“Pensar que el libre mercado puede funcionar es difícil porque el sector lácteo lo que necesita es gestión y control”

Entrevista a Gaspar Anabitarte, responsable del sector lácteo de COAG

Javier García30/06/2014

El responsable del sector lácteo de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), Gaspar Anabitarte, analiza en esta entrevista la situación del mercado y la evolución de los precios en el sector lácteo español. Los ganaderos de leche esperan desde hace más de un año medidas para paliar la repercusión del fin de las cuotas lácteas, previsto para abril de 2015. Cuotas que regulaban la producción de leche y que para muchos ganaderos españoles supusieron un endeudamiento. ¿Qué ocurrirá con el libre mercado del sector lácteo? Puede haber una sobreproducción láctea y muchas explotaciones ganaderas se exponen a una situación de peligro.

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Gaspar Anabitarte, responsable del sector lácteo de COAG.

Antes de entrar a valorar los posibles efectos de la supresión de las cuotas, ¿cómo ha evolucionado el sector lácteo a lo largo de los últimos años?

En el momento de la entrada en la Comunidad Europea, el sector lácteo contaba con cientos de miles de litros de leche. Piense que tan sólo en Cantabria del orden de 18.000 productores vendían de leche. La entrada en Europa supuso una no sé sabe si catastrófica negociación o ésta se realizó con toda la intención. Lo cierto es que el sector lácteo español quedó totalmente dañado por las cuotas, porque éstas eran manifiestamente insuficientes.

Entiendo…

Se fue realizando una reestructuración a base de que el ganadero pagase de su bolsillo también. A veces la administración hacía planes, se compraba la cuota de los ganaderos que iban abandonando o que decidían venderla. Eso supuso trasvases gigantescos de dinero. Llegó a valer la cuota en torno a 100-120 pesetas por litro, por derecho a producir.

Y aproximadamente, ¿cuánto produce y consume España?

El sector lácteo español solamente produce dos tercios del total del consumo, es decir, de forma aproximada, producimos seis millones de toneladas y consumimos nueve. Esto, después de ajustarse las estadísticas porque cuando entramos en la UE, éstas eran muy malas. En España siempre hemos sido muy dependientes de las decisiones que Francia tomaba en este sector, hasta tal punto que hoy en día prácticamente más de la mitad de la industria española está en manos francesas, por no hablar ya de la distribución, otro de los problemas crónicos del sector lácteo.

¿Con cuántas explotaciones contamos?

En estos momentos nos movemos en torno a las 24.000 explotaciones de leche, que son cantidades muy pequeñas. Si divides 6 millones de toneladas entre 24.000 productores, salen producciones de 250.000 litros por explotación. Creo que en estos momentos hemos superado la media de la cuota de Francia. Esto tiene un significado muy interesante porque curiosamente seguimos con los mismos problemas y con un sector muchísimo peor estructurado que el francés.

¿Por qué?

Porque el sector español tiene las explotaciones más grandes de Europa, hablamos de millones de litros de cuota y miles de vacas, mientras que también cuenta con numerosas explotaciones pequeñas, sobre todo en la cornisa cantábrica, de diez-quince-veinte vacas. Es un sector muy heterogéneo.

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Foto: Roberto Burgos.

¿Y cómo se distribuye geográficamente?

La situación de las 24.000 explotaciones es la siguiente: la mitad, aproximadamente, está en Galicia; 1.800-2000, en Asturias; 1.400, en Cantabria; 800, en el País Vasco, otras tantas en Cataluña, y unas 2.000, en Castilla León. La incongruencia es que Galicia tiene el 50% de las explotaciones y sólo posee el treintaypico por ciento del derecho a producir.

Paradójico…

Claro, este es el desastre de nuestro sector. Galicia tiene mucha más gente produciendo y no tiene cuota, sin embargo, comunidades autónomas como, por ejemplo, Cataluña se pueden mover en unas medias de producción en torno al 800.000 litros aproximadamente. O sea, cantidades que ni los mayores países de Europa tienen. Es la prueba de que el tamaño no tiene nada que ver con la competitividad. De los países grandes de Europa, somos el menos competitivo a pesar de que tenemos regiones con unas medias infinitamente más altas que las que puedan tener el resto de países.

