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Ante la volatilidad de precios de las materias primas

Estrategias nutricionales para racionalizar los costes de alimentación en rumiantes de leche

Àlex Bach, IRTA-Producción de Rumiantes, Torre Marimon23/02/2010
Los costes de alimentación del vacuno lechero representan entre el 40 y el 60% de los costes totales (en función del tipo y estructura de la explotación). Es por ello que los costes de alimentación deben evaluarse continuamente con independencia de los precios de la leche o las materias primas. Durante la segunda mitad del 2007, fruto de un descenso de las reservas lácteas internacionales los precios de la leche sufrieron un importante aumento a nivel global.

Este aumento fue aún más marcado en España, caracterizada por ser el país de la unión Europea cuya industria láctea depende más de las importaciones (cerca del 30%). El pánico de las centrales lecheras a no poder acceder al mercado de la leche disparó los precios a nivel estatal. Además, esta coyuntura propició que varias superficies comerciales se asegurasen aprovisionamiento de productos lácteos del exterior directamente. Esta situación, una vez las existencias de leche a nivel internacional han vuelto a la normalidad está produciendo un efecto boomerang sobre los precios de la leche en España (donde las superficies comerciales continúan con las importaciones directas y la situación económica del país ha conducido a un descenso de la demanda interna de producto). El precio de la leche empezó a descender a principios del 2008 y no ha cesado de bajar desde entonces.

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Figura 1: Evolución del precio del maíz, soja, terneras, y leche al productor y al consumidor en los EE UU (Fuentes: Universidad de Illinois y la Universidad de Wiscosin).
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Figura 2: Evolución del precio del maíz, soja, alfalfa, y leche al productor y al consumidor en España (Fuente: Marm).

De las Figuras 1 y 2 se desprende que el aumento de precio de la leche al consumidor y el precio de la leche al productor siguen una evolución más paralela en EE UU que en España.

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Figura 3: Evolución del precio pagado al productor como porcentaje del precio de venta al público de la leche en EE UU y España (Fuente: USDA y Marm).

España no alcanza el límite de producción de leche impuesto por el régimen de cuotas desde el año 2006 (que lo sobrepasó en 13.000 toneladas). En 2008, la producción se quedó 131,000 toneladas por debajo de la cuota asignada. Lo que resulta sorprendente es que España es deficitaria en leche e importa cerca de 2.5 millones de toneladas anualmente (principalmente de Francia). Además, en España el producto sólo recibe el 38% del precio de venta al público de la leche, mientras que en EE UU el productor recibe cerca del 50% (Figura 3). La importación de leche por parte de España representa un déficit en la balanza comercial Española de alrededor de 1.000 millones, que es equivalente al valor que España recupera mediante las exportaciones cárnicas (Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino). De este escenario se desprenden la lectura que España no es competitiva respecto Francia, pues las centrales lecheras prefieren importante antes que motivar que España alcance su producción interna máxima.

El aumento de los precios percibidos por la soja y el maíz en el 2008 ha tenido un efecto alcista en el precio de la alfalfa en el 2009, básicamente por un descenso en la producción de este forraje (canibalizado en parte por una mayor producción de soja y maíz) y por una demanda de este forraje, de momento estable, por parte de los países árabes.

Las predicciones apuntan a que a medio plazo el precio de los cereales se mantendrá estable. Esta estabilidad es debida a un aumento drástico en la producción ocasionado por una mayor siembra y por una mejora en los rendimientos productivos (sobre todo en Australia). Esta producción récord (motivada por los altos precios del 2008) ha coincidido con un descenso en la demanda, por lo tanto es espera estabilidad en los precios hasta que el petróleo no vuelva a subir. La evolución de los precios de las fuentes proteicas resulta un poco más difícil. En principio, los stocks de soja en EE UU (el mayor productor) están por debajo de los del 2008, principalmente debido a que las exportaciones aumentaron sensiblemente el años pasado (principalmente hacia China) consecuencia en parte a la disminución de la competencia Argentina (que ha dedicado menos tierra a la producción de esta oleaginosa). La producción mundial de soja ha descendido cerca de un millón de toneladas mensual (WAOB, 2009). La proyección a corto plazo es de estabilidad de precio, pero se hace difícil predecir si a medio plazo bajará o subirá.

