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Estudio de los factores predisponentes al golpe de calor

Estrés por calor: una cuestión de manejo

Cristina Castillo y Joaquín Hernández

Veterinarios y profesores doctores de la Unidad de Patología General del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Veterinaria de Lugo de la Universidad de Santiago de Compostela

24/02/2021
El ganado de pequeños rumiantes, acostumbrado al pastoreo, así como el que habita en condiciones intensivas con una mala regulación de humedad y calor, o bien viajan en condiciones de hacinamiento y mala regulación de la temperatura y humedad ambientales, puede verse sometido con frecuencia a lo que denominamos estrés término o golpe de calor. Sus efectos inmediatos se ven en la merma en la producción, pero en casos extremos puede llegar a la muerte del animal si no lo detectamos a tiempo y ponemos medidas. No obstante, una actitud proactiva, esto es prevenir cuáles ser los puntos críticos y minimizarlos, puede llevar a prevenir estas situaciones. En este artículo se detallan cuáles son los factores que predisponen a esta situación patológica, dependientes del ambiente y del animal, los signos que nos pueden alertar sobre el padecimiento de un estrés térmico y algunas medidas terapéuticas sencillas para, una vez que ocurra, retornar la temperatura corporal del animal afectado a la normalidad.

La producción de pequeños rumiantes en los sistemas de pastoreo está muy influenciada por las condiciones climáticas, que pueden provocar estrés por calor, estrés térmico o mismamente golpe de calor, y que podríamos definir como el “estado patológico producido cuando las condiciones ambientales inducen un estado de esfuerzo fisiológico en el cuerpo de un animal y éste no es capaz de regular su equilibrio térmico”. Esta situación es una de las principales limitaciones de la productividad animal, ya que perjudica el bienestar general, el crecimiento, los equilibrios energéticos, proteicos y minerales y la reproducción (Akinyemi et al., 2019).

Existen rangos de tolerancia en los animales frente a la temperatura ambiental, denominado bienestar térmico. En general, las mejores condiciones de temperatura y humedad relativa para ellos están alrededor de los 13 °C-18 °C y 60%-70%, respectivamente (Vélez y Uribe, 2010) Al igual que ocurre para las personas, las altas temperaturas ambientales molestan al ganado, y especialmente cuando van acompañadas de una elevada humedad ambiental, frecuente en las zonas mediterráneas. Esta combinación es incluso más estresante que las altas temperaturas solas.

La Figura 1, adaptada del National Weather Service, ilustra claramente cómo influyen ambos factores, estableciendo diferentes estados críticos (Metzger, 2020).

Figura 1. Probabilidad de padecer estrés térmico
Figura 1. Probabilidad de padecer estrés térmico.
Como sabemos, la temperatura corporal en ovejas y cabras es de 39,1 °C y 38,9 °C, respectivamente. Cuando estos animales se ven sometidos a temperaturas que sobrepasan su rango fisiológico responden mediante mecanismos compensadores como el jadeo o una mayor reabsorción de agua a nivel renal. Sin embargo, cuando dichos mecanismos son insuficientes, la temperatura corporal aumenta alarmantemente (Chemincau, 1993).

Aunque en este artículo nos referimos al pastoreo, no debemos olvidar que el estrés térmico también se va a producir en establos mal ventilados o hacinados, así como durante el transporte en vehículos no acondicionados tal y como marca la legislación.

Factores que pueden influir en el estrés térmico

Existe una compleja gama de factores climáticos que influyen en la susceptibilidad al golpe de calor, unas externas y otras dependientes del propio animal, como son los siguientes.