¿Por ejemplo?

Cataluña tiene tres veces la cuota láctea de Francia, sin embargo el sector lácteo catalán va mucho peor que el francés.

¿Por qué se establecieron estas cuotas?

Cuando se establecieron, en España se vivió una situación peculiar: cada uno decía lo que quería, hasta el punto de que incluso se engañaba. Por ejemplo, en Cantabria con los Pasiegos, que son en origen los que crearon el sector lácteo español, cuando llegó el momento de declarar, no decían lo que producían por diferentes motivos, entre ellos, porque no les gustaba que la Administración los controlase. En Galicia también se declaraba poco y en el País Vasco se negaban a declarar. Cada comunidad funciona a su manera. El problema es que para que evolucionase el sector, el mantra era que primero había que crecer, y además el ministerio siempre apoyaba el crecimiento de los más grandes.

Ya…

Acabo de leer un informe del Ministerio de Agricultura francés sobre la carne con el mismo fondo ideológico que con la leche. Ellos quieren limitar el sector de la carne entre 70-80 vacas. Es el modelo que quieren y el que van a favorecer. Sin embargo, aquí, y a partir de la vaca 130, no te darán ayudas de la PAC, y el ministerio no pone límite a que haya ganaderías de leche o de carne y miles de cabezas. Lo que dice el ministerio es que la razón de no poner un techo es que las explotaciones tienen que crecer.

Entiendo la contradicción.

Por un lado, un país que sabe gestionar su sector agrario como es Francia, primera potencia agraria europea, y por otro, España, un país lleno de terratenientes e incompetente gestionando su sector agrario. Esa evolución ha hecho que el sector fuera creciendo… Había unas primas de volumen muy importantes por parte de la industria, que el Ministerio aplaudió en todo momento, de manera que el ganadero, a medida que vendía más litros de leche, le pagaban más litro. Podría tener incrementos del 25-30% en el precio del litro de leche, con lo cual diríamos que era un estímulo enorme para que el ganadero siguiese produciendo más.

¿Cómo era el reparto?

Por ejemplo, el reparto de cuota más importante que se hizo fue a la ganadería más grande España que estaba en Palencia. En aquel entonces tenía 7 millones de litros y le dieron un 10% más: le dieron 700.000 litros de cuota de una tacada a una sola ganadería cuando la media en España era de 180.000. Se le dio muchísimo más a esta única ganadería de lo que se le daba a montones de ellas. En Cantabria, por ejemplo, nos tocó a 20.000 litros por explotación. Era un gran desastre propiciado por la Administración y, en realidad, también por el propio sector lácteo.

¿Por qué?

Porque la industria siempre persigue un ganadero muy grande en el que se pueda parar con el camión y llevárselo cargado hasta los topes. Esta es la constante en el sector. La situación que vivimos yo la resumiría como caótica. No existe organización de ningún tipo, y hay comunidades autónomas que no tienen un horizonte claro. El sector se ha reestructurado, pasando de cientos de miles de explotaciones a 24.000. Además, hay que tener en cuenta el movimiento de cuota de los seis millones de toneladas de producción, que se concentran ahora en unos pocos. La mitad de esos litros se han concentrado pagándolo el ganadero a unos precios enormes. Aún hoy hay ganaderos pagando al banco créditos por comprar cuota para tener derecho a producir.

Y ahora dicen que la cuota desaparece…

Después de que el sector lácteo haya empleado todo el beneficio obtenido a lo largo de los años en comprar cuota para seguir produciendo, de repente dicen que se acaba la cuota. Ese derecho que tanto sudor y dinero les ha costado desaparece.

¿Qué conllevará?

No habrá un control de la producción. Cuando comenzó la PAC se apoyó mucho al sector lácteo, que es el más importante de Europa. Justamente en el momento en el que entró España en la Unión Europea, había grandes excedentes de leche en polvo y mantequilla, que desparecieron en gran parte con la explosión de la central de Chernobyl, se contaminó todo y hubo que deshacerse de ello. Fue entonces cuando se decidió establecer las cuotas para controlar la producción. Pero Europa, que tiene una deriva ultraliberal muy fuerte, decide que siempre se produzca un 10% aproximadamente por encima de la cuota del consumo interno y de las exportaciones para mantener unos precios bajos. Supongo que son presiones de la gran industria.