En cuanto la leche, las predicciones a corto-medio plazo en EE UU son de modesta subida (aunque lejos de los precios percibidos en el 2007-2008), mientras que en Europa las predicciones son bajistas.

Los altos precios del petróleo propiciaron la fabricación de combustible a través de la fermentación de cereales (bioetanol) y la extracción de metilésteres de oleaginosas (biodiésel). Estas producciones fueron, y en muchos casos aún son, además promovidas por los gobiernos por creer que no contribuyen al calentamiento global al no contribuir a la emisión total de CO2. Sin embargo, ha aparecido nueva evidencia que el óxido nitroso (N2O) que resulta de la fertilización nitrogenada asociada a la producción intensiva de maíz tiene una capacidad de efecto invernadero 3 o 5 veces superior a la del CO2, y que este gas permanece en la atmósfera durante más tiempo que el CO2. Por otro lado, la producción de aceite de palma (principal fuente de biodiésel) se ha asociado a fuertes emisiones de CO2 consecuencia del drenaje de extensas superficies de lagunas para convertirlas en zonas cultivables. Si los gobiernos cambiarán las políticas de apoyo a la producción de biocombustibles es de difícil predicción, pero por el momento parece claro que si el barril de petróleo sube, la industria producirá bioetanol y el precio del cereal volvería subir.

Ante esta coyuntura económica, es importante aplicar estrategias de manejo y nutrición que permitan optimizar la rentabilidad de la explotación.

Reducción de costes

Reducir costes cuando el precio de la leche disminuye es una tentación casi automática en muchas explotaciones. Sin embargo, esta tentación debe evitarse en muchos casos, pues muchos costes deberían considerarse una inversión y no un coste efímero y sin consecuencias sobre el futuro. Por ejemplo, reducir la cantidad de cama (o cambiarla con menos frecuencia) puede suponer un ahorro económico, pero puede comprometer la longevidad de la vaca repercutiendo negativamente más sobre la rentabilidad de la explotación que la modesta mejora en ahorro de cama. Comprar forrajes o ingredientes de peor calidad (más económicos) puede resultar en un escenario parecido si no se formula correctamente (aumentado por ejemplo la incidencia de cetosis). Por lo tanto, reducir costes a través de gastos que afectan directamente a la vaca o a la novilla debería evitarse.

Reducir los costes de alimentación puede traducirse en un descenso de la producción, lo que puede empeorar aún más la rentabilidad de la explotación como consecuencia de una mayor repercusión de los costes fijos sobre el coste del litro de leche

Por otro lado, reducir los costes de alimentación puede traducirse en un descenso de la producción, lo que puede empeorar aún más la rentabilidad de la explotación como consecuencia de una mayor repercusión de los costes fijos sobre el coste del litro de leche. Sin embargo, los costes de alimentación pueden reducirse a través de la disminución de las mermas en ingredientes. Estas mermas son más cuantiosas en forrajes húmedos (ensilados) sobre todo cuando se ensilan directamente sobre tierra o con humedades excesivas. También es importante minimizar las mermas asociadas con el manejo de los ingredientes durante la confección del carro, sobre todo con piensos de molienda fina o la alfalfa deshidratada que suelen producir bastante polvo al mezclarse. Estas mermas pueden minimizarse mediante el orden de mezclado de los ingredientes, añadiendo al carro mezclador primero un forraje húmedo y luego los ingredientes polvorientos.

Otra posible alternativa para mejorar los costes de alimentación consiste en evaluar los beneficios o desventajas de alimentar distintos grupos de vacas. Conforme las explotaciones aumentan de tamaño es común encontrar varios grupos de animales que reciben raciones distintas. El objetivo de confeccionar raciones distintas es minimizar los costes de alimentación mediante el aporte de raciones más económicas a las vacas de menor producción. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la confección de raciones y grupos de vacas distintos tiene costes escondidos que hay que considerar. Primero existe el coste de mano de obra asociado a la confección de un carro adicional (sólo si el carro pudiera inquibir todo el alimento para el rebaño entero), y luego existe el coste asociado a la pérdida potencial de leche de las vacas que cambian del grupo de alta al grupo de baja.

