Entrevista a Alejandra Valentín, Senior Technical Advisor Small Ruminants en Nutreco Iberia
“La salud y eficiencia del cebadero no comienza en la transición del cordero, sino que se gesta en la granja de origen”
Víctor Molano
Periodista especializado en ganadería · Interempresas Media
04/05/2026
El manejo integral del cebadero de corderos exige un cambio de enfoque basado en la prevención, la digitalización y la coordinación entre fases productivas. Alejandra Valentín defiende con BestCor un modelo holístico que prioriza la inmunidad, el control de datos y la toma de decisiones estratégicas para mejorar eficiencia, sanidad y rentabilidad.
Alejandra Valentín.
La ponencia presenta BestCor como un modelo de gestión holística. ¿En qué consiste exactamente este enfoque y qué lo diferencia de los sistemas tradicionales en cebaderos de corderos?
El programa BestCor es una evolución del programa IntegraCor, desarrollado por Nanta. Podemos definirlo como una nueva plataforma de gestión integral y del cebadero, no solo como un protocolo nutricional o sanitario aislado. Este enfoque holístico se basa en que el conocimiento de que la salud y eficiencia del cebadero no comienza en la transición del cordero (fase crítica, sin duda), ni tan siquiera en el camión de transporte, sino que se gesta en la granja de origen, y continúa pudiendo controlarse en el cebadero. La clave es que no queremos optimizar partes sueltas, sino integrar todos los factores que afectan al rendimiento del cordero, trabajando de forma coordinada con cambios disruptivos en la gestión, analizando incluso las lesiones detectadas en la cadena de sacrificio para retroalimentar la estrategia de compra y manejo. A diferencia de otros sistemas tradicionales, nos enfocamos en una prevención proactiva y en reducir la presión antibiótica y de enfermedades mediante la mejora de la inmunidad, el manejo ambiental y de la rehidratación, entre otros. Para procesar esta información, contamos con una novedad de la que estamos muy orgullosos. BestCor, una nueva aplicación de uso en móvil que recoge y gestiona de manera rápida y sencilla parámetros determinantes. Permite registrar, visualizar, comparar y analizar toda la información productiva, sanitaria y económica de las granjas para facilitar la toma de decisiones con KPIs clave, alertas inteligentes y recomendaciones.
El periodo de transición es uno de los momentos más críticos. ¿Qué riesgos sanitarios y productivos se concentran en esta fase y cómo pueden anticiparse?
El periodo de transición es sin duda, el momento más delicado de todo el ciclo. Es un periodo de máxima vulnerabilidad del cordero donde se concentran estresores físicos, sociales y nutricionales que comprometen el sistema inmunitario del animal. Desde el punto de vista productivo, lo que más nos preocupa es el mal arranque: animales que no comen bien en los primeros días, que crecen menos y que ya no recuperan ese retraso. La clave está en hacer una buena recepción, clasificar los animales, diseñar dietas de adaptación reales (no bruscas), cuidar mucho el ambiente y facilitar al máximo el consumo desde el primer momento. Es una fase donde pequeños detalles marcan grandes diferencias. A nivel sanitario, en esta fase se concentra el mayor riesgo de aparición de patología respiratoria como el Complejo Respiratorio Ovino (CRO), muchas veces de forma subclínica que no siempre vemos, pero que sí penaliza mucho la eficiencia. Nos gusta hacer el símil con un iceberg, la punta, lo que se ve, representa hasta un 64% de las bajas en cebaderos monitorizados. Pero va más allá del aumento de mortalidad, ya que un animal afectado que permanece en el cebadero puede perder hasta 36 g/día de ganancia media (GMD) y empeorar su índice de conversión en un 25%. También son frecuentes los problemas digestivos, principalmente coccidiosis, que igualmente presenta una prevalencia silenciosa, sin casos de diarrea clínica, en el 62% de los casos. Produce un daño directo en la mucosa intestinal que causa malabsorción y, en casos clínicos, diarrea. Además, por seguir tirando de símil, podríamos decir que la coccidiosis es un caballo de troya para el CRO. La inflamación intestinal, agrava la inmunosupresión sistémica, aumentado por dos la probabilidad de enfermedad respiratoria y en un 300% el riesgo de lesiones pulmonares. Otro proceso que ocurre en este periodo, que tiene gran repercusión en el éxito de la transición pero que no ha sido muy estudiado es la deshidratación. En la transición coexisten dos mecanismos fisiopatológicos de deshidratación distintos que exigen abordajes diferenciados. Por un lado, la deshidratación por estrés en el transporte, y por otro, la deshidratación por diarrea. El cortisol del estrés por transporte produce diuresis y pérdida masiva de potasio, mientras que los procesos malabsortivos de los problemas digestivos drenan sodio y agua del fluido extracelular. Ambos tipos de deshidratación generan un círculo vicioso de patología. Un animal deshidratado tiene una mala recuperación porque no come lo que debería, presenta menor motilidad ruminal y retraso en la adaptación, además de la inmunidad reducida que agrava el resto de los procesos.