Dependientes del medio ambiente:

  • Temperatura ambiente. Las temperaturas cercanas o superiores a la temperatura corporal del animal limitarán su capacidad de perder calor por convección.
  • Humedad relativa. El aumento de la humedad reduce su capacidad para perder calor por evaporación mediante el jadeo.
  • Radiación solar. Si es elevada puede superar significativamente el calor metabólico producido por el animal.
  • Viento. El estrés térmico aumenta en condiciones de aire en calma porque la pérdida de calor por convección disminuye drásticamente.
  • Temperatura nocturna. Las altas temperaturas nocturnas impiden la pérdida del calor almacenado durante el día, aumentando el riesgo de estrés térmico.
El estrés por calor puede suponer un grave problema en los animales de la especie ovina
El estrés por calor puede suponer un grave problema en los animales de la especie ovina.

Respecto a los dependientes del animal, se analiza que para empezar, estos animales son menos susceptibles al estrés calórico que el porcino o el vacuno, ya que están dotados de mecanismos renales de reabsorción de agua más eficaces (McGregor, 2004). Aun así, hay factores inherentes a los pequeños rumiantes que les pueden afectar:

  • La capa. La lana sirve corno elemento aislante tanto ante el calor como el frío; evidentemente una lana gruesa protege más que una fina, ya que disipa el calor con mayor rapidez. Por esta razón, los animales de lana o pelo deberían ser esquilados antes del verano (o en los meses donde empieza a arreciar el calor según la zona), permitiéndoles, llegada la época, poseer la adecuada cantidad de lana o pelo protectores y evitando las quemaduras solares. A mayores, los animales de capa oscura son más susceptibles al estrés calórico en comparación con aquellas de capa más clara, aunque éstas últimas son más propensas a las quemaduras solares (Castillo y Hernández, 2016)
  • Raza. Las razas originarias de regiones frías, con cuerpos compactos, patas y cuellos cortos y orejas pequeñas, son más susceptibles al estrés térmico. Las ovejas con pelo (por ejemplo, la Canaria) toleran mejor el calor que las de lana, al igual que las razas de cola grasa. En cuanto a las cabras, las de raza Angora son las que tienen menor capacidad de respuesta ante temperaturas elevadas, menos incluso que las ovejas.
  • Edad. Cabritos y corderos son muy susceptibles al estrés térmico debido a su elevada producción de calor metabólico, su mayor tasa respiratoria, su gran superficie en relación con su masa y su limitada longitud de lana o pelo.
  • Sexo. Las hembras están mejor preparadas para soportar las altas temperaturas en comparación con los machos. No obstante, si está preñada el aumento de la producción de calor metabólico sobre todo al final de la gestación puede predisponerle a un mayor estrés térmico. Los estudios desarrollados por Finocchiaro et al. (2005) concluyeron que la elevada producción de leche en ganado ovino era antagónica con la tolerancia al calor y que por tanto era necesario el desarrollo de un exhaustivo programa genético de selección y cría en busca de razas lecheras que sean capaces de soportar altas temperaturas. Una alternativa es el empleo de razas nativas o rústicas, adaptadas al entorno, o bien su cruce con otras acostumbradas a soportarlas, como la raza Assaf y que genere animales resilientes a las altas temperaturas.

¿Cómo saber que el animal está sufriendo un golpe de calor?

Los signos clínicos que encontraremos cuando el animal esté en estas condiciones incluyen el jadeo continuo, el aumento de la frecuencia respiratoria (taquipnea), letargia dificultad para mantenerse en estación y el aumento de la temperatura rectal, que puede llegar hasta los 40,6 °C. Si ésta supera los 41,5 °C el animal se hallará en riesgo vital.

El grado de jadeo de los animales es un indicador importante del grado de estrés térmico que pueden estar sufriendo:

  • Estrés térmico leve. Pueden mostrar un jadeo de leve a rápido, pero con la boca cerrada. Los movimientos rápidos del pecho serán fácilmente observables.
  • Estrés térmico moderado. Muestran un jadeo rápido, que progresa hasta tener la boca ligeramente abierta, pero la lengua no se extiende más allá de los labios. También se apreciarán claramente movimientos rápidos del pecho.
  • Estrés térmico severo. Aparece jadeo rápido con la boca abierta, cuello extendido, cabeza levantada y lengua extendida. Signos estos de que al animal le cuesta respirar.
  • Estrés por calor extremo. El animal jadeará con la boca abierta, con la lengua totalmente extendida pero ahora la cabeza bajada. Se producirá una respiración más profunda, con una reducción del ritmo de jadeo durante breves períodos.