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 Autor: Marijn van Braak.

La leche marginal

El sistema de producción de leche tiene, de forma inherente, una gran inercia y dificultad para aumentar de forma rápida y notable la producción. Por eso, cambios bruscos en los precios de las materias primas o en la leche imponen tensión al sector. Debido a esta dificultad, los ganaderos suelen ser reacios a disminuir el número de animales de su explotación, incluso en tiempos de precios muy ajustados.

La leche marginal o de oportunidad es aquella leche que las vacas pueden producir a través de su potencial genético cuando la situación de manejo, alimentación, y ambiental lo permite. Un ejemplo claro de esta leche se pueden encontrar en Francia, donde las vacas típicamente reciben raciones muy ricas en forrajes y cuando el precio de la leche aumenta se incluye una mayor proporción de concentrado en la ración y la producción aumenta. La leche marginal tiene la ventaja económica que sólo se le repercute el coste adicional del aporte del factor limitante de la producción (en el ejemplo francés: más concentrado) y por tanto ayuda a diluir los costes fijos de producción resultando en una mejora notable de la rentabilidad. En épocas de tensión económica la leche marginal puede ayudar a mejorar la rentabilidad de las explotaciones.

Mejorar la calidad de la leche

El ganadero tiene muy poco control sobre el precio de la leche, pero es importante que aproveche al máximo el poco control que tiene. El ganadero puede “modular” el precio de la leche a través de su calidad, mejorando los niveles de grasa y proteína, y disminuyendo el contenido de células somáticas (CCSS) y recuentos bacterianos. La reducción de las CCSS además de las mejoras en el precio de la leche mejorarán también la rentabilidad de la explotación a través de una reducción en los costes de tratamientos de 'mamitis' y un posible aumento de la producción.

La nutrición y alimentación pueden disminuir las CCSS. Por un lado, el aporte de niveles adecuados de vitamina E y selenio ofrecen a la vaca una respuesta inmunitaria más eficaz, y en función del momento del día en el que se distribuye la comida se puede ayudar a mantener los esfínteres de la ubre limpios mientras están abiertos (después del ordeño). Por otro lado, una alimentación que aporte los niveles de proteína metabolizable (con una adecuado perfil de aminoácidos) suficientes para mejorar la producción de proteína en leche puede beneficiarse de un mejor precio por litro de leche.

Distribución de los costes de alimentación

La alimentación es el capítulo más costoso en la producción del vacuno lechero. Existen varias acciones que pueden ayudar a disminuir estos costes sin comprometer la producción presente ni futura.

Alimentación de la recría

La reducción de la edad al primer parto de la recría (sin comprometer el peso final al parto) supone un descenso de 1) el número de recría necesario, y 2) el número de días que se están alimentando. En una explotación de 100 vacas, disminuir la edad media al primer parto de 27 a 24 meses puede suponer un ahorro superior a 10.000 euros.

Además, es importante asegurar que el peso después del primer parto es superior a los 580 kg. Por cada kg de peso vivo al parto, se producen 14,5 litros más de leche (70 kg de peso vivo suponen 1,000 litros de leche en la primera lactación).

Secado y transición

La alimentación de la última mitad del secado y la del post-parto es crucial para asegurar un buen nivel de producción y una baja incidencia de problemas metabólicos. Durante los años 90 se ha ido imponiendo el uso de raciones altas en energía para evitar que las vacas movilicen reservas corporales antes de parir. Se creía que minimizando la movilización pre-parto se evitaba la cetosis y el hígado graso (Minor et al., 1998). Sin embargo, nuevos estudios realizados en Illinois (Drackley y Janovick-Guretzky, 2007) demuestran que ofrecer raciones excesivamente altas en energía en el pre-parto (> 1,54 Mcal de ENl/kg) es contraproducente y de hecho predisponen a la vaca a padecer cetosis e hígado graso. Por tanto, disminuir los costes de alimentación mediante una disminución de los aportes de energía en el pre-parto a niveles de 1,32 Mcal de ENl/kg no sólo mejorará el rendimiento económico directo de la explotación, sino que también contribuirá de forma indirecta disminuyendo los problemas post-parto. Además, este tipo de raciones puede facilitar la omisión de un grupo de pre-parto y hacer un grupo único.

