Las razas de ovejas de pelo se perfilan como alternativa en la producción de carne de Magallanes (Chile) sin esquila
El mercado ovino es una importante industria en Chile en términos de producción de lana y carne, principalmente. En el mundo existen unas 450 razas, de las cuales la oveja Merino es una de las más extendidas, por el aprovechamiento de su lana. Pero también hay otras de uso no especializado como las razas Corriedale, que tienen un doble fin productivo, utilizadas tanto en la producción de lana como de carne, según publica La Prensa Austral.
En la región chilena de Magallanes, la explotación ovina extensiva es la principal y casi única actividad de la producción pecuaria, desarrollada en grandes extensiones de pastizales en un sistema extractivo. Actualmente, se estima que a nivel regional la cantidad de ovinos alcanza los 2.205.000 de ejemplares, representando más del 50% de la masa ovina nacional y, en este punto, los criadores y productores locales han podido proyectar nuevas ideas para mejorar las potencialidades de sus animales y diversificar también la industria. Una de ellas va en la línea de considerar las razas de ovejas de pelo, entre las que destacan las Pelibuey, Barbados Blackbelly, Dorper y Katahdin.
De éstas, las dos últimas fueron elegidas como propósito de introducción en la Región de Magallanes hace 3 años, por iniciativa del productor regional Jorge Canepa, con el propósito de consolidar un sistema de alta especialización en la obtención de carne y genética de alta calidad, sin tener que recurrir a los procesos de esquila tradicional.
Para Canepa, esta incorporación de razas ha permitido importantes avances. “Nuestro objetivo es especializarnos en la producción de carne y para hacer eso tenemos que aumentar los porcentajes de parición y los pesos de faenamiento de estos animales. El año pasado las pariciones disminuyeron en aproximadamente un 10% en esta temporada comparado con años anteriores. Ahora, la producción en 2015 depende netamente del comportamiento del clima”, explicó.
Mario Esqueda, especialista del INIFAP de Chihuahua (México), es optimista respecto a las bondades de las nuevas genéticas introducidas. “La principal ventaja es que no requiere esquila y que nos van a dar fácilmente un 40% de corderos más, respecto de lo que se da hoy en la Patagonia , ya que tienen partos cada 8 meses, comparados con los de lana que tienen una parición por año. La tercera ventaja es que resisten climas complicados y vemos que han tenido una excelente respuesta. Esto es una buena oportunidad para los chilenos de diversificar sus sistemas productivos, en el caso de quienes no gusten de tener que esquilar”, dijo.





