Alta variabilidad en el cálculo de la huella de carbono de las explotaciones de Oviaragón
Ya han pasado dos años desde que se empezó a analizar el impacto ambiental de las granjas de ovino y los cebaderos que gestiona Oviaragón dentro del proyecto Life Green Sheep. En este momento dicho análisis se ha completado para 41 granjas y 2 cebaderos y pronto se llegará a las 50 granjas y 9 centros de clasificación.
La rumia y la alimentación, junto con la gestión del estiércol, son por ejemplo y como es lógico, los más ‘costosos’ para el medio ambiente, por lo que las medidas que reduzcan la huella en estos campos beneficiarán a todos los niveles.
En los casos analizados para las ganaderías de Oviaragón, existe una gran variabilidad para este valor, que puede ir desde 9,08 hasta 40,54 (dato medio 19,25) kg CO2 eq/KG PV dependiendo las fuentes de alimentación disponibles o el nivel de producción,
La huella de carbono se mide en gramos de dióxido de carbono equivalentes (gCO2eq). Esta unidad permite cuantificar el impacto ambiental de todos los gases de efecto invernadero en un único indicador. Para cada actividad, la huella de carbono será el resultado de dividir los gases emitidos en forma de CO2 por los kilos de producto obtenido.
Por su parte, las buenas prácticas son todas aquellas técnicas o procesos que llevan a ser más eficientes, es decir, a producir más alimentos con menos coste y menos contaminación. Entre otras, las buenas prácticas que lleven a producir más corderos por oveja, o a hacer las dietas más digestibles y eficientes nutritivamente, serán ideales para las dos cuentas, la de la rentabilidad y la de la contaminación.
“Es por ello por lo que desde Oviaragón trabajamos en alimentación ovina, optimizando las fórmulas de pienso de corderos y recalculando los ingredientes de las mezclas de ovejas: manteniendo el nivel nutritivo, reducimos el precio y el desperdicio o fracción no digestible, y con ello, la huella de carbono”, señala la cooperativa.