Los aportes de proteína en este periodo son también importantes. Las reservas proteicas en los mamíferos son prácticamente inexistentes (albúmina y músculo) y si la vaca usa estas reservas a finales de la gestación difícilmente podrá conseguir un buen pico de lactación. Por cada litro de aumento de leche al pico, suponen unos 200 litros de leche a lo largo del resto de la lactación (más en primíparas). Por ello es recomendable aportar raciones durante el pre-parto con un 13% de PB para las multíparas y un 14,5% para las nulíparas.

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Autor: Sasa Zivaljevic.

Lactación

La alimentación de las vacas lactantes durante épocas de tensión económica debe priorizar la rentabilidad a través maximizar la eficiencia de conversión de los nutrientes aportados a leche y producir la cantidad de leche óptima para maximizar el beneficio (que puede no coincidir con el máximo volumen de leche). La eficiencia de la alimentación se consigue, básicamente, aportando los nutrientes necesarios sin resultar en exceso de algunos de ellos. Un ejemplo claro es el fósforo. Durante muchos años se ha considerado al fósforo como un mineral esencial para la correcta función reproductiva de la vaca. Sin embargo, existe amplia evidencia que aportes por debajo de 0,35% de la materia seca que recomienda el NRC (2001) en la ración son suficientes para sostener altos niveles de producción sin afectar la reproducción ni la longevidad de la vaca. Por ejemplo, Wu y Satter (2000) compilaron datos de ocho estudios con un total de 785 vacas de la literatura y concluyeron que no había ningún efecto sobre la reproducción al usar raciones con un 0,4-0,6% de fósforo respecto a raciones con niveles del 0,32-0,40%. Valk y Ebek (1999) compararon la eficiencia reproductiva de vacas que consumían niveles de fósforo de 0,24, 0,28 y 0,33% de la materia seca y no encontraron ninguna diferencia entre los tratamientos. El fósforo es uno de los minerales más caros y por tanto optimizar sus aportes puede ayudar a mejorar la rentabilidad. Otras formas de mejorar la eficiencia incluyen minimizar errores de mezclado y asegurar que la ración que consumen las vacas es la ración optimizada económicamente. Por ello se recomienda no hacer lotes de vacas pequeños pues resulta difícil mezclar raciones para pocos animales en un carro mezclador (los errores con la pala son mucho más evidentes conforme menor es la cantidad de ingrediente que se dosifica). Si se insiste en la necesidad de formar grupos de vacas pequeños, entonces es recomendable hacer una premezcla con todos los ingredientes de esa ración y confeccionar la ración usando la premezcla y el forraje. Además, es importante revisar la molienda de la ración: a más molienda mayor digestibilidad (mayor valor energético), tanto de los ingredientes como de los ensilados y forrajes, y se disminuye la posibilidad de selección de distintas partículas de la ración por parte de las vacas.

La eficiencia también puede mejorarse a través de un adecuado manejo de los forrajes. Por ejemplo, cortar la alfalfa por la tarde es preferible que cortarlo por la mañana. Varios estudios (Thomas y Ballard, 2002) han demostrado que la cantidad de azúcares y carbohidratos es mayor, y en consecuencia la proporción de fibra ácido detergente (FAD) menor, cuando el forraje se corta por la tarde que por la mañana. Un forraje con menor proporción de FAD será más digestible y la vaca será capaz de consumir mayor cantidad.