¿Qué peso tienen la nutrición, el manejo y la bioseguridad dentro del modelo BestCor?
Los tres tienen un gran peso en el programa. De hecho, forman parte de los tres pilares fundamentales para que el enfoque holístico funcione. Al compararlos con pilares, lo que pretendemos transmitir es que todos son necesarios para que el sistema funcione correctamente al igual que si fueran los pilares de un edificio. Uno no puede compensar enteramente el sostén del otro. Bestcor articula su estrategia a través de estos tres pilares fundamentales que actúan de forma sinérgica en un enfoque 360. En primer lugar, el pilar nutricional (seguridad y adaptación), con unanutrición de precisión de raciones según fase, genética, consumo real que equilibran la eficiencia productiva con la seguridad digestiva. En segundo lugar, el pilar sanitario (prevención, desplazando el foco de la medicación reactiva hacia la inmunomodulación y la monitorización. Incluye protocolos de vacunación, control de patógenos y bioseguridad adaptados a factores intrínsecos del animal, condiciones del cebadero, origen de los animales, destino final, etc. Y, por último, el pilar económico (formación, gestión y asesorías) que es el cerebro del programa. Permite transformar la monitorización continua y los registros de datos en información accionable para optimizar la rentabilidad del cebadero a través de la ya mencionada nueva aplicación BestCor.
¿Qué indicadores clave deberían monitorizar los ganaderos para evaluar si su sistema está funcionando correctamente?
Para evaluar si el sistema funciona correctamente, el ganadero debe monitorizar indicadores técnicos, sanitarios y económicos sin inundarse en información que no sabe cómo procesar y qué hacer con ella. Esto es fácil de realizar a través de nuestra aplicación BestCor. En la aplicación están seleccionados aquellos KPI que creemos especialmente relevantes y se muestran agrupados en productividad, sanidad y economía. Otro punto importante para la interpretación de los parámetros no es el número que te da en un momento determinado, esto es solo una parte de la foto. Es fundamental la evolución que este tiene. La posibilidad de hacer comparativas a lo largo del tiempo y entre granjas es clave para saber si evolucionamos en la dirección correcta o no, así como anticipar riesgos y proponer soluciones.
Desde un punto de vista práctico, ¿qué primeras medidas recomendaría implementar a un ganadero que quiera mejorar la gestión del periodo de transición y los resultados en su cebadero?
Yo empezaría por cosas muy básicas, pero que tienen un impacto enorme, siguiendo un protocolo de adaptación proactivo. Primero, mejorar la recepción de los animales: clasificarlos por peso y origen, darles un periodo de adaptación real, tanto a nivel social como de adaptación de la microbiota ruminal, y evitar mezclar en exceso. Es fácil caer en la trampa de hacer la clasificación demasiadas veces para buscar la máxima uniformidad de los lotes, pero son animales muy sociales y jerárquicos, y cambiarlos de grupo en numerosas ocasiones también los desestabiliza. Segundo, revisar la dieta de entrada. Muchas veces queremos ir demasiado rápido a concentrados energéticos, y eso penaliza la adaptación. Es mejor centrarnos en mantener una transición gradual para estabilizar la microbiota ruminal y, por supuesto, que los animales tengan hidratación inmediata tras la descarga con soluciones ricas en potasio y glicerol, como hydrafit, para restaurar el fluido intracelular y la glucemia. Tercero, asegurar condiciones de confort: buena ventilación, densidad adecuada y cama seca. Parece obvio, pero marca la diferencia. Y, por último, medir. Aunque sea con pocos indicadores, pero medir de forma sistemática. Utilizar herramientas de autocontrol y digitalizar al menos el registro de bajas. Porque lo que no se mide, no se puede mejorar.