Adiós a la erradicación obligatoria y más flexibilización de movimientos en la lengua azul
La decisión de la Comisión Europea responde a la evolución epidemiológica de la lengua azul en la UE y a la experiencia acumulada en su control en los últimos años. Bajo el antiguo marco normativo, la clasificación como enfermedad de categoría C implicaba que la lengua azul estaba sujeta a programas de erradicación específicos, con controles estrictos tanto para prevenir su entrada en zonas libres como para limitar la circulación de animales susceptibles.
Con el nuevo Reglamento 2026/169, la infección por virus de la lengua azul queda reclasificada como categoría D + E, eliminando la categoría C del anexo del Reglamento de Ejecución 2018/1882 y simplificando el marco jurídico aplicable. La categoría D se refiere, esencialmente, a las normas que regulan los movimientos de animales entre Estados miembros para evitar la propagación de la enfermedad, mientras que la categoría E se centra en la vigilancia epidemiológica y notificación de casos.
Movimientos de animales y vacunación
Para los ganaderos y operadores del sector, el cambio implica que desaparecen las medidas asociadas a los programas de erradicación obligatorios para ciertas zonas. En la práctica, esto suele traducirse en una mayor flexibilidad para mover animales dentro del mercado interior, siempre bajo la supervisión de las autoridades veterinarias nacionales y de conformidad con las reglas de sanidad que rigen los desplazamientos de especies susceptibles. Por ejemplo, los requisitos estrictos de pruebas diagnósticas o cuarentenas para mover ciertos rumiantes desde zonas afectadas pueden verse simplificados o sustituidos por normas de movimiento más generales, siempre que se cumplan las condiciones establecidas por la categoría D.
Para cumplir los movimientos entre diferentes países de la UE, la normativa comunitaria contempla la ausencia epidemiológica del virus y la vacunación de los animales sensibles como formas claras para cumplir los requisitos de movimientos entre países. Sin embargo, no es exclusivo ni automático, ya que la normativa comunitaria de sanidad animal incluye otras formas de mitigación de riesgo y exigencias veterinarias que pueden ser relevantes según el caso y las zonas implicadas.
En términos de vacunación, la recategorización puede también modificar las estrategias nacionales de inmunización frente a la lengua azul. Si bien la vacunación siempre ha sido una herramienta fundamental para controlarla —y de hecho programas autonómicos y nacionales ya han apostado por campañas de vacunación voluntaria o subvencionada en años recientes— el hecho de que la enfermedad ya no requiera medidas de erradicación obligatorias puede influir en cómo los Estados miembros y los productores valoran su uso.
Países como España ven con este nuevo marco una coherencia normativa con la realidad epidemiológica de la lengua azul, que ha demostrado una persistencia creciente en poblaciones animales y vectores en los últimos años. El reglamento mismo reconoce que la eliminación de la categoría C se justifica por este cambio de perfil de la enfermedad y por la cuestión de que los métodos de erradicación anteriores han mostrado limitaciones en eficacia y viabilidad en muchos contextos.
No obstante, la simplificación no significa que la lengua azul deje de ser un riesgo sanitario a tener en cuenta: la categoría D incluye medidas dirigidas precisamente a que los movimientos de animales no contribuyan a una propagación descontrolada entre territorios, con especial atención a zonas que quieran mantener estatus libres o con bajos niveles de circulación viral. Además, la vigilancia (categoría E) sigue siendo un pilar inalterado del sistema, con obligación de detectar y notificar focos.
El impacto en las políticas de vacunación puede variar significativamente entre Estados miembros. En países donde ya se adoptó la vacunación voluntaria y se facilitó la movilidad de rumiantes dentro del territorio nacional, la nueva clasificación refuerza esa tendencia a estrategias de protección y gestión del riesgo más que de erradicación rígida. Otros países pueden optar por mantener campañas activas de inmunización para proteger a sus cabañas y sostener el comercio intraeuropeo de animales y productos.