En general, existe una relación positiva entre la cantidad de proteína de la ración y la producción de leche. La Figura 4 muestra que la cantidad óptima de proteína en la ración depende del nivel energético de la ración. La relación ideal entre proteína de la ración (% de la materia seca dividido por 10) y la energía neta de lactación (Mcal/kg) para optimizar la producción de proteína en leche (kg/d) es de 1,1. Sin embargo, esta relación óptima para maximizar la producción de leche no coincide con el óptimo para maximizar la eficiencia de utilización de la proteína (una relación de 0,9) de la ración para la producción de leche, y por tanto puede no coincidir con el máximo beneficio económico.

La Figura 5 muestra que para maximizar el beneficio económico de la inversión en proteína de la ración, la relación óptima entre proteína y energía es de 1 (por debajo de la relación que maximiza la producción). Por lo tanto, el máximo beneficio neto no se obtendrá con la máxima producción, debido a la pérdida de eficiencia (ley de los rendimientos marginales decrecientes) asociada con los niveles máximos de producción. Si el precio de la leche baja, el impacto de la eficiencia del uso de los nutrientes de la ración para producir leche cobra mayor importancia.

A parte de la nutrición y alimentación, es muy importante detectar celos. La fertilidad de las vacas es baja, y en tiempos de crisis no se puede permitir perder la oportunidad de preñar una vaca por no haber visto un celo. Cada día en leche por encima de los 160 cuesta un promedio de 8-10 por vaca y año.

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FOTO6. Figura 4. Efecto de la relación entre proteína y energía de la ración y eficiencia de uso de la proteína y de la producción de proteína en leche (Adaptado de Bach et al., 2006).

Pagar por el valor y no por el coste del ingrediente

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Figura 5. Evolución esperada de la producción de proteína láctea, beneficio bruto, costes asociados a la proteína de la ración, y beneficio neto (considerando sólo los costes de proteína) en función de la relación entre proteína (/10) y energía neta de lactación (Mcal/kg) en las raciones del vacuno lechero. Adaptado de Bach et al. (2006).

La tendencia en el mercado de las materias primas parece ser que su precio mantendrá una conexión más o menos directa con el precio de la energía. Concretamente, es de esperar una relación entre el precio del petróleo y el precio del almidón (como substrato para la producción de bioetanol) y el precio de las grasas (como substrato para la síntesis de biodiesel). En este sentido, por tanto, es importante valorar el coste por nutriente (y no por ingrediente). El ensilado de maíz es el caso más importante (por que es un ingrediente mayoritario, y por que su composición es my variable) y es recomendable asignar un coste real de mercado al silo de maíz en función de su contenido en almidón.

Los aditivos suelen representar un coste importante de la ración. En tiempos de precios de la leche ajustados se hace más importante valorar el retorno sobre el coste de los aditivos. La eficacia de los aditivos dependen de muchos factores (tipo de animal, tipo de ración, etc.) y es necesario asegurarse bajo las condiciones de uso, el aditivo en cuestión funciona y proporciona el beneficio esperado. Por lo general, no es recomendable el uso de aditivos que no aseguren un retorno a la inversión superior a 4:1 (Hutchens, 2001).

Al comprar heno de alfalfa, es típico establecer el precio en función de un mínimo de proteína. Pero realmente, cuando se compra alfalfa no se hace por ser una fuente excelente o barata de proteína (todo lo contrario, la proteína de la alfalfa es casi el doble de cara que la proteína de la soja), sino que se compra como fuente de fibra. Por tanto, lo lógico sería pagar en función de este nutriente y no la proteína. Es cierto que la proteína y la fibra están correlacionadas (negativamente), pero en momentos donde hay que ser preciso con los gastos, es importante pagar por lo que se necesita.