¿Qué hacer?

En esta situación una rápida actuación es vital, los animales han de ser desplazados hacia un lugar sombrío y fresco, donde haya una buena ventilación El objetivo es bajar la temperatura corporal, y esto puede conseguirse de varias maneras: puede frotarse con alcohol toda el área situada entre las patas traseras. Esta zona tiene mucha irrigación lo que mediante vasodilatación favorecerá la dispersión del calor acumulado. Si tiene lana, no es recomendable mojarla, pues el aire fresco difícilmente pasará a través de un vellón húmedo y caliente.

Si se puede rociar con agua las zonas que carezcan de lana/pelo. Hay autores que recomiendan realizar baños con agua fría, aplicar hielo e incluso realizar enemas con agua fresca, aunque creemos que son medidas que han de realizarse con mucha cautela ante la posibilidad de causar un shock térmico. La valoración de la temperatura rectal será el mejor indicador de que lo estamos haciendo bien.

La rehidratación es el otro punto de apoyo: si el animal es capaz, habrá que ofrecerle agua fresca y forzarle a beber pequeñas cantidades de forma continuada (con una jeringa si fuera necesario). En casos extremos la fluidoterapia (subcutánea o intravenosa) será la siguiente medida a adoptar.

¿Qué efectos va a tener sobre el animal?

Aparte de las alteraciones metabólicas, la producción va a ser el aspecto más destacado.

La reducción del apetito asociada a la esta situación disminuirá la producción de leche y mermará la calidad de la misma. El exceso de calor dificultará la reproducción ya que los machos pierden la libido y su semen será de baja calidad. Habrán de transcurrir entre 6 7 semanas hasta que éste sea capaz de producir un semen en condiciones óptimas (Echevarría y Miazzo, 2002; Castillo y Hernández, 2016). Por otro lado, en las hembras, las altas temperaturas afectan negativamente al desarrollo embrionario y/o fetal, pudiendo encontrarnos con abortos o partos prematuros.

Finalmente, ante un estado de estrés, la inmunidad animal estará mermada, siendo susceptibles al padecimiento de enfermedades respiratorias (neumonías), serán menos resistentes a parasitosis así como a infecciones causadas por gérmenes oportunistas.

La ventilación debe ser adecuada en las explotaciones intensivas
La ventilación debe ser adecuada en las explotaciones intensivas.

Prevenir: la mejor estrategia

La planificación permite desarrollar una estrategia de gestión para reducir el golpe de calor. Siempre será mejor que limitarse a ir detrás de la situación. Este enfoque proactivo permite a los animales mantener la producción. Estas medidas han de ser máximas para los animales en el momento del apareamiento y al final de la gestación, así como para los corderos y cabritos:

