Entrevista a Francisco Barrientos, veterinario de Nutevet
“La falta de productos indicados para ovino y caprino es una gran dificultad para que el veterinario clínico pueda recetar”
Francisco Barrientos es ya un veterinario experto en la clínica del ganado ovino y caprino que, en esta entrevista, analiza las patologías más preocupantes para el sector de los pequeños rumiantes a corto y medio plazo, las medidas más eficaces para el control de las enfermedades, las novedades en el diagnóstico y los retos de futuro.
Francisco Barrientos.
Desde su experiencia en campo, ¿cuáles son actualmente las enfermedades que más preocupan a los ganaderos de ovino y caprino? ¿Son distintas las prioridades sanitarias entre explotaciones intensivas y extensivas?
En estos momentos, en adultos y en la zona de Castilla-La Mancha, estamos frente a un crecimiento espectacular de los problemas de diferentes serotipos de lengua azul, que ya desde el año pasado han estado complicando y generando múltiples problemas sanitarios en las ganaderías de ovino. Se han detectado un aumento del 5% extra en la mortalidad en adultos (y mayor incluso en algunas explotaciones), un aumento de los problemas abortivos, de cojeras y del RCS. El hecho de que en la zona se declarara la voluntariedad de la vacunación frente a los diferentes serotipos, ha generado una disminución de las dosis aplicadas. Esto, unido a las condiciones climáticas especiales de este año, ha multiplicado la incidencia de la enfermedad. En cuanto a corderos y chivos, seguimos teniendo muchas complicaciones por el Síndrome Diarreico Neonatal y procesos respiratorios. Las explotaciones más intensivas, con mejores medios para lactancia artificial, pueden mejorar el ambiente al que se someten los animales recién nacidos, e implementar modelos protocolizados de cuidados que mejoren la supervivencia de estos animales. También, en modelos de leche, se pueden realizar mejores condiciones de alimentación en preparto que inciden en un mejor peso al nacimiento.
En los últimos años se habla cada vez más de enfermedades emergentes y reemergentes en pequeños rumiantes. ¿Cuáles considera usted que representan un mayor riesgo real en la actualidad en España? ¿Están suficientemente preparadas las explotaciones para afrontarlas?
Una vez ya se ha hablado de lengua azul, la enfermedad que a nuestro juicio puede ser devastadora en caso de que apareciera en el territorio nacional, es la fiebre aftosa. La alta incidencia de la misma en los países del Magreb y el aumento de las relaciones comerciales entre Europa y estos países, puede ser el mayor riesgo para la cabaña ganadera del país. Ya tenemos en nuestra zona la experiencia de la Viruela Ovina, que generó un grave problema sanitario y económico, y que demostró lo fácilmente que se puede introducir una enfermedad erradicada. También es preocupante la fiebre del Valle del Rift, que también es endémica en los países del Magreb y además supone una grave zoonosis. Las ganaderías no están aun suficientemente concienciadas del peligro de estas enfermedades, aunque el episodio de viruela ha generado mejoras en el ámbito de la bioseguridad en las ganaderías de pequeños rumiantes, afortunadamente.
En cuanto a zoonosis, ¿qué patologías en ovino y caprino considera más relevantes para la salud pública? ¿Cree que los ganaderos son conscientes y toman medidas adecuadas?
Además de la fiebre del Valle del Rift, la fiebre Q es una enfermedad que puede ser peligrosa a nivel de salud pública. No existe un plan coordinado de lucha frente a la fiebre Q en estos momentos, pero quizá sea la próxima enfermedad de la que preocuparse una vez somos oficialmente indemnes de brucelosis.
La implementación de un plan sanitario es una necesidad para las granjas, pero ¿en qué medida están realmente adaptadas las explotaciones a este nuevo requisito? ¿Qué dificultades o resistencias se encuentra usted como veterinario en su implantación?
Que las ganaderías cuenten con un plan sanitario es crucial para asegurar la sanidad de las mismas. En nuestro caso, cada explotación cuenta con el plan sanitario especificado en la ADSG y con programas individuales adaptados a las circunstancias de cada ganadería. El ganadero entiende, comparte y requiere de prevención para asegurar sus producciones y la salud de sus animales, por lo que suele ser muy receptivo a este tema.
“Estamos frente a un crecimiento espectacular de los problemas de diferentes serotipos de lengua azul”
La vacunación es una herramienta clave en sanidad animal. ¿En qué enfermedades considera que debería ser sistemática en pequeños rumiantes? ¿Existen limitaciones logísticas o económicas que dificulten su uso más extendido?
La vacunación es la principal arma para prevenir enfermedades. El plan vacunal básico debe incluir las enterotoxemias en pequeños rumiantes. En la mayoría de las ganaderías, es en la reposición donde se implanta un plan específico más ampliado, que puede incluir profilaxis frente a procesos respiratorios, agalaxia, procesos abortivos, etc. Cada euro invertido en prevención debería considerarse una inversión, más que un gasto, pero es verdad que la repercusión en la partida de gastos de este capítulo cada vez crece en mayor medida. En el caso de vacunaciones de lengua azul, tuvimos algunas dificultades para la adquisición de las mismas durante el año 2024, aunque en 2025 se han podido realizar de todos los serotipos presentes, sólo que con un precio bastante alto. Con relación a la adquisición de vacunas frente a lengua azul, cada comunidad autónoma está realizando sus propios planes. En unas se adquieren por parte de la administración y se entregan a ganaderos, en otras se subvenciona el coste de la misma y otras aún no se sabe cómo lo van a ejecutar.