Existen en el mercado algunos productos que por su naturaleza no tienen un precio elevado pero que suponen una buena oportunidad para los rumiantes. El caso más claro es la glicerina. La glicerina es un subproducto de la síntesis de biodiesel y puede ser usada tal cual (80% de glicerol) o bien destilada para uso farmacéutico (99% glicerol). La glicerina puede representar una buena fuente de glucosa para el rumiante, bien por su paso directo a glucosa en el hígado o bien por su fermentación mayoritaria a propiónico en el rumen. Los componentes más importantes a determinar en la glicerina (a parte del glicerol) son el metanol, restos de dietilen glicol (DEG), y el contenido total de sal (del 9 al 12%). Estos últimos compuestos pueden ejercer un efecto negativo sobre el metabolismo, ingestión, y producción del animal. El metanol y DEG son potentes tóxicos tisulares (que se convierten a formaldehído, pero en condiciones normales, las archaebacterias ruminales deberían transformarlo en metano. Sin embargo, en situaciones de acidosis ruminal, la población de archaebacterias (bacterias metanogénicas) disminuye sensiblemente, y entonces la protección frente la toxicidad del metanol desaparecería. Por otro lado, el alto contenido en sal de algunas glicerinas puede ejercer un efecto negativo sobre la ingestión y por tanto la producción.

Conclusiones

Parece ser que entramos en una época de bajos precios de leche y estabilidad en las materias primas. Sin embargo, el mercado de leche es cada vez más volátil y se hace difícil realizar predicciones a medio plazo. España es el país de la Unión europea más dependiente de las importaciones de leche, y el productor recibe menos del 40% del precio de venta al público de la leche.

Intentar mejorar la rentabilidad a través de la reducción de gastos que afectan directamente el rendimiento de las vacas o las novillas debe evitarse, pues compromete el futuro de la explotación. Existen oportunidades de mejora a través de:

  • Minimizar mermas de ingredientes (forrajes húmedos y orden de pesado de los ingredientes en el carro.
  • Re-evaluar si la confección de un grupo de alta y otro de baja producción es rentable.
  • Intentar aumentar la producción de leche incidiendo sobre los cuellos de botella que la limitan.
  • Maximizar el precio de la leche disminuyendo las células somáticas y mejorando el contenido en proteína y grasa.
  • Optimizar el crecimiento de la recría (asegurar un peso mínimo de 580 kg después del parto a los 22-24 meses).
  • Evitar raciones altas en energía (>1,54 Mcal de ENl/kg) en el pre-parto. Es preferible aportar 1,32 Mcal de ENl/kg).
  • Maximizar la eficiencia de conversión de los nutrientes a leche (evitar aportes excesivos y aditivos con poco retorno).
  • Disminuir la molienda de la ración (mejora la digestibilidad).
  • Pagar o valorar las materias primas en función del nutriente que aportan (i.e. almidón para el silo de maíz, fibra para la alfalfa, proteína para la soja...).

Referencias

  • Bach, A., M. L. Raeth-Knight, M. D. Stern, and J. G. Linn. 2006. Protein, amino acid, and peptide requirements for proper rumen function and milk production. Minnesota Nutrition Conference, September 20th, St. Paul, MN. Pages 67-79.
  • Drackley, J. K., and N. A. Janovick-Guretzky. 2007. Rethinking energy for dry cows. Penn State Dairy Cattle Nutrition Workshop. 59-68.
  • WAOB. 2009. World Agricultura Outlook Board. WASDE-468. ISSN:1554-9089.
  • Hutchens, M. 2001. Surviving low milk prices. http://www.eXtension.org.
  • Minor, D. J., S. L. Trower, B. D. Strang, R. D. Shaver, and R. R. Grummer. 1998. Effects of nonfiber carbohydrate and niacin on periparturient metabolic status and lactation of dairy cows. J. Dairy Sci. 80:189.
  • Thomas, E., and C. S. Ballard. 2002. A. M. vs. P. M. harvest of alfalta as medium moisture silage. Miner Insititute, Research Report 02-1.
  • Valk, H., and L. B. J. Ebek. 1999. Influence of prolonged feeding of limited amounts of phosphorus on dry matter intake, milk production, reproduction and body weight of dairy cows. J. Dairy Sci. 82:2157–2163.
  • Wu, Z., and L. D. Satter. 2000. Milk production and reproductive performance of dairy cows fed two concentrations of phosphorus for two years. J. Dairy Sci. 83:1052–1063.

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