No sé si entiendo…

Cuando un mercado está cautivo de una producción y siempre hay excedentes, necesariamente los precios son bajos. Incluso había acuerdos con la OMC que, pese a que Europa era el primer explotador del mundo de productos lácteos y el primer productor mundial, obligaban a que comprásemos el 2% de la producción al exterior, lo cual era surrealista. Esto ha provocado que siempre tuviéramos precios bajos.

¿Y ahora que desaparecen las cuotas?

Ahora se nos dice que pasamos al mercado libre. Ahora somos 'libres' de producir leche, la cantidad que sea, o incluso de no producir.

¿De no producir?

Sí, al ganadero se le va a dar una ayuda por una superficie, por una explotación que, por acuerdos de la OMC, no puede ir ligada a la producción. Se trata de una ayuda neutra, una pequeña cantidad, pero eso sí, a partir de ahora se tendrá que defender en el libre mercado internacional.

¿De qué forma nos hemos preparado para este momento?

Desde que se aprobó la supresión de las cuotas, Europa decidió incrementar la producción en los últimos cuatro años un 2% anual. ¿Qué es lo que ocurre en este tiempo? En el 2009 hay una crisis, un hundimiento de precios cuando todo esto se anuncia, lo que provoca que los ganaderos europeos ni siquiera lleguen a cubrir la cuota; ni tan siquiera los españoles teníamos ya multas porque no éramos capaces de producir la cuota que teníamos ni queríamos, porque los precios eran tan bajos que no interesaba.

¿Qué ocurre entonces?

Llega la crisis de las subprime en EE UU y luego en España, y el capital que había metido en todo esto se traslada a comprar productos commodities, materias primas. Dentro de ellas, se encuentra la soja, el maíz, el trigo o la leche en polvo y la mantequilla. Esto provoca un incremento muy fuerte de los precios. Entonces comenzamos a estar en un mercado muy especulativo. Los precios se mueven en dientes de sierra constantemente. Al poco tiempo, hubo un hundimiento de los precios: en Europa cayeron cerca del 30%.

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Foto: Zsuzsanna Kilian.

¿Y ahora que entramos en el libre mercado?

Tenemos un producto de primera necesidad que, por naturaleza, debe ser barato. Además, los gobiernos deben procurar que sea un producto accesible para todas las personas. Ahora llega la situación de la libertad de la producción de leche al desaparecer las cuotas en abril de 2015 y, a partir de ese momento, cada uno podrá ser libre de producir o no producir todo lo que quiera. Empieza a haber posicionamientos en ese sentido. Tanto es así que, como consecuencia de una subida importante del precio que llegó al límite en diciembre de 2013, hubo un ascenso bastante bueno para los productores y la producción en Europa se ha ido incrementando. Lo ha hecho de tal forma que, por ejemplo, en España, en el año 2015, que es el último año de cuotas, si no cambia la marcha, tendremos multa.

¿Y en el resto de Europa?

Ocurre más o menos lo mismo. Francia, que no cubría su cuota, ahora se pasa. La producción de leche no supone decisiones empresariales que se puedan tomar en un mes. Tienes vacas, las tienes que ordeñar, tardan su tiempo en dar a luz; en ningún caso es como hacer un ERE o disminuir la producción de, por ejemplo, vehículos. Además, la liberalización de mercados, que sería el golpe maestro, significa algo fundamental: como el mercado es libre de producir lo que quiera también es libre la industria de comprar lo que quiera.

Ya no se puede obligar a comprar…

No, era una ley casi sagrada en el sector lácteo en Europa, y ahora la industria es libre de comprar y, lo que es más grave, de decidir a quién compra. Imagine, en Cantabria, por ejemplo, hay una zona montañosa de difícil acceso en la que se encuentren 23 ganaderos. A 20 kilómetros, cerca de la costa, también encontramos otros tantos ganaderos, cuyo acceso para recoger la leche es mucho más sencillo. ¿Quién va a comprar ahora la producción de la zona montañosa?