  • Conocer qué parcelas ofrecen más sombra y mejor flujo de aire, trasladando a los animales a esas zonas en días en que se prevean altas temperaturas.
  • Plantar árboles o colocar estructuras de sombra en los cercados. La presencia de carpas donde los animales puedan refugiarse es una buena alternativa, y a ser posible de color claro para que refleje la radiación solar. Evitar en lo posible techos de aluminio.
  • Si estamos ante rebaños estabulados, la ventilación y el movimiento de aire fresco es fundamental. La instalación de nebulizadores de agua es un remedio que ayuda al bienestar, especialmente en las cabras.
  • Limpiar los abrevaderos o colocar puntos de agua adicionales para que los animales tengan acceso a agua limpia y fresca. En el caso de las ovejas en el verano llegan a beber 12 veces más en comparación con el invierno.
  • En caso de ser necesario, desplazar el rebaño por zonas con poca sombra en las primeras horas del día (las más frescas), antes de que aumente la temperatura ambiental.
  • Utilizar técnicas de manejo del ganado poco estresantes, que reduzcan el calor provocado por la actividad física.
  • Administrarles una dieta les genere poco calor metabólico. En contra de lo que pueda parecer, el consumo de cereales les va a proporcionar la energía suficiente para mantener la temperatura corporal, mientras que el consumo de forrajes de baja calidad obligará al organismo a un ‘sobreesfuerzo’ para generar agua metabólica, favoreciendo la producción de mayor calor. (Schoenian, 2019).
  • Si vamos a crear un recinto pecuario, es importante la colaboración de ingenieros que nos ayuden a diseñar alojamientos que cubran las necesidades térmicas adecuadas, registrando y analizando el comportamiento de la temperatura del local dentro de la franja de comodidad térmica asociada a la humedad relativa para las condiciones de bienestar de los rumiantes usando termómetros e higrómetros (González-Salcedo et al., 2020).

Conclusión

En un sentido amplio, el ambiente es la suma de todas las condiciones externas y circunstancias que afectan la salud, el bienestar, la productividad y la eficiencia reproductiva de un animal. Incluye factores climáticos como temperatura, humedad y ventilación, y que deben ser manejados apropiadamente para obtener una buena eficiencia de producción.

Aunque tradicionalmente los estudios han estado focalizados hacia el estrés calórico en ganado vacuno, el ganado ovino y caprino no está exento de padecerlo. El conocimiento de sus peculiaridades ayuda a tomar las medidas preventivas necesarias para evitarnos situaciones indeseables.

Bibliografía

  • Akinyemi M.O., Osaiyuwu O.H., Eboreime A.E. (2019). Effects of heat stress on physiological parameters and serum Concentration of HSP70 in indigenous breeds of sheep in Nigeria. Slovak J. Anim. Sci., 52(3): 119–126.
  • Castillo C., Hernández J. (2016). Estrés por calor en ovejas y cabras. Ganadería (marzo-abril): 30-34.
  • Chemineau P (199 3) Medio ambiente y reprducción animal. Rev. Mund. Zootech. 77 (4): 2-14
  • Echeverria A.I., Miazzo R. (2002). EI ambiente en Ia producción animal. Sitio argentino de producción animal: 3: Clima, aclimatación, adaptación estrés. Disponible en: www.produccion-animal.com.ar
  • Finocchiaro R., van Kaam J.B, Portolano B, Misztal I (2005). Effect of heat stress on production of Mediterranean dairy sheep. J. Dairy Sci. 88: 1855- 1864.
  • González-Salcedo L.O., Marmolejo-Villanueva, F.A. Quiroz-Morán, D. A., Ospina-Trujillo K. A., Malagón Manrique, R. (2020). Monitoring and characterization of the thermal environment of special-use buildings: Case Study in pigpens located in Palmira, Colombia. Cien. Ing. Neogranadina, 30 (2): 81-95.
  • McGregor B.A (2004) Water quality and provision for goats. Rural Industries Research and Development Corporation. Australian Government. Disponible en: http://www.rirdc.gov.au
  • Metzger, M. (2020). Avoid Heat Stress in Your Sheep and Goats. Ruminant Extension Program. Ohio State University. Disponible en: Avoid Heat Stress in Your Sheep and Goats | OSU Sheep Team
  • Schoenian S. (2019) Heat stress in small ruminants. Ruminant Extension Program. Ohio State University. Disponible en: https://u.osu.edu/sheep/2019/05/21/heat-stress-in-small-ruminants
  • Vélez M., Uribe L.F. (2010) ¿Cómo afecta el estrés calórico a la reproducción? Biosalud, 9 (2): 83-95.
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