En materia de bioseguridad, ¿cuáles son las medidas más eficaces y a menudo más olvidadas en las explotaciones ovinas y caprinas? ¿Qué papel juegan las instalaciones, la gestión del pastoreo o la entrada de animales en la propagación de enfermedades?
La medida más eficaz es el control de acceso a las instalaciones por personas terceras y vehículos. Una correcta desinfección de vehículos, uso de calzas y EPIS para visitas, ropa exclusiva para trabajadores y control restringido de acceso a instalaciones son cruciales para la bioseguridad de la ganadería. Después de esta acción, el control y cuarentena de todo animal que entra a la ganadería desde otro origen sería fundamental para asegurar la sanidad.
En el contexto actual de lucha contra las resistencias antimicrobianas, ¿cómo valora usted el uso de antibióticos en ovino y caprino? ¿Se ha reducido su uso en los últimos años gracias a medidas preventivas y diagnósticos más ajustados?
La lucha contra las resistencias a los antibióticos es una labor importantísima que compete a todos los eslabones de la producción animal. En pequeños rumiantes no ha sido nunca un problema este uso, ya que la prevención y la bioseguridad han supuesto un papel más importante que el tratamiento clínico. Pero seguimos necesitando de estos productos sobre todo en corderos y chivos al nacimiento. Aún con medidas de prevención, la incidencia de casos graves de procesos digestivos y respiratorios en estas etapas nos obliga a realizar tratamientos terapéuticos y, en muchos casos metafilácticos o profilácticos, para controlar dichos procesos y evitar un aumento de la mortalidad. Cuando el profesional veterinario conoce la ganadería y se aplican correctamente en tiempo y forma los tratamientos prescritos, no debería haber ningún problema.
¿Existe el riesgo de que las restricciones en el uso de antimicrobianos puedan comprometer el bienestar o la recuperación de los animales enfermos? ¿Cómo se equilibra el enfoque de uso prudente con la necesidad clínica?
La falta de productos indicados tanto para la especie como para el proceso en sí es una dificultad para el clínico a la hora de poder recetar, sobre todo en caprino. En nuestro caso, se aplican todas las medidas preventivas posibles, pero en caso de aparición de enfermedad, estamos obligados a realizar los tratamientos que consideremos más adecuados para mantener la salud del colectivo. Creo que en nuestro país estamos siendo demasiado restrictivos respecto a otros países europeos y, quizás, criminalizando demasiado al profesional veterinario. Debemos aprender a utilizar técnicas de manejo y mejora del ambiente que permitan reducir el consumo de antibióticos, y tanto el profesional veterinario como el propio ganadero deben estar concienciados de la aplicación de esas técnicas. Pero en caso de aparición de enfermedad, se hace completamente necesario el tratamiento para evitar mortalidad.
“En el futuro debemos aprovechar las posibilidades de la gestión de múltiples datos para la correcta toma de decisiones”
Desde su experiencia, ¿hasta qué punto se está avanzando en el uso de pruebas diagnósticas rápidas o de laboratorio para tomar decisiones más precisas en la gestión sanitaria de los rebaños?
Las pruebas diagnósticas, ya sean rápidas o de laboratorio, son un elemento más de la clínica en nuestro trabajo. Son de mucha utilidad para revisar resistencias y adecuar los tratamientos escogidos, además de asegurar la posible etiología del proceso. Pero creo que un profesional bien formado es capaz de diagnosticar de forma presuntiva con bastante asertividad sin necesidad de tomar muestras en cada visita clínica. No veo a la comunidad médica realizando análisis a diestro y siniestro para poder prescribir con seguridad.
¿Cómo valora usted el grado de concienciación del ganadero medio sobre la importancia de la sanidad preventiva? ¿Se percibe un cambio generacional o cultural en este sentido?
Las ganaderías más profesionalizadas son muy conscientes de la importancia de la prevención. El ganadero más joven y formado pude que también, pero no creo que la edad o el tamaño influyan realmente en este parámetro. Es una cuestión muy individual.
Mirando al futuro, ¿qué retos considera prioritarios para mejorar la salud y el estatus sanitario de las explotaciones de pequeños rumiantes? ¿Qué papel podrían jugar la tecnología, la formación y la legislación en este proceso?
A futuro debemos aprovechar las posibilidades de la gestión de múltiples datos para la correcta toma de decisiones. Debemos implementar protocolos de trabajo que permitan recolectar información de forma clara y sencilla para poder utilizarla luego una vez procesada. Y no sólo me refiero a control lechero, que ya es una herramienta ampliamente implantada, sino a pequeños detalles de otras tareas en la ganadería que permitan conocer y comparar estos procesos en el tiempo y con otras ganaderías análogas. Por ejemplo, disponer de datos de fertilidad en la cubrición por épocas, los partos reales ocurridos luego, tasas de abortos… con relación a los adultos, y datos de mortalidad por día de vida y causa en neonatos son aspectos que estamos desarrollando por nuestra parte en estos momentos. Con la información obtenida y su análisis, se pueden implantar mejoras en los aspectos más desfavorables. Cualquier mejora o tecnología que nos permita recoger esos datos de forma segura y sencilla sería muy conveniente.