Esta situación se podrá dar…

Sí, de hecho, va a ocurrir seguro. Imagine la cornisa cantábrica, con malas carreteras, como ocurre en Asturias, Cantabria o Galicia. A las industrias lácteas francesas que controlan más de la mitad del sector lácteo español, ¿no les merecerá más la pena producir ellos la leche y enviarnos el producto?

¿Y en el caso de las cooperativas?

Bueno, ellas tendrán que recoger sí o sí la leche de sus socios, pero es que incluso ellas les venden leche a multinacionales francesas, con lo cual todo es una incógnita enorme. De todas maneras, esta situación también preocupa a otros países. Ahora mismo, por ejemplo, Polonia tiene un potencial enorme para producir leche. Empresas como Nestlé podrían cerrar en Francia e irse a Polonia en busca de leche más barata.

Todo está en al aire…

Sí, y conociendo cómo es el capitalismo está claro lo que puede pasar. En Europa hay determinados organismos muy preocupados, algunos incluso con verdadero pánico de lo que pueda pasar, mientras los ultraliberales están muy contentos porque piensan que el libre mercado lo arregla todo.

El libre mercado también tiene sus contras…

En el sector lácteo, tan cautivo del clima y de la naturaleza, pensar que el libre mercado puede funcionar es difícil, porque es una distorsión para un sector que lo que necesita es gestión y control, porque depende de muchas variables.

¿Qué ocurrirá con estos ganaderos que se han endeudado para comprar las cuotas?

Los ganaderos casi siempre gritan socorro. El ganadero suele tener tierras, y los que las tienen o tenían en la costa mientras ocurrió era el boom inmobiliario siempre podían vender terrenos. Otras explotaciones, imagino que estarán en manos de los bancos.

¿Cuál sería la forma ideal para gestionar esta situación a la que se enfrentará el sector a partir de abril de 2015?

Nosotros entendemos que en Europa debe haber una gestión de la producción, un control al estilo francés, que procure tener muchos ganaderos distribuidos por toda la región. Leche se puede producir en todas partes, más cara o más barata, pero en cualquier lugar, y debemos tener en cuenta que en el traslado se estropea su calidad. Tengamos también en cuenta que el ganadero de leche fija población en el medio rural. No es un terrateniente del Paseo de Salamanca que visita de vez en cuando la finca donde tiene sus vacas. El ganadero de leche tiene que ordeñar mañana y tarde, por tanto, debe vivir en su finca. Esto genera riqueza, otro factor fundamental.

¿Podrán las ayudas de la PAC permitir la subsistencia?

Es que depende, si el mercado fuera más o menos estable, sí, pero la realidad es que puedes variar los precios. Por ejemplo, el pasado invierno la leche se pagaba en torno a 70 pesetas mientras que ahora mismo se paga a 60. La ayuda va a ser más o menos la misma, pero la inflación y otras variables no están descontadas. En general, los ganaderos tenían un negocio del que podían vivir, pero ahora mismo la situación es muy complicada: si suben los costos de producción, si aumenta, por ejemplo, la soja, el maíz o la alfalfa, vuelves a estar atrapado.

Tendrán que ser muy previsores…

El problema que tiene el ganadero español es que se ha dejado llevar por lo que ha marcado la industria y el Estado: un modelo de producción que no está ligado a la tierra. Por eso, depende del precio que le quiera pagar la industria. Por otro lado, depende de los precios que paga por los piensos, que suponen el 50% de los costes, el gasóleo, la energía, los fertilizantes… El ganadero está totalmente en manos de quien le paga y le cobra. Sin embargo, si produce en base a tierra, que es otro modelo de ganadero, el modelo adoptado por Francia, tendrá un año mejor y alguno peor, pero será mucho más libre de las especulaciones. Además, si tiene tierra, puede variar tu producto.

¿Qué quiere decir?

El ganadero francés tiene dos o tres producciones, algo que en España no ha habido forma de que se entendiera. Así, si va mal la carne, pues tal vez vaya mejor la leche, o siembran cebada o maíz porque ahora se vende bien el cereal, o tienen mil ocas y hacen foie gras... El ganadero y agricultor español es de monocultivo. Cuando llega una crisis en un sector, éste se cae entero, arrastrando a todos los ganaderos consigo.

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