AUTOMATIZACIÓN, AGV Y ROBOTS

"El límite del software está en las decisiones que dependen del contexto estratégico del negocio"

Entrevista a Xavier Calzada, Solutions architect de Element Logic en España y Portugal

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El software es un elemento integrador de distintas tecnologías, pero si no se integra bien en la operativa añade más caos. Una estructura clara y ordenada permite que la automatización suceda de manera fluida y adaptable en tiempo real. Entramos en detalle con Xavier Calzada, Solutions architect de Element Logic en España y Portugal.

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¿Hasta qué punto la operativa de un almacén depende del software y qué ocurre cuando el sistema falla o pierde conectividad?

Cualquier almacén depende hoy del software para operar con eficiencia. En nuestro caso, somos especialistas e integradores de AutoStore, pero lo que marca la diferencia es la capa de software que desarrollamos alrededor, que orquesta el conjunto y lo adapta a cada operativa.

Una vez definido el diseño físico, es el software el que permite extraer rendimiento. Por eso insistimos en ver cómo funciona el sistema en condiciones reales, ya que una tecnología puede ser muy avanzada, pero sin el software adecuado no alcanza su potencial.

Cuando hay fallos o pérdida de conectividad, el impacto es inmediato en coordinación y visibilidad. Por eso diseñamos soluciones resilientes. Ante una desconexión con sistemas externos como el ERP o el WMS, la instalación sigue operativa con las órdenes ya disponibles, manteniendo la actividad del almacén.

Una vez restablecida la comunicación, los sistemas se sincronizan de forma transparente para intercambiar la información pendiente. Además, si la operativa lo requiere, es posible generar nuevas órdenes y trabajar de forma independiente, asegurando la continuidad del servicio y la coherencia de los datos.

¿Qué decisiones dentro de la operativa siguen fuera del alcance del software y por qué?

El software puede automatizar gran parte de la operativa, incluida la gestión de excepciones habituales como cambios de prioridad o incidencias en tiempo real. Su límite está en las decisiones que dependen del contexto estratégico del negocio (cambios de modelo, decisiones comerciales o situaciones imprevistas), que siguen requiriendo criterio humano.

Desde el inicio, el foco está en entender cómo trabaja cada cliente y diseñar soluciones flexibles. Se trata de definir procesos sólidos sin limitar la operativa, permitiendo a los responsables del almacén gestionar casos especiales sin depender de cambios urgentes en el sistema.

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No se trata de prever todos los escenarios, sino de implantar un software que automatice con inteligencia y deje espacio al control humano donde aporta valor. Además, el uso real del sistema y las revisiones periódicas permiten adaptarlo de forma progresiva y mantenerlo alineado con la operativa.

¿La integración de distintos sistemas mejora la eficiencia o introduce más complejidad y puntos de fallo en la operativa?

Ambas cosas. La diferencia está en cómo se plantea la integración. Cuando los sistemas de un almacén (WMS, WCS, robótica, analítica) están bien conectados, la operativa gana en agilidad y visibilidad. Cuando no, aumentan las dependencias y la complejidad.

En nuestro caso, partimos de entender la operativa del cliente antes de definir la arquitectura. El objetivo es que todo responda a una misma lógica, no acumular integraciones. Es un enfoque basado en el software como eje que conecta las distintas tecnologías, buscando soluciones que, aunque complejas por dentro, sean sencillas de usar en el día a día.

¿Hasta qué punto la inversión continua en software (actualizaciones, cambios de sistema, nuevas capas tecnológicas) aporta valor real frente al coste operativo que genera?

La inversión en software solo tiene sentido si el sistema evoluciona con la operativa del cliente. Cuando lo hace, deja de ser un coste y pasa a sostener la eficiencia a lo largo del tiempo.

En nuestro caso, el software es la base de cada solución, porque permite adaptarla a la operativa real y extraer su máximo rendimiento. Cada vez más, los clientes buscan entender y mejorar su operativa en tiempo real, y ahí el software es determinante.

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Las actualizaciones aportan valor cuando permiten evolucionar el sistema sin romper lo que ya funciona. Muchas mejoras surgen de necesidades reales y se incorporan de forma progresiva, manteniendo la estabilidad.

Cuando está bien planteado, el software no solo mejora el rendimiento, sino que permite optimizar recursos, eliminar ineficiencias y tomar mejores decisiones. Ahí es donde marca la diferencia entre una automatización que funciona y otra que aporta valor real.

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