de las ayudas de la PAC, ya sean de primer o segundo pilar, que han de compensar ese esfuerzo adicional de los ganaderos europeos”.

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La reacción a los retos que se le plantean a la ganadería intensiva ha de proceder no solo de las administraciones, sino también del sector, y los consumidores para que valoren el nuevo modelo productivo, en sintonía con otros países europeos. En la foto, ejemplar expuesto en FIMA Ganadera.
Retos políticos y administrativos pero también sectoriales

La respuesta a los desafíos que se le presentan a la ganadería intensiva del país también ha de proceder del propio sector. Desde el Ministerio, y en el curso de la ponencia, hicieron notar que “hay una serie de fortalezas que deben ser aprovechadas”. A continuación, se detallan algunos puntos a tener en cuenta.

-Comercio exterior a través de la apertura de canales comerciales muy potentes, nuevos mercados y mayor competitividad. El modelo de competitividad no se ha de basar solo en el precio, sino también en la calidad y la imagen de país. Es necesario difundir la idea de sector respetuoso con las exigencias del ciudadano europeo, en cuanto a seguridad alimentaria o bienestar, etiquetado e información de los productos.

-Apostar por la diversificación de productos. No se puede caer en el error de crear sectores monoproducto como el lácteo o el avícola. “Por eso, cuesta tanto subir los márgenes de los productores lácteos porque toda la industria está focalizada en calentar leche y meterla en un tetra pack. El producto tiene un valor añadido cortísimo y así es muy difícil que el sector se beneficie de los mercados internacionales que se basan en mantequilla y leche de cacao en polvo, sumamente interesantes en estos momentos. O los productos de mayor valor añadido como los quesos, y que en Francia redondean las cuentas de explotación de las industrias lácteas del país”, apunta la subdirectora de Productos Ganaderos del MARM.

Otro ejemplo de sector monoproducto es el avícola, que ha dejado de lado modelos de crianza alternativos con un margen de desarrollo notable como la avicultura de suelo y se ha focalizado en el pollo broiler. O el de la puesta de huevos, con un sistema de producción del 96% en jaulas. “Son muy competitivos pero probablemente el mercado nacional demandará nuevos productos, por eso hay que trabajar en etiquetados e información”.

-Invertir en innovación y modernización porque la ganadería intensiva se enfrenta a u escenario de costes altos de producción.

-Puesta en marcha de organizaciones de productores o cualquier otra forma de comercialización común.

-Y finalmente, el contacto entre diversos eslabones de la cadena, a través de acciones interprofesionales para así reforzar posiciones ante el canal de la distribución.

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