Los habitantes de la Meseta ya eran productores de ovino hace unos 8.000 años
Los habitantes de la Meseta castellana hace 8.000 años ya eran expertos en la cría de las ovejas, según ha demostrado una investigación del Instituto Catalán de Paleontología Humana y Evolución Social (IPHES), que ha documentado la rápida capacidad de adopción de la ganadería durante el Neolítico, con la colaboración de Patricia Martín, Carlos Tornero y Josep Maria Vergès, de la Universidad Rovira i Virgili.
Los investigadores han llegado a esta conclusión tras hacer un análisis zooarqueológico -de restos de animales-, que ha permitido saber las especies que componían los rebaños, la edad a la que se sacrificaban y obtener datos sobre su explotación (por ejemplo, obtención de carne, leche o lana). Las excavaciones se han realizado en la cueva de El Mirador, dentro de la sierra de Atapuerca, en la provincia de Burgos.
También han hecho análisis de isótopos estables de carbono y oxígeno a muestras de esmalte dental de las ovejas para conocer la estación de nacimiento y la alimentación de estos animales, ya que la composición isotópica del carbono está ligada a los vegetales ingeridos por el animal, mientras que la del oxígeno está relacionada con el agua consumida, que incluye la procedente de las precipitaciones y que varía estacionalmente con las temperaturas.
Los nacimientos de las ovejas de este yacimiento se producían entre finales de invierno y principios de primavera, en el período habitual de parto de las cabras salvajes y las primeras domesticadas. Además, los nacimientos en El Mirador tenían lugar en un período bastante restringido, de alrededor de un mes, frente a los 3 o 4 meses de duración de la época de partos registrados en el Neolítico en otras zonas de Europa, lo que evidenciaría un control del pastor sobre el ciclo estacional de las ovejas para calibrar mejor los nacimientos y proporcionar los adecuados cuidados a sus crías.
Los resultados de los análisis isotópicos de carbono, que proporcionan información sobre la alimentación de los rebaños, evidencian el uso de forraje como suplemento nutricional para el rebaño en estos meses más duros climatológicamente. La disponibilidad de recursos vegetales en el entorno más inmediato de la cueva permitió a los pastores y a los rebaños permanecer a lo largo de todo el año en las proximidades del yacimiento, sin necesidad de moverlos a otras zonas, una idoneidad que habría provocado la elección de El Mirador como corral para estos animales.





